Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

Anina Yatay Salas es una linda niña de pelo rojo y desordenado y con un triple nombre capicúa. Le vino de cuando a su papá, el señor Yatay, y a su mamá, la señora Salas, les pareció que poner un nombre capicúa y así ser un triple plaíndromo  le traería buena suerte a su hijita. A sus amiguitos del colegio no les pareció lo mismo, y Anina era constantemente molestada a razón de su condición de capicúa. Un día, tras un altercado con una compañerita con sobrepeso a quien llamaba “La Elefanta”, recibe un extraño castigo: un sobre lacrado de cuya existencia no puede hablar a sus compañeros y mucho menos abrir durante una semana. Y así, comienza una aventura en la que su vida empieza a girar en torno al castigo y el miedo que le produce. Es una historia sencilla enfocada principalmente en el público infantil, pero que atrapa también a los más grandes con escenas que recuerdan hasta a “The Wall” de Pink Floyd.

La película es muy linda. La animación, en tiempos donde todo es 3D, es tan linda que recuerda un libro de cuentos animado y no hace extrañar en lo más mínimo las películas efectistas de Hollywood. El  arte nació cuando el dibujante Alfredo Soderguit estaba ilustrando el libro del escritor Sergio López que inspiró la película. Así mismo, los doblajes, luces y efectos visuales son completamente resaltables en una película que tiene una bonita trama que habla sobre la amistad.

El trabajo de producción es completamente destacable y la historia es muy sencilla, tanto que cualquiera puede seguirla. Su moraleja (recordemos que es una película infantil) no se explicita en ningún momento, así que cada quién puede tomar lo que quiere de los diferentes momentos de la película sin que existan pretensiones de aleccionar a los niños y decirles cómo comportarse más allá del ejemplo. Aunque hay situaciones y personajes importantes para la trama que en mi opinión podrían explotarse más, eso costaría que la historia se hiciera compleja, perdiendo el foco sobre lo que la producción pretendía lograr con el público infantil. Es una película que vale la pena ver sin importar si se tienen 10 o 40 años.

anina

Anina

Pero la verdad, Anina me dejó un mal sabor de boca desde el comienzo. Cuando me llegó un e-mail de Proimágenes diciendo que habría una co-producción de animados entre Colombia y Uruguay, me animé muchísimo. Y aprovechando los miércoles de tapitas (la academia los llamará miércoles de cine a mitad de precio, pero en mi corazón siempre serán miércoles de tapitas) fui a verla. El teatro estaba que ni que estuviesen regalando empanadas. Y entonces, empezó la película. Se me llenó el corazón al ver el logo de Proimágenes y entonces… vi una historia completamente uruguaya en sus locaciones, voces y narración. No tengo nada contra el cono sur y sus habitantes, aclaro, pero la de Anina es una historia uruguaya, no hay nada de colombiano en su narración, en sus paisajes… Eso no es para nada malo e insisto en que es una excelente película, pero la publicidad me creó una expectativa muy diferente.

Decir que Anina es una película colombiana porque Antorcha Films contrató los retoques de sonido y el proceso de laboratorio, o porque Martina García y Alejandra Borrero prestan su voz a dos personajes secundarios y además deben compartirla con talentos uruguayos, es equivalente a decir que Modern Family es colombiana porque la Teti, digo, Toti trabaja ahí, o que los Simpsons son Coreanos porque allá los animan. No estoy pidiendo que hagan una fotocopia de la Estrategia del Caracol ni mucho menos, pero a pesar de su excelente calidad, es una película que no se siente colombiana y que no aparenta serlo más allá del papel. Si no le gusta la película, no sé a dónde ir a pedir la plata, si a la DIAN o a la taquilla.

No me malinterpreten: es una muy buena película, completamente recomendable… Pero no hagan caso de la publicidad que la vende como colombiana.

 

Imagen: http://www.paraver.com.uy/

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