Revista El Muro

Te presentamos a vuelo de pájaro la “Colección de Música Fariana”, un compilado que recoge muchos de los sonidos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Por. Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Escribo esta reseña porque soy colombiano, porque creo en la paz y porque no espero que llegue de una firma. Porque creo que debemos entender que todos jugamos en el mismo equipo, y que aprender a vernos a los ojos es crucial para que este país salga adelante. Por eso, trabajaré la “Colección de música Fariana”, un trabajo que no se encuentra fácilmente en Internet que compila varios trabajos musicales escritos por la desmovilizada Guerrilla. Mi intención es simplemente mostrar desde su música el lado humano del guerrillero de a pie, sin el morbo del fusil, la muerte o el proceso de paz.

Conozco algunos trabajos en fotografía que comparten este espíritu, destaco los de Federico Rios para el Ny Times y el de Carlos Bernate para Tejiendo Memoria, pues considero que muestran la humanidad del guerrillero más allá de los prejuicios que día a día nos traen las noticias, una humanidad que ningún camuflado les puedo jamás quitar. Y también rescato la actitud de los veedores de la ONU, echados por el crimen de bailar en navidad con los guerrilleros, probablemente algunos de estos discos.

Todos esos gestos, a mi juicio, crean paz, un ambiente en el que aunque todos seamos diferentes, somos iguales: personas que aman, ríen, se molestan, amanecen despelucados y con mal aliento, bailan y tienen un aprecio por lo que consideran bello. Esa humanidad de lo cotidiano es lo que me interesa mostrar a través del análisis de la música, una forma de arte tan poderosa que puede unir naciones en un canto y poner enemigos a bailar apretadito.

Supongo, que muchos hasta ahora estén conociendo estas letras. La Revista El Muro, entre sus curiosidades, se dedica a presentar productos artísticos desde una perspectiva de público, no tan técnica, y nos especializamos en la cultura independiente, esa que no sale en los grandes medios. A manera de obvio acto político, quiero analizar el disco que fue entregado por la Guerrilla a algunos medios durante la última Conferencia Guerrillera. Si a usted no se lo entregaron, de pronto su medio no es tan objetivo, digo, chévere y por eso le tenían bronca.

Por supuesto, a mí no me lo entregaron: yo ni busqué ir por el prejuicio estúpido que separa a muchos al creer que allá no había cultura, sólo guerra. Pero un amigo me entregó el disco porque cree que le daré un mejor uso que él. Y si con esto logro aportar un cuarto de granito de arena a la paz duradera y estable mostrando el camino que considero que lleva a ella, es mi gusto, mi honor y mi deber hacerlo.

No escribo “a la maldita sea”. No me interesa que me den premios, más bien me interesa, desde mi hacer, mi creer y mi saber, colaborar a la paz de Colombia. Sé que esta reseña no me dará mucho más que madrazos, pero tampoco es que aspire a estatuillas por hacer mi trabajo. Me interesa más bien hacer un comentario a una pieza musical como lo hago una o dos veces por semana. Pero por eso mismo, no trataré a la guerrilla con ese clasismo complaciente del que se cree mejor que ellos. Para mí, cuando las FARC hace música, los evalúo como músicos. Buenos o malos, pero músicos, de igual a igual, porque eso es lo que hago con todos los productos musicales que caen en mis manos, y este no será del todo diferente. Y en ese sentido, lo trataré con respeto a la obvia diferencia de creencias entre sus autores y yo.

Imagen de portada del compilado

Pero este trabajo no está libre de dificultades: el primer problema es que no sé de vallenato. En serio, es que ni me gusta el vallenato. No el clásico, no el nuevo… no. Sencillamente no. Menos me gusta el “popllenato”, eso que venden hoy en día que difícilmente es una evolución del vallenato, sino una obvia estandarización del sonido autóctono de los cantores hacia la música pop para que sea más digerible en mercados más amplios. No sé si sea el primo perdido del vals o no, lo cierto es que no me gusta.

La verdad creo que el vallenato dista de estar muerto, pero ya no es lo que era, y no porque haya crecido sino porque se dividió entre una versión “culta”, con ciertos prejuicios de clase, centrada en individuos antes que en conjuntos y más cercana al pop; y otra más popular que se acerca más a otros sonidos tropicales y autóctonos en el que se encasilla más fácilmente el trabajo presentado. Esta es una división invisible que causa curiosas dinámicas de enclasamiento a la Bourdieu entre los fans del vallenato. Ambas, de todas formas, son exitosas y suenan en radio aunque no en las mismas emisoras. Pero bueno, yo de eso no sé casi nada así que pido perdón por las burradas dichas.

El segundo problema es que en los dos discos de la compilación vienen un total de 17 álbumes, de los cuales, siete no tienen forma de identificarse. No hay información de estudios, de músicos, nada. Máximo los nombres de los temas y por regla general, con los tags mal puestos. Los otros son canciones de Lucas Iguarán, pero no hay mucha más información. Es decir, tengo que hacer reseña a 17 discos que el público difícilmente va a  encontrar disponible sin mayor información que la que me dan mis oídos. Así mismo, por su extensión, sería titánica la tarea de evaluarlo completo y a profundidad, así que no diré más que generalidades sobre lo que encontré tras horas y horas de escucharlo.

La compilación se divide en dos partes que parecen haber quedado al revés. El disco uno tiene un trabajo titulado “06 Raspacanilla Fariano” y una carpeta llamada Lucas Iguarán con diez trabajos de este cantante, mientras que la parte dos contiene cinco trabajos numerados y uno aparte, haciendo obvio que ese número 06  del Raspacanilla refiere a una lista presentada en el otro disco. Se entregó en una caja plástica con la poderosísima foto de un guerrillero empuñando una guitarra como portada. Incluye una postal de la conferencia y un calendario 2017 con la imagen de uno de los momentos más importantes en la historia de Colombia: el estrechón de manos entre Santos y Timochenko. Aunque dice ser el Volumen 1, no tengo informaicón de más volúmenes o contenidos.

Contenidos del CD 1

Casi que invariablemente, el sonido de las canciones, o al menos de las que escuché (Cientos, la verdad) es vallenato. La única excepción puede ser el himno de las F.A.R.C. y alguna que otra cumbia o porro, entre varios géneros más que aparecen allí. El sonido, sin embargo, recuerda mucho al vallenato de los 80, de Rafael Orozco y otros titanes de antaño, si bien no se acerca mucho al vallenato más viejo y menos conocido. A pesar de lo clásico, no se cierra a algunos… “modernismos” como la inclusión de bajos y un que otro solo de guitarra que la verdad, raya un poco. Lo cierto es que no deja de recordar a ese vallenato del Binomio  y agrupaciones similares, con mucho corazón, cerca del pueblo y lejos de las grandes disqueras.

Ahora bien, aunque el sonido que predomina es el vallenato, hay temas completamente alejados de ese género, llegando a encontrarse hasta salsa. Eso sí, entre las variaciones de bachata, Porro, cumbia y demás presentes en el trabajo, creo que la joya de las rarezas está en el “Rap de la Emboscada”,  un vallenato rapeado curioso y divertido en partes iguales.  No hay mucho espacio para la diversidad, casi todo es o está fuertemente influenciado por los sonidos que nacieron cerquita del Magdalena, pero que está, está.

Las temáticas, y esto sorprende, no son sencillamente de guerra, y eso me parece bonito. Claramente hay un trabajo de adoctrinamiento en las composiciones, una búsqueda por hacer que el soldado crea en los ideales guerrilleros. Por ende, se encuentran canciones de venganza contra la oligarquía, de guerra, de sufrimiento, a los Diputados del Valle… Curiosamente, en donde en el vallenato popular suelen ir dedicatorias a políticos, mecenas y traquetos, hay arengas políticas y dedicatorias al pueblo, Chávez, Líderes guerrilleros o Bolivar. Así mismo, hay odas al indígena y al campesino, tal vez siempre desde el lado guerrillero y combativo, pero están. Sincero o no, al menos es algo muy bien pensado.

Pero más allá de esa esperable temática, también se encuentran odas al Libertador. La filosofía bolivariana y chavista impregna muchas de las letras. Así mismo, hay canciones de amor de guerrillero a guerrillera, canciones sobre la tusa… generalmente permeadas por la montaña, la guerra y la condición de guerrilleros de los involucrados. Hay, incluso, una versión fariana del cumpleaños y hasta una de “Alicia la Flaca”, pero en la que no suenan las campanas de San Nicolás sino fusiles en la toma de Bogotá. Incluso, algunos temas como “La Villanuevera” o “El mamo” ni siquiera hacen alusión a la guerra, sino que son canciones de amor que, si nadie dice que son de las F.A.R.C., hasta se pueden dedicar a la novia facha y derretirla cual paleta en la selva.

Contenidos del CD2

La imagen de la mujer en las canciones también es interesante y considero pertinente destacarla. Aunque la combatiente resulte un poco masculinizada, no por ello se elimina su feminidad: se habla de su belleza, sentimientos, de ser madres… pero también se les reconoce como combatientes fuertes, revoltosas y poderosas. Sé que esto es muy jipi, pero siento acá una valoración de ellas también en sus orígenes campesinos y feminidad sin rechazar por ello su poder y fuerza combativa, algo muy diferente a lo que se suele escuchar en casi cualquier canción.

Por lo general se ensalza, como dice uno de los temas, la combinación de plomo y ternura que convive en las combatientes.  Insisto, no sé si es sincero o no, lo que quiero es resaltar que en esta música las guerrilleras no son tratadas como babys, sino como mujeres, una visión bastante lejos del machismo que abunda en el dial y la música independiente. Y no se me tome por inocente, sé que las F.A.R.C. también cometieron crímenes contra las mujeres, sólo estoy señalando que este mensaje es más poderoso y bonito que decirles pecadoras, tentadoras, malas y gasolineras culpables del sufrimiento de los pobrecitos hombres.

También hay que anotar que es sorprendente la calidad de las grabaciones, no sé en qué estudio ni con qué productor se habrán hecho, no sé si se grabó en Los Ángeles y se masterizó en Europa o si todo se hiso en las montañas de Colombia, tampoco sé si se compuso y grabó cuando la guerra arreciaba o ya olía a paloma y la paz venía llegando. Tal vez el productor o productores sean personas reconocidas que actuaron bajo amenaza, pago o simpatía. No lo sé, creo que no lo voy a saber.

Lo que si sé es que la interpretación de los instrumentos es de muy buena calidad y las grabaciones son bastante buenas y que es chévere que se le meta plata a eso, sea para adoctrinar o simplemente para que el guerrillero pueda bailar por las noches con su novia. Algo que del otro lado del espectro el gobierno ignora: que la cultura es un rubro importantísimo para educar y crear país, o al menos para que la gente se distraiga un rato, y que, merece apoyo e inversión, no roscas, señalamientos y cerramientos.

Imagen desde el sitio web del Frente Antonio Nariño

Claro que se puede decir que el trabajo de composición en un poco básico y repetitivo, pero no por ello deja de estar muy lejos de lo que haría un aficionado. O tal vez, creo eso porque tras tanto escuchar un género que no es de mis qurencias, ya todo me suene igual. Eso sí, hay que destacar las letras, que por sí solas, y si les sacamos los tiros de la mitad, recuperan el sentido poético del vallenato de antaño, tan bello y perdido en lo que se encuentra hoy en día.

Es raro para mí escuchar por horas vallenato, y más con temáticas tan lejanas a mí, pero que a la larga se vuelven cercanas en muchos puntos, y no sólo en el amor, el romance, la tusa y esas cosas tan humanas que suenan en sus expresiones artísticas, cosas que a la larga ellos viven como nosotros, sino que también lo siento cerca en algunas reivindicaciones sociales necesarias. No se me entienda mal, ni creo que la violencia genere paz ni me convencieron de nada, pero que en este país hay cosas que cambiar, las hay.

Lo cierto es que bueno o malo, esta música es parte de un tesoro nacional de diversidad, algo que debe conocerse y guardarse porque es tan parte de nuestra memoria, de un momento clave de nuestra historia como cualquier otro producto musical nacido de las manos de un compatriota. Y al tratarse de la voz delos expulsados de la democracia, vale la pena tenerla en cuenta.

Antes que se me juzgue, aclaro que no pretendo hacer apología del delito, sino del arte. Escribí esto porque creo en la paz, creo que para construir país tenemos que vernos todos a los ojos, y sobre todo, que una verdadera revolución de  amor sólo se logrará con la combinación de todas las formas de arte. Y si desde su arte y el mio logro mostrar una cara humana de las guerrillas que nos ponga un milímetro más cerca de la real reconciliación, lo hago con gusto.

A propósito: lo hago porque quiero, ni guerrilla, ni gobierno ni nadie me paga.

                        

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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