Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

A mi abuelo, que no pudo ver la carranga sinfónica

Escribo esta reseña por tributo y gusto personal más que por el tráfico que pueda generar, por tributar a mis raíces boyacas y no por la cantidad de entradas que pueda tener la revista. Y no lo digo de malaclase y odioso, sino porque cuando esta revista entrevistó al Carranguero Mayor, el Maestro Jorge Velosa, no hubo tanto movimiento como se esperaría con un grande de la cultura colombiana como él. Eso sí, hasta el paro campesino, porque ahí a todo el mundo le dio por ponerse la ruana y escuchar al Raquireño y sus cánticos al valle de Ubaté y ver el video que el maestro Velosa tuvo la gentileza de facilitarnos para nuestro canal de youtube.  Como yo no me he quitado la ruana de los genes, comparto con ustedes mi opinión de este disco, que como todo lo del maestro Velosa, es mucho más revolucionario de lo que parece.

Así, no creo que este documento sea muy leído. Pero a quienes lean, les recomiendo muchísimo escuchar “Carranga sinfónica”, un disco que aunque un tanto viejo (2011), vale la pena reseñar porque es una de esas obras que bien rápido se vuelven más importantes que la fecha de publicación. Claramente, no es el primer disco sinfónico grabado  en el mundo ni en Colombia, pero a mi lego y escaso juicio, es de los mejores. Básicamente, cuando uno escucha un disco sinfónico, salvo contadas excepciones como los “11 episodios” de Cerati, en raras ocasiones hay una buena amalgama entre los elementos los sinfónicos y los del género con el que se mezcla. Fíjense en el S y M de Metallica o el Alive 4 de Kiss, donde salvo por un par de temas, la sinfónica está prácticamente ausente. El Kraken filarmónico, también colombiano, es un trabajo destacable en esta línea, pero hay veces en las que Kraken va por una acera y la filarmónica ni se acerca a ese barrio. Así, Carranga Sinfónica no es una idea completamente original, pero sí de las mejor logradas.

En el álbum del Maestro Velosa resulta  maravilloso ver cómo “les suena la flauta” al amalgamar la Carranga, bien campesina, con los arreglos de la Orquesta sinfónica Nacional de Colombia bajo la dirección de Eduardo Carrizosa Navarro. Es decir, crearon música de pueblo para escuchar encorbatado en auditorio… y lo hicieron bien, sin que ninguna de las dos quede mal representada, sino combinándose y dialogando en armonía. Es a esa armonía el que creo que le da un sabor único a este álbum: no se vuelve un disco sinfónico llevando la carranga a cuestas ni un trabajo carranguero con una sinfónica de fondo, sino que ambas cosas están correcta y justamente representadas en el disco.

El disco tiene de todo: hay merengues, rumbas, bambucos, torbellinos y hasta hace su incursión en la música urbana con una rumba rapera. Como siempre, se habla de la vida campesina (La Prinola, La china que yo tenía), de los paisajes y la gente de Boyacá y de todo el valle de Ubaté (La rumba de las flores). Además, incluye rondas infantiles del Maestro Velosa (Lero lero candelero, La gallina Mellicera), canciones de orgullo campesino (El rey pobre y Canto a mi vereda) y por supuesto la reconocidísima canción de la cucharita que don Gregorio le regaló en Saboyá. Es una bonita e interesante forma de conocer fábulas, leyendas y en general el mundo campesino narrado con la sencillez y genialidad poética del campesino colombiano.

Lo que me pone un poco triste es que este álbum termina destinado a algunos círculos limitados, a pesar de su calidad e importancia, y así como creo que pocos van a leer esta reseña, pocos escucharán este disco tras esta lectura. Espero que no sea necesario otro paro campesino para que se animen a escuchar este álbum, ni que tengamos que esperar a que sea cool usar ruana ni ser colombiano para oír la música de nuestros campesinos. Y sobre todo, espero que se escuche este disco por la fuerza social que tiene: Mezclar un género netamente campesino con los arreglos de la música “culta” y “clásica” es una apuesta constructora de país de proporciones épicas, en un país donde mezclar lo del “pueblo” con lo “culto” es casi un pecado. Este disco es un tributo a la vida, a la alegría y a Colombia que vale la pena tener y escuchar, porque Colombia no sólo suena a vallenato, salsa, champeta y cumbia de las costas y el interior, también suena a Carranga bajada de la montaña con ruana, tiple y azadón.

Imagen: behance.net

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