Revista El Muro

 

 

Por:Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

 

Inlack’ech.

Este ha sido un año importantísimo para la revista El Muro. Primero que todo, empezamos, y eso ya es mucho. Así mismo, hemos tenido la bendición de contar con maravillosas entrevistas a personas bellísimas que han accedido a contarnos por qué vale la pena soñar. Tenemos una oportunidad enorme de servir y ayudar a todos quienes nos leen a buscar su felicidad más allá de todo, de apoyarlos cuando las cosas son difíciles.

Por eso, lo primero que quiero hacer en este artículo es agradecer a muchas personas. Primero, a los graffiteros y en general a todos los miembros del equipo, residentes o invitados, quienes creen en este proyecto y me aguantan los regaños y pulladeras. Mentiras, jamás los regaño, especialmente porque sé que sin cada uno de ellos, este cuento jamás hubiese sido posible. Segundo, me tomo la vocería de la patota entera para  agradecer muy especialmente a todos los que nos han contado sus historias, de los cuales muchos hoy en día son grandes amigos personales de esta casa. Son ustedes la materia prima de este cuento. Pero sobre todo agradecemos a los lectores, a los que esperan un número con cada luna nueva. Es por ustedes que trabajamos, corremos, trasnochamos y nos esforzamos para llevar a sus computadoras y dispositivos un producto cada vez mejor.

Pero no todo ha sido color de rosa. Hemos tenido retrasos, hemos cometido errores, hemos supuesto cosas que no debíamos suponer… hemos metido la pata, como absolutamente todo el mundo la mete (no se ha notado, ¿verdad?). Así mismo, hemos querido que pasen cosas que no han pasado. Pero pues… eso es la vida, y esas cosas también son componentes de la vida. Y agradecemos que hayan pasado, porque así hemos aprendido, y mucho.

 

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Gracias. Gracias. Gracias.

El 2012 ha sido un año bastante movidito, tanto en lo social como en lo político y lo económico. Así mismo, la Madre Naturaleza está, por llamarlo de alguna manera, alborotada. En cuanto a la salud y las vidas personales de muchos han sucedido cosas muy positivas y muy negativas. Y sería fácil decir que es por los cambios que vienen este año, que somos víctimas, que no es nuestra responsabilidad, que son los mayas, que… que… que… pero no es cierto. Todo lo que nos ha pasado (a nosotros y a ustedes) en este año ha sido de una u otra forma nuestra responsabilidad. No hablo de culpa porque no sólo hablo de las cosas negativas, sino de todas.

No hay nada de mágico o místico en eso. Aunque sinceramente yo si crea en que atraemos las cosas que suceden en nuestra vida y que lo importante no es el hecho sino cómo permitimos que nos afecte, lo que realmente quiero decir en esta columna es que todas las experiencias vividas, felices o infelices, positivas o negativas, dolorosas o placenteras, todas nos dejan cosas qué aprender. Y depende de nosotros y de nadie más aprender de ellas. Es la famosa ley del Karma: tenemos que aprender ciertas cosas (vivirlas) para poder superarlas, y por eso pasa lo que pasa.

Pero no hay que ponernos místicos ni creer en la rencarnación para que esto funcione. De hecho, funciona mejor si no creemos en la rencarnación. Yo, estas carnitas y estos huesitos identificados con este nombre, no volveremos a existir y punto. Pero nací en una sociedad que me transmitió ciertas ideas, como que los hombres no lloran, que las mujeres son el diablo, que hay que sufrir para alcanzar la gloria cuando me muera, que jamás debo arriesgarme a nada, pero que además hay que temerle a la muerte en vez de aceptarla, que no merecemos la felicidad y que los que son felices es porque son pecadores…  Y todo eso lo agradezco hoy que soy libre. Pero soy libre porque aprendí a encontrar esas ideas y a liberarme de ellas y corregirlas. Y aún hoy, a veces vuelven.

Se puede comparar con la persona que siempre consigue trabajos donde se siente mal pagado, humillado y termina despedido. La cuestión no es que todos los jefes sean malos, sino que esa persona permite que sean así con ella o él. Y hasta que no entienda que no necesita que eso sea así, que merece buen trato, no encontrará uno donde sea feliz. Y lo más complicado, es que es más cómodo ser la víctima, el pobrecito, que asumir nuestra responsabilidad y aprender lo que necesitamos aprender. Y es por eso que buscamos seguir en la misma situación aunque sea con otro nombre. Y por eso nos vuelve a pasar lo mismo.

Todas esas situaciones, positivas y negativas, son lo que en últimas nos han llevado a donde estemos. Y todas las situaciones que estamos viviendo son producto de esas situaciones pasadas y no nos están atacando, nos están enseñando. Y depende de nosotros aprender. Por eso es importante saber decir “Gracias”, porque significa que entendemos que todo pasará, y que no es más que un nuevo aprendizaje para la vida, y que eso es lo que nos ha dado lo único que realmente es nuestro: el presente.

Fotografía central original por: Johana Viuche

 

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