Revista El Muro

Para celebrar sus 20 años sobre los escenarios, hablamos con Carlos Reyes, el guitarrista que ha formado parte de Agony y The Black Cat Bone, además de su actual proyecto Carlos Reyes y La Killer Band. Nos contó sobre su historia, visión, música y proyectos.

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Imagen: Nicolás Castro

Por: Mauricio Moreno

@Mauromoreno83

Carlos Reyes no viene de una familia de melómanos ni artistas. Pero en su barrio vivían los miembros de Akerrak, una banda clásica de metal colombiano.  Él, un niño de casa al que poco dejaban salir, pero que siempre que pasaba por la casa de los “mechudos” del barrio, la música le llamaba la atención. Un día, un vecino que lo separaba de los Akerrak le preguntó si el metal le gustaba, lo invitaba a su casa para venderle algunas cosas. Allí tuvo contacto con afiches de Slayer y Iron Maiden, pero también con una guitarra. Su vecino no sabía tocarla, pero tenía alguna musicalidad. Y él tomó esa misma guitarra y vio que sus dedos también respondían con habilidad.

Para Carlos fue un choque, fue dejar de ver a los músicos como un referente, pero dando por hecho que él no había nacido para eso, pero allí nació su primera banda, donde conoció el bajo y empezaron a hacer covers de La Pestilencia. Su poca habilidad para los covers (porque hacer un cover de Iron Maiden es física nuclear para cualquier novato) los llevó a componer sus primeras canciones, particularmente porque así nadie les iba a decir que estaban mal, cuenta Carlos entre risas. Allí encontró su vocación tocando el bajo y encargándose de la voz.

La banda duró apenas un año, sus compañeros  “sentaron cabeza” pero él se dedicó a  seguir “neceando” con el rock and roll, porque la fiesta apenas comenzaba. A sus 18 años empezó a trabajar como mensajero en la empresa de su tío, tiempos en los que se gastaba la quincena en música. Luego, entró a estudiar arquitectura y a codearse con músicos y artistas en el ambiente de su universidad. Entre ellos, conoció a los miembros de Agony, una agrupación que admiraba antes de que llegara la fama.

Tocó en varias bandas respondiendo a avisos clasificados que buscaban músicos. Su amistad con los miembros de Agony los llevó a invitarlo a audiocionar. Y ese muchacho que en 1995 vio a una de sus bandas favoritas en Rock al Parque, en 1996 estaba  tocando el bajo con ellos frente a miles de personas en una de las primeras versiones de uno de los festivales más importantes de América.

Agony

Cuando Carlos llegó, Agony pasaba por un gran momento musical al editar su primer disco, que resultaba ser el segundo CD  de Metal producido en  Colombia, después del  “Verdun 1916” de Neurosis. “Millennium” representó una gran producción en tiempos en los que hacer un disco en Colombia era una inversión casi que extraordinaria. Allí conoció la experiencia de los viajes,   del rock, del underground y el público fiel, auténtico y que no depende de los medios. Pero también conoció las rencillas y diferencias que aparecen en las agrupaciones y sus miembros, porque como él mismo dice, las bandas tienen fecha de caducidad.

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Imagen: Nicolás Castro

Para Carlos, ser bajista de Agony fue una especie de título universitario sobre cómo ser parte de un proyecto musical, entendiendo su movimiento y el Underground, con sus ventajas y corrupciones, pero  sobre todo con su esencia. Cabe anotar que en ese tiempo no había escuelas de música que no fueran clásicas o tradicionales y esa era casi que la única forma de aprender a trabajar en un grupo musical. E igual, ese aprendizaje es algo que no se puede ver en ninguna escuela, que viene de la experiencia y la carretera del rock.

En 1999, Carlos se casó. Con su esposa decidieron irse a vivir a Estados Unidos, aprovechando que Agony preparaba una grabación aprovechando el vínculo con Tom Fletcher que nació cuando  abrieron el concierto de Testament. Se radicó en Nueva York antes de que Agony llegara a grabar en los Ángeles, pero cuando Carlos viajó al estudio, decidió retirarse de la agrupación por las rencillas personales entre sus miembros de las que él aún no formaba parte. De regreso en Nueva York, la vida diaria de la ciudad y su underground  lo llevaron a Nashville…. Porque Nueva York básicamente le escupió en la cara son su difícil  cotidianidad.

De la Gran Manzana viajó a Nashville, Music city, U.S.A.. Empezó a trabajar en una carpintería y hacía música para teatro infantil y títeres, además de trabajar en bares para acercarse a la música. Allí conoció a varios músicos que le enseñaron muchísimo, llegando a compartir incluso a músicos que tocaron con El Rey, Elvis Presley, y teniendo la inmensa suerte de hacer Jams con ellos.  Pero la visa de turista y sus prórrogas se acabaron tras tres años, y regresó a Colombia.

The Black Cat Bone

Antes de viajar a Estados Unidos, en el año 1997, Carlos tocaba en un bar de blues llamado “Bajo Mississippi”, casi que un antecesor del mítico Crabs.  Allí creó una banda de Blues rockero junto a Mauricio Leguízamo. Con el repertorio de covers que crearon, la agrupación creció por unos años en ausencia de Carlos, quien cuando regresó volvió a tocar con ellos en un proyecto que en ese entonces no tenía mucho interés en hacer mucho más que tocar a Zeppelin y Hendrix para armar la fiesta.

Al volver Carlos y proponer un repertorio nuevo, hubo un importante giro en lo que se convertiría en una de las agrupaciones más importantes del rock colombiano: The Black cat Bone. Participaron en un concurso organizado por un bar, una emisora y un canal de televisión. Pasó por la emisora y aunque no puso mucha atención a la entrevista, se enteró luego de que la canción de su banda, llamada “Here Today, Gone Tomorrow “ estaba sonando con frecuencia en la emisora rockera de mayor alcance del país: Radioacktiva. En ese momento, no sonaban muchas bandas colombianas en esa emisora, y “Here today, Gone tomorrow” fue de las primeras canciones locales en volverse un éxito en ese dial.

Y así, The Black Cat Bone se volvió un gran éxito, obligándolos a repensarse y a crear un álbum llamado como la banda, que recientemente fue elegido como el mejor álbum de la década por los premios Subterránica, en los que además el grupo quedó con el premio a Grupo de la década y canción de la década para “Here Today…”. Un disco que aunque no haya sido el más vendido, ha influenciado a una generación de músicos y que ayudó a abrir puertas que estaban cerradas y por las que hoy transitan muchos de los sonidos rockeros independientes del país. Pero Carlos no estaba del todo cómodo en la agrupación, pues quería cantar en español. No quería sonar completamente anglo, pero tampoco dejar el rock.

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Imagen: Nicolás Castro

Carlos Reyes y la Killer Band

Si Agony fue la Universidad de Carlos, TBCB fue su doctorado. Allí ya no era el aprendiz, sino uno de los líderes. Un aprendizaje que le sirvió para su actual proyecto: Carlos Reyes y la Killer Band.  Aunque el proyecto empezó siendo un agrupación, hoy es más un proyecto solista, pues hubo muchos inconvenientes por los que no podía aprovechar el potencial de ese formato, particularmente cuestiones de agenda de los músicos. Adoptó el modelo de solista con banda y adelantó lo que nació en TBCB para potenciarlo a su manera con elementos de improvisación propios de la escena del blues.

“La Killer” tiene un álbum publicado (Ruido de Bogotá), un EP (Killer EP) y actualmente se prepara su nuevo trabajo, aún sin nombre. Sin embargo, cada concierto es diferente, sin libretos y con espontaneidad, algo que viene de la escuela del blues.  Toca con amigos músicos que quiere y pueda invitar, cambiando de formato y orientando los conciertos hacia donde quiere.

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Imagen: Nicolás Castro

Carlos Reyes, veinte años de rock

Para crear su música, Carlos se deja permear tanto por la música que le gusta escuchar como por lo que pasa en su vida. No tanto de su experiencia, sino de la intensidad de los sentimientos que vive, narrando lo que ha sentido, y esperando que quien lo escuche le lleguen esas emociones, pero permitiendo la libertad de la interpretación.

Eso sí, en sus composiciones siempre está presente Bogotá, porque de allí vienen esas emociones, y porque quiere tratar de entender la identidad que compartimos quienes vivimos en esta ciudad. Cada locación define un sonido, genera entornos creativos que modifican el momento del arte, contando lo que se vive, registrando y valorando el día a día. Bogotá es la musa de Carlos, por eso grita con su trabajo que acá tenemos algo qué decir, algo qué cantar, que hay un ruido de Bogotá.

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Imagen: Nicolás Castro

Sin embargo, Carlos no es del todo optimista con la escena actual. Hay talento, sí, pero en este momento, para Carlos, todo el mundo se preocupa más por la salida de la música que por la música en sí. Siente que ya no hay grandes canciones, himnos generacionales que en últimas son el fundamento de la rebeldía del rock, y sólo queda mucho mercadeo trabajo en redes, manejo y promoción del producto, pero no mucho producto en sí. Ya no hay un tema como “Vive tu vida” de La Pestilencia que aúne todos los sentires y la indignación, que exprese, mueva y diga algo, que transforme y haga actuar a quien lo escucha. En sus palabras, “hace falta un empute verdadero, hay tanta indignación en twitter… ¿dónde están las canciones? ¡Las canciones son más poderosas que todo el puto twitter!”

Tras todos estos años y tras haber abierto tantas puertas, Carlos es ya una influencia para muchos. No acepta el título, por supuesto, pero le alegra encontrar personas que se emocionan al encontrarlo en la calle o el escenario, la prueba de que existe un legado que se manifiesta cuando la gente corea sus canciones o les hace covers,. Nunca se sabe hasta dónde llega una canción, a quién puede influenciar o qué puede significar en la vida de alguien… y para Carlos, eso es lo más valioso de su trabajo.

Actualmente, el trabajo de Carlos es el giro que está dando hacia la teatralidad. Impulsado por dos de sus amigas, Natalia Bedoya y Natalia Silva Ramón, ha acercado su música  al teatro. Inspirado en elementos como los de Alice Cooper, Pink Floyd o David Bowie, ha visto la posibilidad de reforzar sus historias, que “pase algo” en el espectáculo más allá de la música, transformando el show en experiencia. Así nacieron apuestas como “Hecho en Bogotá” (proyecto del que hemos hablado ya en este portal) o “Carlos Reyes y su Guitarra Negra”, en la que cuenta  esos veinte años de música desde una  guitarra acústica con el apoyo de una puesta en escena y los recursos visuales.

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Carlos Reyes y su guitarra negra. Imagen: Nicolás Castro

Por ahora, sigue trabajando en su quinto disco, un trabajo más introspectivo que los anteriores que aún no tiene fecha establecida para ver la luz. Y después de veinte años, sólo quiere seguir pasándola bueno,  mantener la pasión  y “parcharla” con los amigos a hacer música, sin esperar aprobaciones externas y valorando lo que siente, creando y sintiéndose el dueño del mundo cuando compone una canción, la ve crecer y la defiende como a un hijo por encima de todas las cosas.

Y eso es la moraleja de este cuento de veinte años y aún no acaba, los grandes han sido freaks que han sabido vivir sin depender de la aprobación de nadie, triunfar a su manera antes que vivir una vida con la que no se identifican sacrificando la autenticidad. Porque aunque para la felicidad no hay fórmula, andar por el camino de lo “seguro” no la garantiza.

Los dejamos con el video de “El Momento Perfecto”

Para saber más, sigue a Carlos Reyes y la Killer band en:
¡Ñapa!: ¿quieres escuchar un fragmento de esta interesante entrevista? Visita nuestra nueva sección, El Muro F.M. y escucha la opinión de Carlos sobre la escena independiente actual. Click Acá!

 

 

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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