Revista El Muro

Hablamos con Arturo Bedregal, director de ATO Club, una novedosa propuesta pedagógica y artística que busca ayudar al público a encontrar el arte como forma de esparcimiento y camino de vida.

Por: Mauricio Moreno

Ato Club es todo menos una academia de arte. Aunque en efecto, allí se va a aprender de arte, la enseñanza que se obtiene es más de amor al arte que de arte mismo. Ato traduce del Japonés “Arte”, y el centro de enseñanza es concebido por los hermanos Bedregal como un camino de vida. Según Arturo, uno de los hermanos, el sufijo “do” habla de un camino. Y así como el Bushido es el camino del guerrero, el Ato-do es el camino del arte. Así, sin importar quienes seamos, Ato es un camino abierto a la estética y las artes. En el fondo, buscan cambiar la visión sobre el mundo del arte en la que se le concibe como algo inalcanzable y como el sueño que no se pudo lograr, para que se pueda aprender a crear sin que por ello se abandone todo para seguir un sueño.

Seamos realistas: todos tenemos ese sueño frustrado de no haber aprendido a actuar, a tocar un instrumento, a pintar… ¿por qué debería ser un sueño frustrado? La idea en ATO no es seguir currículos y pensums, sino crear un club, una forma diferente de aprender las artes bajo la guía de un tutor. Son un espacio de arte y cultura en el que no se busca crear grandes artistas, sino sensibilidad artística, no buscan crear profesionales, sino que cualquiera pueda realizar su sueño y disfrutar con las prácticas artísticas que siempre quiso desarrollar. Y lo mejor es que si se da cuenta de que la pintura no es lo suyo, puede empezar a estudiar música o teatro… si no le nace tomar fotos, puede irse a actuar o tocar guitarra. No es un oficio, es libertad. No es un colegio, es un sitio para pasarla bien y aprender. Es una forma de no llegar a los últimos momentos de vida a preguntarse “¿qué hubiese pasado si hubiese aprendido a tocar guitarra?”. Sino aprender  para no  quedarse con las ganas.

En ATO se puede aprender de pintura, escultura, música, danza, fotografía,  teatro y reutilización y re-creación de materiales (algo como el reuso, pero más inspirado en la transformación que en utilizar). La formación es gradual y permite al aprendiz ir a su ritmo dándole a conocer las dificultades, haciendo posible que llegue a tener conocimiento y técnica suficiente para  ser un exitoso aficionado. Pero aunque no se busque la profesionalización, los maestros de  ATO tienen perfiles envidiables y sus métodos no son simple improvisación. Sus talleres son tanto para niños como adultos y tienen horarios pensados para estudiantes de colegio o adultos que trabajan.

Lo bonito en ATO es que al haber talleres para niños y adultos, el padre o el abuelo puede ir a dejar a su peque y acabar quedándose en alguna clase. Además, cuando se compra un paquete no hay fecha de vencimiento y siempre se pueden encontrar talleres diferentes, permitiendo que se pueda rotar entre áreas artísticas para que se conozca y defina lo que se quiere aprender. Logísticamente ha sido un reto, pero  es lo que quieren lograr, acercando el arte al público que ve en el arte algo complicado e inalcanzable, para presentarlo como una forma de placer, de exploración del yo creativo que todos tenemos dentro. Eso no quiere decir que no se necesite constancia y disciplina, sino que se busca que estas se asuman de manera distinta, no como una obligación sino que la entrega que exige el aprendizaje y dominio de cualquier arte se haga por amor y voluntad antes que por obligación.

Se podría pensar que acercar las técnicas del arte acabaría por popularizarlo y desvalorizarlo porque “cualquiera puede hacerlo”. La intención es cambiar la visión sobre el arte y el placer estético del mismo. En ATO se quiere que el estudiante conozca y entienda el esfuerzo del artista, y eso acaba por valorizar el arte del profesional, a que se entienda la dificultad de lo que se hace y que se empiece a respetar al artista. En últimas, es ayudar a los artistas a conseguir el respeto de la sociedad que los relega y simplemente les da lo que quiere por su arte ante el desconocimiento del esfuerzo que implica ser artista; y segundo, lograr que se cambie la consciencia y las personas asistan a los espectáculos artísticos disponibles en la ciudad. Subvaloramos el arte al sólo percibir el resultado final (la canción, la obra…) y creemos que no hay mucho más. Y al reconocer el trabajo que se hace, se puede reconocer el valor del mismo y en últimas se dignifica el trabajo del artista.

Y el clima es propicio para este tipo de propuestas. En ATO, como empresa, han encontrado las dificultades por las que pasan muchas empresas, sin embargo son conscientes de que hay muchos apoyos para instituciones que promuevan el arte como la suya, pero también que ser elegibles para recibir esos apoyos no es sencillo y tomará tiempo. Y lo más importante es que les ha permitirá acceder a la gente: quieren poder salir de la casa y llevar obras y talleres a las comunidades con el apoyo de entidades locales privadas y estatales, pero aún falta para eso, al igual que para poder abrir más sedes por el país. Pero mientras todos esos sueños se cristalizan, van paso a paso haciendo crecer el proyecto, ideando, planeando y sobre todo soñando.

Los Bedregal al trabajar en ATO quieren contagiar de arte al mundo y que haya más artistas, personas sin título, pero seres creadores, pues según Arturo, es mejor un mal creador a un buen replicador…. Y a la larga, es arte por amor al arte, no se hace de manera profesional: a pesar de dar una excelente educación, el objetivo principal es pasar un buen rato mientras se hacen obras artísticas de buena calidad. Soñar y aprender mientras se sueña.

El camino por delante es largo aún. Y como buen camino, produce miedos. Pero como decía Julio César hay que perderle miedo al miedo, hay que enfrentarlos y entender que si le metimos la cuchara al ponqué, lo debemos comer entero y que depende de nosotros salir adelante para lograr nuestros sueños. “Los grandes proyectos se fabrican con el sacrificio de pequeños sueños”, dice Arturo, “como un pescador que pone su mejor carnada en el anzuelo”. Es un riesgo, pero sin riesgo no se gana (como máximo, no se pierde). Para lograr lo que se quiere hay que andar todo el tiempo. Para Arturo y para los Bedregal, es su forma de evitar tener que decir al final de sus días “¿qué hubiese pasado si hubiésemos creado un espacio para ayudar a los otros a crear?”

Para saber más, visita

Sitio Web: www.ato.com.co

Facebook.com: atoclubartistico

Twitter: @atoclub

Puedes descargar el brochure acá

¡Espera pronto nuestro Podcast y videos con la conversación con Arturo! ¡Bienvenid@s a El Muro 2.0!

Imágenes: Ato Club. Reproducidas bajo autorización.

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

3 están hablando de esto¿quieres decir algo al respecto?

Deja un comentario