Revista El Muro

 

Por: David González

@ekpirk21

Si disfrutamos de estar con nosotros mismos, la compañía de los demás puede darnos gran alegría. Si no disfrutamos de estar con nosotros mismos, nada que hagamos, nada que tengamos ni nadie con quien estemos será suficiente para darnos felicidad. Y es difícil disfrutar de estar con nosotros mismos, disfrutarlo de verdad, sin necesidad de añadir algo más aparte de nuestra propia presencia. Requiere de práctica, de ir conociéndonos, de ir enamorándonos poco a poco de aquello que somos. Y para eso, nada mejor que, de vez en cuando, tener una cita con nosotros mismos. Aquí algunos consejos para que esa cita sea exitosa:

1. Apaga tu celular

¿Cómo te sentirías si tuvieras una cita con una persona con la que quieres compartir un momento especial, y él o ella sacara su celular y se pusiera a chatear, a revisar sus redes sociales o a jugar algún juego sin sentido? Sentirías que para esa persona tú no vales suficiente, que no le interesa realmente estar contigo y que preferiría estar haciendo otra cosa. En resumen, no te sentirías muy bien. Bueno, trátate a ti mismo como te gustaría que los demás te trataran. Apaga el celular y quédate contigo.

2. Baja de las nubes

Imagina ahora que le expresas tu inconformidad a tu pareja y esta accede a apagar su celular, pero entonces se queda mirando al vacío, como hipnotizada, tan inmersa en sus pensamientos no puede darse cuenta de que estás ahí. No es una gran mejora; de hecho, puede que te sientas incluso más ignorado y despreciado que antes. Y no serviría de mucho que te dijera “Pero es que recordé este gran problema que debo resolver”, o “esa imagen que vi en la película de ayer no se me va de la cabeza”. Tú quieres que esté contigo, no en las nubes. Así pues, trata de quedarte contigo, baja de las nubes. Esto puede ser, quizás, lo más difícil de todo, pues somos altamente propensos a navegar por la estratósfera, es como una inercia. Llevamos tanto tiempo haciéndolo que parar y quedarnos en la tierra puede sentirse muy incómodo al comienzo.

3. No huyas de la ansiedad

Digamos que decidiste apagar tu celular. Y, por razones similares, decidiste no ponerte a leer una revista ni un libro, y tampoco escuchas música. Digamos que también estás haciendo un esfuerzo por bajar de las nubes, al menos de vez en cuando. Estás decidido a ponerte toda la atención posible, tal como querrías que lo hiciera tu pareja en una cita romántica. Cuando lo pruebes, vas a ver que puede no ser tan fácil. Es posible que experimentes ansiedad, que te sientas incómodo, que te parezca que el tiempo pasa demasiado lento y que no hay nada que disfrutar.  De pronto todos los estímulos externos van a parecer muy provocadores. Y al estar ahí, simplemente contigo, o puede que sientas un vacío, una sensación de insatisfacción, de que algo falta, de que es que estás de que lo que estás experimentando no es suficiente para pasar un buen rato. No huyas. Esto es algo por lo que muchos tenemos que pasar si realmente queremos aprender a disfrutar de estar con nosotros mismos.

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4. Quédate en tu cuerpo

Si te das cuenta de lo agradable que es simplemente estar contigo, disfruta, húndete en esa sensación, sumérgete cada vez más profundo. Como si estuvieras degustando un plato exquisito, y quisieras experimentar a fondo sus sabores. Si, en cambio, viene la ansiedad y no estás disfrutando, ¡de todas formas haz lo mismo! Dale toda tu atención. Examínala con cuidado. ¿Exactamente en qué parte del cuerpo se siente esa ansiedad? ¿Es como una opresión en el pecho, como una falta de aire? Sigue las sensaciones en tu cuerpo, cómo van pasando de una parte a otra, cómo se transforman sus intensidades y sus matices, cómo desaparecen y son remplazadas por otras nuevas. Aprende a conocerte y a acompañarte en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, como suele decirse. Tal vez detrás de esa ansiedad y esa incomodidad iniciales encuentres un tesoro y te des cuenta de lo rico que es simplemente estar contigo. Tal vez.

5. No te desanimes

En el hermoso libro El Caballero de la armadura oxidada, el protagonista busca la ayuda de Merlín, el mago legendario. Uno de sus problemas es que no puede beber, pues no puede quitarse el casco de la armadura —ni ninguna otra parte de esta—. Merlín opta por darle una extraña bebida en una copa de plata, a través de una pajilla. “Los primeros tragos le parecieron amargos, los siguientes más agradables y los últimos tragos fueron deliciosos”.

—¿Qué es? —preguntó el caballero.

Vida —dijo el mago—. ¿No os pareció amarga al principio y luego, a medida que la degustabais, no la encontrasteis cada vez más apetecible?

El caballero asintió y dijo:

—Sí, los últimos sorbos resultaron deliciosos.

—Eso fue cuando empezaste a aceptar lo que estabais bebiendo.

Estás aprendiendo a disfrutar de tu presencia, y para muchos de nosotros ese es un gusto adquirido, que al comienzo puede no ser tan natural. Así que si tu primera cita es un fracaso y a los diez minutos saliste corriendo, ¡no te desanimes! Date otra oportunidad; te la mereces. Ya llegará el momento en el que los tragos sean deliciosos.

Imágenes: Alejandro Henao

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