Revista El Muro

Por: Alvaro Vanegas

@alvaroescribe

En agosto de 2010, mi historia personal se dividió en dos. No recuerdo el día exacto, pero puedo rememorar con precisión lo que sentí cuando tuve entre mis manos mi primera publicación. No me pagaron un centavo y, aunque muy bonita y cuidada, la edición tiene un error en la contracubierta, pero nada de eso me importó, por primera vez mi nombre estaba debajo de un texto que, por la razón que sea, había sido escogido para ser parte de una antología. No cabía de la dicha. Lo cómico es que estaba solo en mi oficina, y no pude compartir ese momento especial y fugaz de absoluta efervescencia con nadie, lo que seguramente habría magnificado la experiencia, pero eso es otro asunto.

Desde ese día ha pasado mucho, pero la idea de esta entrada no es hablar sobre mí y mi vida como aspirante a escritor, entre otras cosas porque sería muy aburrido, lo que en realidad quiero contarles es lo siguiente: Hace unas semanas, en una revista cultural que se publica en la costa caribe colombiana, publicaron otro cuento de mi autoría. Recibí la noticia con una mesura insoportable y, unos días después, al recibir unas cuantas copias de la revista en cuestión, lo primero que hice fue fijarme en que no me gustaba la diagramación. Mal, muy mal. ¿En qué momento me convertí en ese tipo de persona? Una cosa es aprender sobre tu oficio, evolucionar, y otra muy distinta es dejar de disfrutar de las pequeñas victorias. No me alegré porque me hubieran escogido, en vez de eso me fijé en un detalle subjetivo y sin importancia, que nada tenía que ver con el fondo, solo con la forma. Es decir, algo dentro de mí se durmió con el pasar de los años, solo espero que de verdad esté dormido y no muerto. Cuando caí en cuenta de todo esto, me reí solo, divertido y asqueado ante mi propia estupidez.

Imagen tomada de http://nanoboy007.blogspot.com/2008/09/la-desesperacion-de-nano.html

Pero la arrogancia no es algo que solo nos competa a unos pocos, se ha vuelto un mal común, tanto que ni lo notamos. Hace un par de años, Facebook, aquella red social tan criticada pero tan concurrida, tuvo algunos cambios en su diseño. Las críticas, algunas airadas, otras más bien cómicas, no se hicieron esperar, como si Facebook les debiera algo, como si no hubiera sido gratis desde siempre. La solución ante este cambio de diseño era muy sencilla: Eliminar el perfil y seguir con tu vida, pero no, la masa optó por quejarse, despotricar contra Zuckerberg y no faltó quien insinuó un boicot contra la página. No puedo dejar de preguntarme, ¿con qué autoridad reclamas por este tipo de cosas? ¿Acaso te afecta en algo que Youtube haya decidido incluir publicidad cada cierta cantidad de videos? Todos parecen al borde del colapso por tener que esperar cinco segundos para ver por quincuagésima vez un video de Paris Hilton mostrando los calzones, (cuando se pone). Ni hablar cuando, cosas que pasan, la página se cae, ¿cuánto tiempo podemos resistir sin compartir aquel video tan gracioso de un panda estornudando, sin enloquecer y lanzarnos en ristre contra todo y todos? ¿Qué carajos nos pasa? Parece que no somos ni medianamente conscientes de que hace unos años era necesario esperar a que los video fueran transmitidos por programas de televisón que se transmitían solo una vez a la semana, muy tarde en la noche, o pagarles a los de Playtv para que lo hicieran cuando a ellos se les viniera en gana.

Ahora todo es tan fácil, que hemos olvidado que no hemos hecho nada para merecernos WhatsApp, Instagram, o Twitter; razón por la que no tenemos derecho a hacer una sola mueca de inconformidad si, solo por unas horas, no están a nuestra entera disposición.

Se nos olvida, todo se nos olvida. Así como se me olvidó que hasta hace muy poco, la mayoría de mis conocidos se reían por lo bajo cuando se enteraban de que pretendía publicar un libro. Y en ese momento nos agigantamos y dejamos de gozar como niños, para darle paso a una inconformidad absurda respecto a nimiedades que no revisten importancia alguna.

Ahora mi esposa tendrá que aguantarse mi verborrea si esta entrada no es leída por lo menos trescientas veces, como si fuera algo implícito, como si de un momento a otro, me lo mereciera.

Así soy, así somos. Muero de risa.

Reproducido bajo autorización expresa del autor desde http://inodoroapestoso.blogspot.com/2013/11/arrogancia.html

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