Revista El Muro

Mauricio Moreno nos habla sobre el perdón, sobre cómo resulta difícil perdonar y liberar en vez de reprimir, y nos da algunos tips para lograrlo.

Por: Mauricio Moreno

Todo el mundo habla del perdón y de la importancia de perdonar. Y sí, perdonar es importantísimo por dos razones: la primera es que no perdonar puede llevarnos a la venganza. Pero es que cuando uno se venga, el otro también, y así se acaba en una escalada de violencia sin sentido que se basa en iras reprimidas y que no se puede solucionar hasta que esas no se solucionen, por mucho argumento que se tenga para esconderlas. Quien no crea, que mire la historia del país: la guerrilla en Colombia, el uribismo y el paramilitarismo en sus orígenes nacen de odios y revanchas más que de argumentos. Y la segunda razón por la que es importante perdonar es porque resentir un hecho sólo lleva a que nosotros mismos vivamos con esa espina clavada, mientras la otra persona sigue con su vida. Piensa en tu ex: puedes seguir odiandol@, y mientras tú diluyes tus relaciones presentes y futuras en ese amargo detestar, esa persona ya se casó y está contenta con su familia. ¿A quién daña tu resentimiento?

Es muy fácil hablar de perdón, pero no es fácil perdonar. Hay que aprender a no tomarse las cosas de manera personal, pero es más sencillo decirlo que hacerlo. Es entender que ese “me hizo” no es siempre tan cierto, sino que se dirigió a la proyección del otro sobre nosotros en la que nosotros podemos tener parte de responsabilidad. Pero el dolor puede ser muy intenso e incluso podemos negarnos que está, enviándolo a nuestro inconsciente donde crece mientras creemos que ya estamos bien.

Esto es fácil de ejemplificar con una vivencia personal. A uno de mis mejores amigos de adolescencia lo mató un bus de Transmilenio antes de que fuera moda suicidarse para evitar la fila. Mi amigo fue imprudente. Un periódico de difusión nacional, llamémoslo “El Miento” para no hablar mal de nadie, dijo que era un indigente drogado porque mi amigo era mechudo, y lo más triste y molesto es que ni siquiera había consumido licor esa noche. Pero lo primero, fue un accidente, y lo segundo, fue una mala información nacida del ego, del miedo de quien haya hecho el reportaje. No vale la pena sentir resentimiento contra ninguno de los dos, no “lo” agredieron a él. Ese es el arte de no tomarse las cosas personalmente: Mi amigo fue imprudente y además era mechudo, esa era su cuota de responsabilidad (ojo, no de culpa) y aunque tristemente el precio que pagó por eso fue muy alto, no podemos obviar eso. Yo podría no usar Transmilenio y verme a gatas para el transporte, o dejar de leer… bueno, ese diario no vale la pena leerlo, y no precisamente por eso.

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Pero hay ocasiones en las que no es tan fácil decir que perdones y no te lo tomes personal. Particularmente, cuando el daño es mucho y causó demasiado dolor. En ocasiones siento algo de preocupación cuando recomiendo perdonar a mis pacientes, pues temo que repriman en vez de liberar, que se coman el odio. Y eso es lo que pasa generalmente cuando perdonamos: realmente, nos guardamos el rencor, una energía que deberíamos, por el contrario, expulsar. Y además, es necesario aprender a asumir responsabilidades cuando son compartidas, no para echarnos la culpa, sino para ver mejor la situación. Aunque, claro, no siempre las responsabilidades son compartidas, como en el caso del abuso sexual. No todo perdón tiene que ser paz y amor, algunos necesitamos hacer cosas más físicas para poder perdonar, ser más violentos…. Lo importante es aprender a sacar del corazón ese veneno que nos carcome.

¿Cómo perdonar, entonces? Acá comparto algunos tips para lograrlo. Puedes usar más de uno en alguna situación, e incluso todos. Intentaré dar un número de cómo sugiero que se organicen para ayudarte a estar mejor, pero esa organización no es una camisa de fuerza, ni siquiera hay que hacer todo… Como te sirva, recordando siempre que tienes que poner la intención de liberarte de tu rencor y de perdonar para que sea efectivo. Y los números están en desorden, porque no hay una organización real para hacer esto. Y algunas pueden parecer muy osadas para algunas personas, por lo que insisto en que no es necesario hacer todo. Es importante resaltar que debemos dejar fluir las emociones con cualquiera de los ejercicios y no reprimirnos ni castigarnos por NADA de lo que vaya saliendo:

  • (4) Traer a la conciencia y quitar discurso de víctima: Esta es la técnica más sencilla, pero en mi opinión menos efectiva. Radica en recordar y narrar el suceso, e inmediatamente después repetirlo sin victimizarte y poniéndote en los zapatos del otro. La idea en el fondo es traer a la conciencia y racionalizar el suceso, pero realmente es poco efectiva cuando el rencor es mucho. Supongamos a un esposo maltratador. Su víctima puede decir “sí, me pasó por esto, porque su mente, porque sus emociones…” pero eso no libera realmente las emociones reprimidas, si acaso las reprime más y el problema sigue allí, racionalizar no sirve de mucho y por el contrario puede llevar a que intentemos creer que ya se superó algo que envenena nuestro corazón sin que lo sepamos. Esta técnica es un buen comienzo, pero realmente recomiendo seguir con las que se necesite para liberar el rencor, y si acaso, usar esta como último paso hacia el perdonar.

  • (2) Es importante recordar que la rabia también es energía. Y es una emoción negativa que podemos canalizar. Pero su canalización exige explosividad, por ejemplo, hacer pesas, correr distancias cortas muy rápido o nadar. Deportes de energía, no de contacto (porque no hay razones para pegarle a otra persona porque andamos con la chispa afuera, eso es lo que hacen los jefes y los empleados de servicio al cliente). Esto es ideal cuando no sabemos qué es eso que nos molesta, pero que nos lleva a tratar a todo el mundo a las patadas. También sirve gritar por gritar en un lugar aislado, la ventaja de eso es que después de un rato van a salir las cosas que nos molestan. Es importante tener en cuenta que cada cuerpo es distinto y no todos resisten igual, y que no todos podríamos resistir de la misma manera todos los ejercicios. Y también hay que tener en cuenta que no debemos perder el objetivo de liberar energía de vista.

  • (1) También es muy útil golpear y gritar. Generalmente se recomienda ir a un parque o bosque donde podamos estar solos y gritar. Pero seamos sinceros, en una ciudad como Bogotá eso puede prestarse para malentendidos. Sirve ir a un gimnasio y golpear una bolsa con todo lo que se tiene mientras se le insulta. Pero no es cosa de gritar por gritar o golpear por golpear, sino de visualizar a la otra persona en esa bolsa e insultarla. Y gritarle. Y dañarla. Y no sobra golpearla con algo fálico, como un bate. De esa manera liberamos energía reprimida contra esa persona. Hay que tener cuidado con las manos y el cuerpo (me he lesionado suficientes veces como para no saberlo), pero es una técnica muy buena para liberar energía y perdonar. Y la adrenalina te dará algo parecido a un orgasmo.

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  • (3) Decirlo a la cara: Esta es la técnica más efectiva. Lo que se busca con esta es simplemente expresar en calma lo que se siente. Y eso libera la cosa, poder decir “ya te lo dije, ya expresé mis emociones hacia ti” ayuda a estar mejor. Es importante hacerlo sin rabia para no causar más peleas, y sobre todo, con personas que estén dispuestas a aceptar responsabilidad y que no vaya a agredirnos, y por supuesto, aprender a escuchar y a ponernos en los zapatos del otro para entender por qué paso lo que pasó. Esta es tal vez la técnica más efectiva, pero supone que se puede hablar con el otro, lo que no siempre pasa.

  • (5) Expresarse artísticamente: Esta técnica sirve cuando no es posible decirlo a la cara (por ejemplo, el rencor es contra un muerto o contra alguien que no queremos ver, o contra alguien con quien no es conveniente expresarlo como el jefe o incluso, contra alguien que probablemente no va a asumir responsabilidades y puede llegar a maltratarnos de nuevo) o incluso cuando se sigue sintiendo algo de rabia tras decirlo. Podemos apelar a la naturaleza simbólica del inconsciente y escribir, pintar, componer… pero recordando que va dirigido hacia esa persona, y expresando lo que sentimos, ser agresivos y decir lo que hay que decir de manera simbólica… pero siempre recordando que no lo hacemos para sumirnos en el odio, sino para perdonar.

  • (Ñapa) Para los más místicos, recomiendo el siempre bien recibido Ho OponoOpono o proyectar la ira en una bola de energía negra entre las manos visualizándola crecer mientras se alimenta de odio, y al final, proyectarla contra el suelo, con fuerza suficiente como para suponer que, si fuera física, llegase a abrir un hueco de un metro en el suelo. Sí, es como hacer un Kame Hame Ha, así que quien quiera se puede burlar porque realmente es muy chistoso, pero no por eso menos efectivo.

Imágenes: HyoJung Kim (Creative Commons). Reproducida desde  http://www.psypost.org/2014/05/letting-it-go-take-responsibility-make-amends-and-forgive-yourself-25347

eVo photo, Creative Commons reproducida desde http://www.caitlinmuir.com/dont-give-forgiveness-the-finger/

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una opinión¿quieres decir algo al respecto?

  • […] Y todo eso está muy bien. Pero cuando uno lleva 15 o 20 minutos dedicado a la meditación o empieza a leer libros de autoayuda dudosos y está empezando a conocer el cuento, cree que la imperturbabilidad significa no tener emociones. Eso es completamente falso: la emocionalidad, tanto como la mente, el cuerpo y el espíritu, es parte de lo que nos hace humanos.  La imperturbabilidad es saber manejar las emociones, asumirlas de manera que podamos vivirlas y que no nos dominen y nos dañen, que es muy distinto a negarlas… Si tienes rabia, hay que expresarla, preferiblemente canalizando la violencia y no dañando a alguien, pero no hay que quedarse con eso adentro, lo cual no quiere decir “acabar con el nido de la perra” cuando algo nos molesta. Ya he hablado de cómo liberarse de la ira en otro artículo. […]

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