Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

“Ciervo de dos cabezas” es un álbum interesante y complejo, y que resulta todo menos lineal o unidireccional. Es un álbum frenético y para bailar, con una adopción de lo latinoamericano – incluyendo tanto lo tropical como lo andino- que no aparece en el álbum anterior de “Andrés Gualdrón y los Animales Blancos”. Y en estas líneas se nota lo complejo que es para los oídos. En efecto, es un álbum que no sirve para ser música de fondo, de esa que se ignora completamente mientras se lee o se hacen trabajos, porque tiene la extraña propiedad de absorber completamente al oyente, sacarlo de lo que esté haciendo y exigirle atención. Un disco tanto para cabecear como para mover el trasero, e incluso, hacer ambas cosas al tiempo.

Y es que el álbum está lleno de colisiones estéticas, lo cual hace muy difícil definirlo como algo más allá de la música experimental, pero no por falta de creatividad, sino tal vez por exceso. Tiene canciones frenéticas como “El Ortodoncista” o “Braulio”, pero también canciones suavecitas y medio romanticonas como “Mariavela” o “Saturno”.  Letras largas y llenas de metáforas no muy sencillas de entender y otras plagadas de amor… extraño, tal vez, pero amor. En cuanto a géneros, es posible sentirse navegando entre la música andina y la cumbia, entre el pop y el reguetón. En general, es un disco, como dice Andrés, “gozón”, lleno de ritmos eróticos por su beat latinoamericano. Es una suerte de pop cumbiero y de punk hip hopero en un mismo disco, que definitivamente choca para los oídos, pero no por mala mezcla, sino que es un choque que sucede con premeditación y alevosía. Básicamente, la idea es poner géneros diferentes para advertir al público y a ellos mismos que en este álbum hicieron algo, pero en el siguiente podrán hacer lo contrario y también valdrá la pena escucharlo.

 

ciervo

El álbum está dedicado a Luis Alberto Spinetta, cuya influencia, paradójicamente, se nota más en el primer álbum que en este. Fue producido por Andrés Gualdrón, Sergio González y Milthon Piñeros. Fue grabado en Matik-Matik, Impulso Acústico y el cuarto de Andrés Gualdrón. Cuenta, así mismo, con la participación de muchísimos músicos invitados entre quienes cabe destacar a los Pirañas, con quienes grabaron las cuatro “muñequeburro” en sesiones de improvisación.

Es un álbum que vale la pena escuchar, y mucho. Tiene la extraña cualidad de ser música rara y medio loca apta para un público de hipsters wannabe o melómanos consagrados y críticos musicales, pero a la vez, digerible para cualquier oído acostumbrado a lo que la mayoría de emisoras le dicen que debe escuchar. Requiere que uno se enganche y se meta en el cuento, porque es música para ser tomada en serio, pero es un sonido que causa, principalmente, curiosidad, porque tras escucharlo, uno queda preguntándose “¿qué fue eso?”,  lo vuelve a escuchar para entenderlo, y cuando se da cuenta está coreando “para exorcismos, diga diez veces la palabra espejismo”. Y entiende que es música muy pegajosa y no era tan loca como creía al principio. Después, lo pone otra vez, le dan ganas de dejar la tacañería, cerrar el bandcamp, ir a comprarlo y apoyar el talento nacional.

Puedes escuchar el álbum en Bandcamp en http://andresgualdron.bandcamp.com/album/ciervo-de-dos-cabezas

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