Revista El Muro

Ante todo hay que tener en cuenta que no soy experto en teatro, ni mucho menos. He tenido la suerte de ir a unas cuantas obras muy buenas, pero la verdad han sido pocas. Hace unos días me honraron con una invitación a uno de los últimos ensayos con público de la obra “Despachados”, una obra inédita del escritor español Samuel Pinazo y dirigida por Quique Mendoza.

Entré de manera desprevenida, sin tener idea de la temática. Eso supone una ventaja, siempre, razón por la cual no voy a hacer una sinopsis, con la esperanza de que ustedes también vayan sin prevenciones de ningún tipo.

Antes de despacharme con un diluvio de halagos, si se me permite el tonto juego de palabras, debo decir que el título de la obra no me gusta, y como escritor en ciernes, estoy convencido de que el título de cualquier pieza artística es casi tan importante como la pieza en sí. Pero bueno, eso, para muchos, será lo de menos, y de hecho no me apetece profundizar en el tema.

La puesta en escena fue lo primero que me sorprendió. Generalmente los actores y el escenario están lejos del público, en una tarima, dando a veces la sensación de que eso que vemos es más bien ajeno a nosotros. Pero en “Despachados” estamos, literalmente, dentro del escenario. Es más, durante algunos pasajes tenemos que voltear nuestro cuerpo para poder seguir algo que está pasando detrás de nosotros. Lo que pretendo que quede claro es que aquellos que se animen a ir podrán adentrarse sin restricciones en el universo creado. Un universo, entre otras cosas, muy real.

Hablando de actores, y, de paso, del escritor, hay que anotar lo natural que resulta todo. Uno, como espectador, a veces siente que lo que está escuchando no es un guión, si se deja llevar, casi va a sentir que de alguna manera está espiando a un grupo de gente, que se volvió invisible y  subrepticiamente se coló en un pasaje importante, crucial, en la vida de tres extraños. Algo similar a lo que pasa cuando vemos una película de Woody Allen o Quentin Tarantino, en la que los diálogos están tan bien escritos y los actores interpretan tan bien sus papeles, que no parece una obra de ficción, que casi se podría decir que esa gente no tiene idea de que los están filmando.

despachados

 

La historia tiene un par de giros, que, a mi parecer, son predecibles, pero lo interesante del asunto es que aunque en varios momentos tenía muy claro para dónde iba la trama, no tenía idea de cómo iban a llegar a ese punto, y eso me resultó fascinante. Una historia de la que intuyo el final, pero eso, lejos de desengancharme, me ata aún más.

La dirección es impecable, pero no evidente. Como debe ser. Se nota después de haber disfrutado de la obra, cuando rememoras las secuencias, los movimientos precisos de los personajes, los picos en el ritmo de la trama, los momentos en los que estás sumergido en un marisma de tensión casi insoportable y de pronto, de manera súbita, te hacen reír como un niño, para luego volver a sumergirte en la angustia.

Sin duda es una obra que recomiendo, a ojo cerrado, vale le pena invertir el dinero de la boleta, no lo piensen, se van a divertir.

La pueden ver de miércoles a sábado en la Cra. 25 No. 39 – 74, muy cerca al park way.

Les dejo el tráiler para que se terminen de convencer:

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FICHA TÉCNICA:

Dirección: Quique Mendoza.

Autor: Samuel Pinazo.

Asistente de Dirección: Iván Jara.

Producción: Hombre Mono – La Guapa Films.

Arte y escenografía: Ana María Gaitán.

Foto Afiche : María Prada.

Fotos publicidad: María Prada y Andrés Valcárcel.

Videos: Felipe Orvi.

Reparto:

Manuel Sarmiento (Álvaro)

Alejandro Aguilar (Diego)

Iván Jara (Baba)

imagen central: Andrés Valcarcel

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