Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

Sylvia Aseneyba es una artista colombiana que reivindica la feminidad a través de su obra.  Estudió arte en la ciudad de Manizales, una de las más conservadoras del país. No estaba satisfecha con la carrera  porque la encontraba muy técnica y en cierta medida conservadora, hasta que conoció al Maestro  Arlam Hassem Londoño, quien cuestionó las razones mismas por las que eligió el arte como forma de vida al preguntarle: “¿qué tiene para decir?” y la respuesta de Sylvia fue “El cuerpo”.

La respuesta era todo menos inocente. Y es apenas una de las que ha influenciado su trabajo y su vida actualmente. Esa respuesta se debía a que hasta ese momento, no era consciente de su corporalidad. En efecto, era una persona con sobrepeso, y el haber crecido rodeada de hombres (en un colegio donde apenas habían 60 niñas y 900 niños) le había garantizado siempre el favor de sus compañeritos. Se sentía bella, sin ser consciente del riesgo en el que ponía su salud al tener sobrepeso. Sólo se concientizó de esto al verse por accidente en el reflejo de un cristal y sentirse mal ante lo que veía: una mujer obesa.

Por medio del esfuerzo, la mejora de los hábitos alimenticios y el ejercicio, mejoró su figura  (a pesar de haber intentado todas esas dietas y cremas mágicas que… no sirven). Pero esa experiencia tan compleja la llevó a ser consciente de su corporalidad, de la necesidad de cuidar y amar al cuerpo, y de que lo que somos, lo vamos dejando por ahí: perdemos células, cabellos, uñas…  Somos constante cambio, ni aún intentándolo, tenemos el mismo cuerpo que tuvimos ayer. Vivimos inconformes con el cuerpo, y por eso, la palabra clave es la aceptación del cuerpo que tenemos, de su cuidado y el amor que debemos guardarle.

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preparación de un performance

 

Y así, el cuerpo y la consciencia sobre él son los temas centrales de la obra de Aseneyba. Pero no sólo habla de del cuerpo, sino de aceptarlo, amarlo y cuidarlo. Pero también, hay un tema político muy fuerte que atraviesa su obra, pues vivió durante 4 años en las selvas del departamento de Guainía, donde se enamoró de la selva, los indígenas y de un sistema sencillo de vida donde todos comparten.

Su obra es abiertamente agresiva, pero sumamente femenina. Sus trazos son suaves y glorifican el cuerpo, pero a la vez lo muestran sin tapujos. Pero más que agresiva, es una obra sincera: muestra  y reflexiona acerca del cuerpo de manera sincera, apelando a tabúes como la sexualidad y nuestros complejos frente a ella. Así mismo, utiliza secreciones corporales (lo que dejamos por ahí) e incluso excrementos. Allí radica la agresividad de su obra, porque guste o no, transforma al espectador, lo  atraviesa y lo hace reflexionar a la fuerza.

Pero no sólo incluye la pintura en su obra, o al menos, no sólo la pintura sobre lienzos. También, en su camino, ha encontrado el performance y el tatuaje como formas de expresión para manifestar. Es conocida, por ejemplo, por un performance en el que quería mostrar la subyugación de la mujer a un rol histórico y la emocionalidad femenina. Para eso, Ralló durante 45 minutos cebollas. Lloró muchísimo su público no sólo se acercó a pesar del olor, sino que lloró con ella mientras rallaba cebollas y dejaba allí sus lágrimas y mocos.

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Performance con cebollas

 

La feminidad que vive a diario es una feminidad supremamente empoderada, porque a partir de la aceptación de una realidad (su sobrepeso), la transformó y empezó a expresarla. Es una mujer, por demás muy bella,  que no necesita ser mantenida por un hombre, sino que busca compartir amor y placer con su pareja. Sin embargo, al no necesitar de un hombre que la mantenga o la defienda, deja sin la mayoría de las armas de seducción a casi todos. Al haber crecido entre hombres, conoce su pensamiento, sabe quienes y cómo son. Aunque esté rodeada por ellos, le gusten y sean sus cómplices, haber conocido la obra de la escritora Florence Thomas a los 17 años la cambió y la influenció para ser una mujer “parada”, como ella misma se define.

Paga sus cuentas pintando por encargo, haciendo artesanías en acrílico y tatuando. Con eso, ha logrado mantener su trabajo artístico sin necesidad de entregarse al mercado del arte, donde ve explotación y poca sinceridad. Hace lo que quiere, sigue sus sueños y no las órdenes de nadie. Sylvia es una soñadora. Nada ha impedido que siga sus sueños desde que aterrizó en sí misma, en su desarrollo y en la evolución de su obra. En especial, las dificultades económicas que vivió cuando estudiaba e iniciaba su carrera dejaron de ser un impedimento hace mucho, pues por medio de la recursividad, de saber reemplazar materiales, de rebuscar, ha logrado obtener muchísimo. Sabe que la riqueza es mucho más que la economía, y agradece a su obra y su personalidad el haber viajado, conocido personas y disfrutado muchas cosas que no vive quien sólo piensa en dinero.

Fotografías de Sylvai Aseneyba. Reproducidas bajo autorización.

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