Revista El Muro

Te presentamos la película de The Beatles y te explicamos por qué vale la pena verla

El fin de semana pasado, las pantallas de CineColombia trajeron en un evento especial la película de The Beatles de 1964. Boleta cara, jetset  hipster criollo y por supuesto el Muro en el estreno. La película cumplió 50 años el año pasado y se filmó en los tiempos de la Beatlemanía, cuando los cuatro chicos de Liverpool estaban arrasando con el corazón de las adolescentes de todo el mundo. Fue dirigida por Richard Lester y producida por Walter Shenson. Costó unos 500.000 dólares (presupuesto no muy alto para ese momento) y es un documental ficticio protagonizado por los Fab Four. El filme se relanzó tras un excelente trabajo de restauración tanto del audio como de la imagen que no hacían sentir que se estaba viendo una película antigua.

La historia es sencilla, particularmente porque se intenta inscribir en el género del documental: dos días en la vida de los Beatles, cuatro muchachos que empiezan la película escapando de una horda de fans en Liverpool antes de tomar un tren con destino a Londres.  Los acompañan su Manager y el abuelo de Paul, interpretado por Wilfrid Brambel. Una vez en la Capital, deben aguantar el acoso de Fans y Manager por igual, mientras se salen con la suya a punta de ocurrencias y locuras. Allí deberán grabar  un programa de TV al rededor del cual sucede la trama.

La película tiene varios elementos interesantes y en gran medida está muy bien hecha. Por ejemplo, las expresiones son muy propias de los Beatles, al igual que muchas de las actitudes de los personajes. Esto porque Allun Owen, el libretista, pasó varios días con los muchachos para que sus diálogos sonaran naturales y espontáneos, para que no se notara que seguían un guion. Así, la película está llena de “Ringoismos” tales como:

Periodista: ¿Cómo encontraron América?

Ringo: Volteamos a la izquierda en Groenlandia

Cosas que no sólo hacen sentir más fresca la trama, por demás divertidísima, sino que permite que uno se sienta en gran medida cerca de la banda. Una película graciosísima y llena de canciones (sincronizadas y se nota y todos lo sabemos) para pasar un muy buen rato.

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Sin embargo, no todo es color de rosa en esta cinta a blanco y negro. Los Beatles fueron una gran banda, no una gran compañía teatral. Las actuaciones de los muchachos, salvo por la de Starr y en menor medida McCartney, son sencillamente flojas (y aunque idolatre  a  Lennon, su peronaje parece en un permanente viaje ácido que lo hace algo aburridor). La historia está tan llena de subtramas que uno a veces acaba por confundirlas y perderse. Así mismo, hay varios chistes propios de la Inglaterra de la época que no se entienden, como las constantes referencias a la limpieza del abuelo de Paul, hechas porque Brambell actuaba en una sitcom en ese momento, en la que se le decía constantemente que era un viejo sucio.

Sin embargo, lo interesante de esta película, en mi opinión, es que es una invitación a la esperanza. Busca mostrar la faceta humana de cuatro estrellas musicales en un contexto de posguerra, en un momento donde Londres aún se ve llena de pobreza y calles desoladas, cuatro muchachos que a punta de buena onda y talento conquistaron el mundo, cuatro chicos que en ese momento eran la sensación y que revolucionaron el rock no simplemente por la originalidad de su música, sino que empezaron a enfrentar la autoridad establecida y el statu quo de la época burlándose de productores, autoridades, mánagers, abuelos, policías y veteranos. No, no es una oda al irrespeto, es la revolución que después cantarían, el cambio que llevaría a que en una sociedad conservadora como la de la posguerra Lennon se pudiera tomar las famosas fotos en las que se le ven más nalgas que a la esposa. El valor de esta película está en que podemos ver a los cuatro muchachos de Liverpool siendo ellos mismos y entender por qué se les atribuye la importancia que se les atribuye: son un botón que muestra el momento del cambio social y la consciencia sobre los derechos y libertades individuales que se cristalizó en el movimiento hippie. No es solo una historia divertida en la que podemos ver a cuatro íconos inmortales de la música, sino que es el preludio a la revolución de la que ellos fueron parte.

No sé si la película está ya o estará disponible en DVD, o al menos esta versión restaurada. Si lo está, véanla, porque salvo por una escena pequeñita (les queda de tarea decir cuál) no se nota que la película es de los 60, al menos no en la imagen o el sonido. Pero véanla si salen más fechas o cómprenla si la ven. Es un espectáculo que vale la pena ver no tanto por su calidad como película, sino por su valor histórico, por ver a la banda de la que el mismísimo Ozzy Osbourne dijo que son la mejor banda que ha existido y existirá. No habrá ya otros revolucionarios como los Fab Four, no habrá quien haga la revolución a partir de la nada, contando sólo con su buena onda y humor. Muchos tendrán la fama, pero pocos tienen el espíritu revolucionario que hace que esta película sea catalogada como una de las mejores de la historia más allá de sus falencias.

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