Revista El Muro

Isabel Zuluaga Mesa nos cuenta sus apreciaciones sobre las obras “Asilo” y “Ventanas” de la artista Yorely Valero Ladino

No me gustan las inauguraciones de arte, pues a pesar de que los artistas, críticos y curadores estén presentes; las obras no se sienten. Debo admitir que el revuelo de opiniones y elogios que tienen lugar en dichos eventos acaba por dibujar una gruesa muralla invisible, que me impide un contacto sincero con lo allí expuesto. Además, siempre tengo la sensación de que en algún momento debo expresar algún juicio relacionado a lo que veo. ¡No puedo, sencillamente no puedo! Antes de decir algo, es necesario recorrer una muestra en silencio, pues solo así, uno podrá olvidarse del tiempo, compenetrarse y darle paso a los susurros que esconden las obras.

No obstante, hay felices excepciones o en otras palabras, obras que hablan más alto que cualquier bullicio. Ese es el caso del trabajo de Yorely Valero Ladino, una artista de 23 años, que durante su corta trayectoria ha logrado dejar a más de uno sin palabras; literalmente.

En un interés casi obsesivo por elementos como la luz y el tiempo, esta artista bogotana ha desarrollado dos de sus más destacadas obras, Asilo (2013) y Ventanas (2015). Video instalaciones que invitan a la contemplación de instantes efímeros, o como ella misma afirma: “lugares o situaciones que me gustaría fotografiar una y otra vez, grabarlos, permanecer en la misma escena como pueda. Intentos de llevarme esta vista, de mostrarla y capturarla.” Se refiere a la vista que divisa desde la terraza de su casa, aquella donde ha vivido desde niña y  le ha regalado momentos de contemplación en los que la luz se ha convertido en su musa.

Ventanas
Imagen: Isabel Zuluaga Mesa
Ventanas
Imagen: Isabel Zuluaga Mesa

Para la realización de Asilo y Ventanas, Yorely grabó dicho panorama durante diferentes momentos del día, para luego proyectar cada vídeo sobre diferentes superficies. El primero, sobre una mezcla húmeda (cemento y arena) que dibujaba la silueta de las construcciones distinguidas desde la terraza y el segundo, sobre unas ventanas que la artista encontró en chatarrerías. Dejando de lado detalladas descripciones de las obras, vale la pena decir que lo más interesante es el quietismo que éstas emanan, colocando en un estado casi meditativo a cualquier espectador.

“Creo funcionar por imágenes; si tengo una idea de algo, una idea fuerte; no me sale de la cabeza hasta poder materializarla. No suele ser lo que pensé, pero si me sorprende, basta.”, afirma la artista, quien, además de realizar un trabajo que induce espontáneamente a la contemplación y a la calma, produce sensaciones que quedan resonando en la cabeza del público. Sin emplear discursos grandilocuentes o una maraña de ideas confusas para sustentar lo que hace,  Yorely emprende un proceso creativo denso, de mucha experimentación con los materiales y por supuesto, dedicación; resultando en un trabajo serio y reflexivo, que logra sostenerse por si solo.

Asilo, vista general
Imagen: Yorely Ladino
Asilo
Imagen: Yorely Ladino
Asilo
Imagen: Yorely Ladino

Su obra tiñe de esperanza el panorama del arte contemporáneo, ya cansado de los mismos temas y tanta palabrería. Es así como, despojada de egos y ganas de provocar, nos llama la atención sobre las sutilezas y los instantes perdidos. Una obra o mejor aún, un respiro que nos obliga a sentir, callar y contemplar.

Fe de erratas: por error, en la versión inicial del texto se dijo que el nombre de la artista es Yorely Ladino, cuando realmente es Yorely Valero Ladino. Pedimos excusas por la confusión (NdE)

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Isabel Zuluaga

Respira colores, formas y palabras mientras frecuenta cafés donde raya servilletas en medio de rumores de vidas. Apasionada por historias del cotidiano, fanática de Blink 182, noventera de corazón y viajera obstinada hacia el universo de sus sueños. También conocida como Zumbambico

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