Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

Seré directo: todos los paros de los últimos meses en Colombia me han hecho pensar en cómo cambiar al mundo. Bueno, menos dramáticamente, en las pequeñas cosas que hacemos y que son las que nos impiden cambiar al mundo. Inicialmente, pensé en política: no elegimos a los candidatos educadamente, conociendo propuestas de gobierno, sino porque son la continuación de una propuesta, o su contraposición. Incluso, elegimos a alguien porque enciende nuestras emociones más bajas como el odio. O peor, porque nos pagan, incluso con tejas, lechonas y tamales. O rayando en lo catastrófico, los elegimos porque se vuelve cool elegirlos y podemos hacer flash mobs en la calle por ese candidato, porque heredamos la idea del color por el que debemos votar o tonterías como esas. Y nos peleamos, nos odiamos y nos matamos por eso, sin que en verdad haya un compromiso con nada. Y lo peor de todo es que luego nos quejamos del pésimo Gobierno que hay, sin importar de qué partido o país se esté hablando.

Pero la verdad no creo que un papelito cada cuatro años haga lo más mínimo por nosotros, la política es mucho más compleja que simplemente poner leyes a diestra y siniestra (por fortuna), y por otra parte no creo que elegir los mismos apellidos generación tras generación vaya a lograr mucho, incluso aunque tengan camiseta de diferente color. No, los políticos no son el problema, son la cristalización del problema. El problema somos los de a pie y no solo porque elegimos incorrectamente, sino por cómo nos comportamos. En Colombia nos hemos matado por partidos políticos, pero ahora nos matamos por camisetas de fútbol o tribus urbanas. Y no creo que seamos “esencialmente malos”, sino que actuamos guiados por el egoísmo y sin que nos importe el otro porque nos han enseñado a ser así.

Piense ud. En una salida con la novia o el novio. Primero, quieren ir a cine, pero resulta que no les llamó la atención ninguna película, así que van a comprar una en la calle o verla en servidores piratas de internet sin siquiera pensar en comprar una original, verla en los servicios pagos o simplemente prender la tv. Y luego se van a un concierto. Piden a la entrada descuento por ser dos o simplemente porque sí, sintiéndose escandalizados porque la entrada cuesta 15.000 pesos, “y eso que es un grupo nacional”. A la salida, eligen no comprar el cd de la banda sino buscarlo luego por Internet y bajarlo pirata. O piensen las marchas en la que siempre acaban toneladas de basura en el piso y mares de pintura dañando el ambiente por el que gritan, cosa que debe ser limpiada por los trabajadores mal pagados que la marcha intenta defender. Y eso, sin pensar en las marchas que acaban en disturbios.

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Lo que busco ilustrar en estos ejemplos es nuestro egoísmo. Siempre buscamos cómo obtener las cosas de manera gratuita, buscando el mayor provecho exclusivamente para nosotros aunque eso implique hacer daño a otros. Y no está mal poner nuestro bienestar primero, pero es que no es lo mismo pensar en uno, que hacer daño conscientemente a otras personas. Dañamos a los demás y a la vez exigimos que se respete nuestro trabajo y se nos reconozca como es debido. Es simplemente dejar de actuar por egoísmo, y empezar a pensar en los demás. Primero pensar y luego sentir, porque al empezar a actuar sin egoísmo nos acostumbraremos, hasta llegar a construir para nosotros y los demás, hasta llegar a buscar el mayor beneficio para todos, hasta llegar a ser una sociedad.

El día que podamos actuar a favor de los demás, sea pensando en ellos o simplemente por nuestra voluntad, podremos construir una sociedad armónica y sin represión. Se puede decir que uno solo no hace la diferencia, pero ese uno dará el ejemplo a otros para que aprendan, y educará hijos que actúen por el bien de los demás, no desde la cabeza y el cálculo, sino desde el corazón y el amor.  Y si cada quien se decide a dejar la bobada y ser un ser social, no sería uno, seríamos todos. Y sí se puede hacer, no hay que buscar excusas ni racionalizaciones ridículas para justificar nuestros actos egoístas, sino que hay que dejarlos atrás y actuar más con el corazón, la empatía y el amor al prójimo, con la simple voluntad de que todos estemos bien, lo cual no significa renunciar al bienestar personal o poner a los demás por encima de uno mismo, sino potenciar ese bienestar al incluir a los otros. Y así, dejaremos de elegir mal a los políticos… de hecho, ni siquiera los necesitaremos.

Más cortico:

“Empútate” e “indígnate” menos, construye más.

Conviértete en el ejemplo que los demás deberían dar.

Si quieres cambiar al mundo, cambia tú.

Ilustraciones: Alejandro Henao ( @mrvenao )

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