Revista El Muro

 Nuestro grafitero David nos habla sobre las crisis, esos momentos de la vida donde debemos enfrentar problemas más grandes que nosotros, y nos da consejos para poder solucionarlas.

Por: David González

¿Quién no ha estado en una crisis? Ese momento cuando por una razón u otra sentimos que nos quedamos sin piso, que lo que nos está sucediendo es más grande que nosotros.

Usualmente las crisis vienen acompañadas por un cambio grande. Puede ser la muerte de un ser querido, el fin de una relación importante para nosotros o la pérdida de cualquier cosa que tenemos en gran estima: un trabajo, una posesión, nuestra reputación. O tal vez el cambio no implica una pérdida sino un desafío: la nueva situación exige de nosotros habilidades de las que carecemos y las cuales no nos sentimos capaces de desarrollar. A algunos les sucede cuando obtienen un nuevo trabajo o emprenden un proyecto arriesgado y no tienen o no creen tener los conocimientos o la experiencia suficientes para salir adelante; a otros les pasa cuando se van a vivir a un nuevo país y se sienten abrumados por el idioma y por las costumbres. Sea cual sea la situación, en la crisis es usual sentir que no somos capaces, y es normal tener ganas de huir, de escondernos, de renunciar.

Sin embargo, las crisis son una parte fundamental de nuestras vidas, pues a través de ellas es que crecemos, maduramos y evolucionamos. Claro, cuando estamos en medio de ellas no se ven las salidas ni el propósito de lo que pasa, sólo se siente la angustia y el dolor. Por eso es importante que una voz amiga nos recuerde que se trata de un aprendizaje y que vamos a estar bien.

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Los siguientes consejos pueden ser útiles cuando estemos en medio de una crisis y todo se vea oscuro y sin sentido:

1)      Recordar que se trata de algo pasajero. Si estamos en una crisis, es normal que no sepamos cómo vamos a salir de ella. El problema parece no tener solución y, por tanto, parece no tener final. No obstante, las crisis, al igual que todo lo demás en este mundo, son pasajeras. Por eso muchos maestros espirituales recomiendan siempre recordar que “esto también pasará”.

 2)      Dejar de pelear con la vida. Esto es, quizás, lo más difícil de todo y, a la vez, lo más importante. Mientras estemos peleando vamos a alargar la crisis. Es como cuando a un niño lo llevan al doctor para que le ponga una inyección y el pequeño se resiste, grita y forcejea. Esto dificulta el trabajo del doctor y hace que sea más demorado y doloroso el proceso de poner la inyección. Pero además es inútil: si los padres quieren al niño, harán lo que sea necesario para que le pongan la inyección, sin importar que tanta resistencia oponga. Cuando logramos dejar de pelar podemos dejarnos llevar por la corriente, y entonces es natural que las cosas comiencen a fluir.

3)      Aceptar que no podemos entender. Es normal que una crisis supere nuestra capacidad de entendimiento. Es normal que no podamos comprender por qué o para qué nos está sucediendo algo. Y no se trata de entender. A veces lo mejor que podemos hacer frente a un problema o una situación que nos desborda por completo es dejar de pensar. Así permitimos que se active una sabiduría más profunda y poderosa que está conectada con la vida.

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4)      Confiar. Para poder aplicar el consejo anterior es necesario confiar. Cuando no vemos la salida, debemos confiar en la vida, en el universo, en Dios. Debemos confiar en que lo que está sucediendo siempre es lo que necesitamos para crecer, para evolucionar. Debemos confiar en que “esto también pasará” y nos traerá una nueva etapa. Confiar implica soltar el control; permitir que la vida se mueva e la dirección que necesita aunque no entendamos hacia dónde nos está llevando.

5)      No escapar; sentir. Para conectarnos con esa sabiduría más poderosa, para dejarnos guiar, debemos primero sumergirnos en lo que está pasando, verlo de frente, sentir aquello que produce en nosotros. Esto puede llegar a ser muy difícil, pues las emociones ocasionadas por una crisis tienden a ser intensas y dolorosas. No obstante, sentir las emociones es una parte necesaria en el proceso de crecimiento. Es como una limpieza. Mientras toda esa turbulencia emocional esté acumulada en nuestro interior no vamos a poder ver con claridad. Todos hemos experimentado esa serenidad que viene detrás del llanto. Por esto, es muy importante no recurrir a las adicciones o a distracciones para evitar lo que no está pasando, pues esto solamente hará más lento y difícil la situación.

6)      Soltar lo viejo, permitirnos cambiar. Finalmente, para salir de una crisis debemos transformarnos, es inevitable. La crisis usualmente viene cuando hay un cambio afuera de nosotros, y se termina cuando cambiamos por dentro. Ese es el proceso de evolución. Pero debemos estar dispuestos para lo nuevo. De pronto ahora debemos aprender a estar solos, o quizás es al contrario y debemos compartir con otros un espacio que era solo nuestro. Tal vez tenemos que aprender algo nuevo o desaprender algo que nos sirvió en el pasado pero que ya no es útil. Y lo más difícil de todo: debemos permitirnos soltar las ideas que tenemos con respecto a quiénes somos y cómo debemos ser. Puede que sea hora de dejar caer la vieja piel, de permitir que las tormentas y los incendios limpien nuestro campo interno, para que luego puedan germinar las semillas de lo nuevo.

Imagen 1: “Worried man talking on cellular pone”, por Photoloni. Reproducción bajo licencia creative commons  Tamaño modificado para servir como introducción. Reproducida desde http://www.flickr.com/photos/photoloni/6321527653/in/photostream
Imagen 2: Sin nombre, por spaceodissey Reproducción bajo licencia creative commons Reproducida desde http://www.caroldublin.com/anticipation-or-worry

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