Revista El Muro

Te presentamos la más reciente película de Rachid Bouchard, una reflexión sobre la guerra en medio oriente desde el punto de vista de la madre de una combatiente

Por. Mauricio Moreno

@mauromoreno83

afiche-road-to-istanbul ¿Qué pasa cuando un hijo decide abandonar a su familia para unirse a un grupo armado que va contra los valores mismos de la familia? Rachid Bouchareb aborda esta pregunta desde la perspectiva de Elisabeth, una mujer belga cuya hija, Elodie, decide abandonar el hogar para unirse al Estado Islámico, Así, se aborda la temática desde el punto de vista de una víctima indirecta de una guerra que le parecía ajena. No debe confundirse con “El Maestro del agua” de Russell Crowe (2014), con la que comparte el mismo título en Argentina.

“Camino a Estambul” es una historia de amor filial. Elodie (Pauline Burlet), de 19 años, es una adolescente promedio que repentinamente cambia su comportamiento hasta desaparecer un día. Elizabeth (Astrid Whettnall), su madre, logra encontrar algunas pistas que le indican que su hija se ha unido a ISIS y que pronto llegará a Siria junto a su nuevo novio, quien la incitó a unirse a las filas de Daesh. Así, la mujer emprende un viaje que la llevará a Medio Oriente para buscar a su única familia y… ¿rescatarla? de las manos de los insurgentes islámicos.

Resulta un ejercicio bastante interesante abordar una temática como la guerra desde el punto de vista de las víctimas indirectas. Las guerras nos parecen ajenas, lejanas, hasta que nos tocan. Es algo con lo que no es tan complejo identificarse como colombiano, a la larga: una familia que acaba desunida por las promesas de los grupos delictivos que mantienen los fusiles rugiendo en nuestras montañas. Una película acompañada de buena cinematografía, buenas actuaciones y diálogos interesantes que muestra cómo en últimas estas cosas se podrían evitar si los núcleos familiares estuviesen más unidos, sin importar su conformación.

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La obra es una interesante apuesta que muestra que el sufrimiento no es sólo del combatiente, de la víctima o del pobre soldadito gringo que llora mientras masacra niños (perdón, es que odié American Sniper), sino que la guerra, ese gran monstruo, afecta a muchos de muchas maneras.  Una historia de un amor, tal vez un tanto obsesivo, de una madre que pierde su hija en manos de lo inconcebible, dejando además abierta la puerta para un tema que habrá que tocar en estos días en Colombia, y ojalá pronto en Medio Oriente: el perdón y el regreso a casa, al igual que la libertad de los hijos.

Sin embargo, siento en la película cierta demonización del Islam. En efecto, aunque seguramente no era la intención de Bouchareb (hijo de argelinos), no parece muy clara la línea que separa al musulmán promedio del extremista que recluta jóvenes occidentales con la promesa de destruir la sociedad occidental. No es plenamente maniquea, pero los grises tienden a lo más oscuro cuando se habla del islam y el extremismo. así mismo, poco se ve, habiendo la posibilidad, del resultado de la guerra para el otro bando: el único bombardeo que se encuentra, se ve lejano… desde la otra frontera. Y bueno, me resultó un poco lenta en su desarrollo.

“Camino a Estambul” es una película que vale la pena ver. Pone sobre el tapete muchas situaciones que vive quien ve los toros desde la barrera y resulta afectado de manera completamente inesperada. Toca elementos como el miedo, el dolor, los engaños… pero sobre todo, la esperanza, el perdón y el amor casi obsesivo de una madre que no se resiste a perder a su hija. Una película apasionante, chocante y que lleva al espectador a la reflexión en medio del mar de emociones que produce en quien la ve.

Calificación: 3.5/5

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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