Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

El cine en Colombia pasa a la vez por un momento muy bueno y muy malo. Desde la aprobación de la Ley de Cine en 2003, la cantidad de las producciones colombianas ha crecido en número por los apoyos y becas que se entrega a los creativos, así como por el apoyo de empresas privadas. Por esto, pasamos de celebrar por la “película colombiana del año” -producción hecha con presupuestos pequeños, pero por grandes directores y actores- a tener varias producciones al año con calidad técnica bastante buena.

También ha sido favorable para la cantidad de películas en el país el hecho de disponer de recursos técnicos más económicos. En efecto, la tecnología ha abaratado los costos de producción y rodaje, y ya no se requiere de un equipo de precios astronómicos para hacer una cinta con muy buena calidad. En ese mismo sentido, la edición y la post producción se han beneficiado de los avances en efectos especiales, que han permitido rebajar los costos y mejorar la calidad de las producciones.

Sin embargo, no todo es color de rosa. En Colombia hemos tenido grandes producciones, como Cóndores no entierran todos los días o La estrategia del caracol. Incluso, en el género de la comedia, han existido producciones ingeniosas y de calidad como El Taxista Millonario o Inmigrante Latino. Sin embargo, la cantidad de producciones de comedia fácil aumentan, mientras que las producciones con contenidos más interesantes disminuyen. El mercado cinematográfico colombiano se ha dedicado en gran parte a copiar formatos y a repetir temas cliché, fáciles y vendedores: Guerra, narcotráfico y lo que algunos cineastas creen que es la “cultura colombiana”.

El equipo de Catapulta Producciones, en pleno rodaje.

Por último, las producciones independientes y de contenido, además de seguir contando con recursos limitados, carecen de la suficiente visibilidad por dos razones. Falta de pauta y falta de tiempo de exhibición. Mientras producciones extranjeras o nacionales con temáticas como las arriba nombradas suelen tener dinero para comprar espacios en radio, cine y televisión (aunque producciones como Sofía y el terco,  Los viajes del viento y Chocó sean un buen ejemplo de lo contrario), muchas deben limitarse a medios alternativos para su difusión. Por otra parte, deben presentarse sólo  durante los espacios en los que las salas de cine dispongan, haciendo que producciones como Chocó deban competir con megaproducciones hollywoodenses como Batman.

Pero lo más preocupante es el público colombiano. Simplemente, no asistimos en masa a apoyar las producciones nacionales. Así, producciones como Gordo, calvo y bajito o  Chocó duran poquísimo tiempo en cartelera porque su desempeño en taquilla es más bien modesto, y la sala de cine debe retirarla. Y eso crea una pérdida económica fuerte para el estudio, pues en muchos casos ni siquiera se recupera la inversión. Esto se debe, tal vez, a que los colombianos esperamos ver a los mismos actores en televisión que en el cine, como si en el cine simplemente esperáramos ver una extensión de la novela. Y aunque los actores reconocidos en ocasiones apoyen estos proyectos, es necesario que apoyemos el talento nacional, con o sin actores reconocidos. Eso mejorará la calidad del cine nacional y apoyará a productores que están luchando por sobrevivir en un mercado muy complejo.

Es en este espacio donde nace Catapulta Producciones. Es hija de la terquedad y las ganas de producir contenido creativo alternativo. Actualmente, producen cortometrajes (menos de 30 minutos) y más que una productora, son un grupo de investigación experimental. Su intención es realizar creaciones con diferentes técnicas, siendo tan recursivos como se puede y experimentando para crear mientras producen. El grupo no está conformado por sólo cineastas o comunicadores visuales: hay profesores, psicólogos, ingenieros… lo que los une es el amor por la producción audiovisual, y por eso reciben a personas que quieren aprender y experimentar en conjunto, con respeto por las ideas del otro y sobre todo con muchas ganas de trabajar. Estos experimentos los han llevado a crear cortos como “Elvia”, su más reciente producción, que compartimos con ustedes:

 

ELVIA from Catapulta Producciones on Vimeo.

 

Catapulta se financia con las ganas. Aunque también trabajan para clientes y con eso se financian parcialmente, buena parte del dinero sale de los bolsillos de los miembros del grupo, que trabajan (literalmente) por amor al arte. Eso y la recursividad del equipo les ayuda a costear los gastos de entretenernos con sus historias. La financiación es así porque aunque algunos festivales paguen a los ganadores, no son regla general. Lo común es que se trabaje por el reconocimiento o por dar visibilidad a las producciones (tal como aparecer en televisión o simplemente en los créditos de una producción). Pero ese reconocimiento no paga las cuentas.

Pero los creativos se las arreglan. Catapulta ha utilizado diferentes ventanas de comunicación, tales como festivales nacionales e internacionales, o la invitación que recibieron para participar en un programa holandés con sus cortos. Pero sobre todo, aprovechan internet, maravillosa ventana que permite dar salida a distintos tipos de proyecto, y que evita que las creaciones que cuestan tanto esfuerzo y dinero queden muertas en el disco duro del computador de sus creadores. Al menos, les da la satisfacción de poder compartir su trabajo.

Los cortos de Catapulta tienen un fuerte componente crítico, pero ellos jamás lo habían pensado así (de hecho, les sorprendió que en la entrevista les preguntara por eso). Realmente, les interesaba crear contenidos fuera de estereotipos, historias diferentes y que aborden temáticas que les guste trabajar; su intención principal es que cualquier persona pueda disfrutarlas e incluso verse reflejado en ellas. Aunque cortos como “Retratos de 3 por 3” -que aborda diferentes tipos de violencia de género presentes en la cotidianidad, pero en últimas ocultas- contienen una crítica muy fuerte a muchos contenidos sociales, lo que les interesa es contar historias donde pasa mucho, aunque parezca que no pasa nada. Tal vez pensar de manera diferente, sea lo que los lleva a trabajar en contravía.

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Johana y David, revisando el trabajo del grupo.

 

 ¿Por qué el arte audiovisual? ¿Por qué arriesgar tanto si es tan difícil? Primero, porque los ha llevado a ser felices. El cine es la conjunción de muchas expresiones artísticas, y por eso  cada quién ha podido expresarse a su manera. Así mismo, les ha permitido crear en equipo, con el esfuerzo de todos y sus ganas de hacer y trabajar. Además, sus cortos les han permitido transmitir a completos desconocidos ideas y emociones que puedan aportar a sus vidas. Ese trabajo en equipo, por supuesto, se ha convertido en amistad, pero sobre todo, en responsabilidad: todos dependen del trabajo de los otros. Y todos cumplen, pero no por un salario o miedo a perder el trabajo, sino por amor a lo que hacen.

Para Catapulta, semejante “sacrificio” no es duro: es cuestión de encontrar lo que se quiere emprender, lo que apasiona verdaderamente, y lanzarse sin esperar un momento “perfecto” que nunca llega. Hacer por amor y placer, sin esperar volverse famoso o millonario y sin tener cualquier otra expectativa, sino adaptándose a lo que llegue y se reciba. Quitarse la pereza y hacer lo que se quiere, sin pensar que va a ser fácil o sin esfuerzo, pero que la motivación que llevan dentro los lleva a luchar con lo que sea. Y esa es la clave en la que han encontrado la felicidad, y la razón por la que perseveran en su arte. En dos palabras: Son tercos.

Para conocer más sobre Catapulta, puedes visitar:

Página Web: www.catapultaproducciones.com

Fanpage en Facebook: https://www.facebook.com/pages/Catapulta-producciones/

Canal en Vimeo: https://vimeo.com/search?q=catapulta+producciones

E-mail: retratosde3x3@catapultaproducciones.com

 

Fotografías: Catapulta Producciones. Reproducidas bajo autorización.

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