Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

La cascada más larga de Colombia no queda en un remoto paraje del Amazonas o en alguna recóndita zona de los Andes. No, queda a apenas unos cuantos kilómetros de Bogotá. “La Chorrera”, ubicada en el municipio de Choachí, es una caída natural de agua de 590 metros de altura. Para llegar allí, se requiere hacer una caminata de aproximadamente 4 horas por una trocha de dificultad moderada.

Pro lo interesante de este viaje no es solamente la cascada. Desde que se sale de Bogotá, cruzando entre los dos cerros tutelares de la ciudad (Monserrate y Guadalupe), se atraviesa la montaña y se llega al sector de Granada, donde se toma un desvío por carretera destapada hasta la entrada de la reserva natural en la que se encuentra la quebrada, ubicada entre las montañas Alto Grande y El Amarillo.

Tras una caminata de aproximadamente una hora se llega a una primera cascada, conocida como “El Chiflón”, la cual se puede atravesar por detrás en un pequeño recorrido que también lleva al espejo de agua que produce la cascada. Así mismo, hay zona de camping para descansar de la primera parte del trayecto. Es un excelente sitio para comer, descansar y tomarse fotos frente a un bellísimo paisaje mientras aún no se está lleno de barro.

Después de mojarse en el Chiflón y haber ido al baño (la fila vale la pena, porque en todo el camino no hay dónde más hacerlo), se inicia la subida a la chorrera. Durante horas se camina por senderos bellísimos entre el monte en los que se puede apreciar la belleza casi virginal del bosque andino. Se atraviesan un par de riachuelos y un bellísimo espejo de agua en el que es difícil resistirse a meter la cabeza y refrescarse con el agua helada tras la caminata. El agua es tan limpia que hasta hay quienes se arriesgan a beberla. Y no, no me puse mal de la panza

.chorrera

En verano, cuando el caudal lo permite, uno incluso puede bañarse en la cascada.

La Chorrera se alza imponente a la vista desde más o menos quince minutos de camino antes de llegar por entre el bosque húmedo que compone el camino. Simplemente, no puede ser ignorada. Una vez allí, se puede llegar hasta la cascada. Hay que ser cuidadoso porque las piedras son resbaladizas, pero eso no es impedimento para bajar a disfrutar del viento y la fuerza de la cascada. Tuve la fortuna de visitarla alguna vez en verano y debido a la sequía, el caudal era tan pequeño que se podía entrar a la cascada y bañarse en ella, pero por su fuerza no es lo normal, al menos si uno es medianamente responsable.

Para este viaje es necesario llevar ropa cómoda y que se pueda ensuciar, porque hay barro, y mucho. Así mismo, zapatos con buen agarre, chaqueta impermeable y si se quiere una muda de repuesto, pues es difícil resistirse a meter la cabeza o los pies en los espejos de agua o las cascadas cuando se puede… y bueno, porque uno acaba por mojarse quiera o no. También, es recomendable llevar alimentos para picar en el camino (por favor… POR FAVOR, no arrojar basuras en el camino o en la montaña), agua y un morral para tener las manos libres durante el trayecto (y guardar su basura).

Y al regreso, no sobra darse una vuelta por el bello municipio de Choachí, conocerlo y disfrutar de su arquitectura y restaurantes. Y si se quiere, de sus atractivos turísticos: Choachí no es famoso por tener la cascada más larga del país, sino por sus baños termales.

Aunque se puede acceder a la reserva y hacer la caminata buscando y pagando a los guías locales, yo preferí tomar el tour con el grupo Pachapurik, un grupo con guías entrenados en salvamento y montaña que se encargan de todos los pagos y de otorgar pólizas de seguros en caso de cualquier eventualidad. Simplemente, se toma el bus en el Parque Nacional temprano y se tiene compañía experimentada y amable para todo el camino, además de incluirse refrigerios y comida. Y especialmente, se puede uno relajar en la naturaleza sin tener que preocuparse por absolutamente nada distinto a no resbalarse.

Para más información, visita www.pachapurik.com

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