Revista El Muro

 

Por: Alvaro Vanegas

@alvaroescribe

Una pareja está en un zoológico en compañía de su hija de siete u ocho años. Los adultos necesitan hablar, así que buscan la manera de alejar a la niña unos segundos. El hombre le dice: “¿Por qué no vas a ver cómo hacen los elefantes?” La niña obedece y, cuando vuelve poco después y le preguntan si ya sabe cómo hacen los elefantes, contesta: “Sí, hacen verdecito y aguadito”.

Esta pequeña historia, este chiste de tres de la mañana y borrachera con vino barato, es una buena muestra del humor que caracteriza la película mexicana, dirigida, escrita, protagonizada y producida por Eugenio Derbez, (solo le faltó ser el claquetista), “No se Aceptan Devoluciones”.

La película parte de una premisa bien conocida: Un hombre lleva una vida de excesos y sexo sin compromiso, (no suena tan mal), y un día, por no usar condón, o por las razones que sean, una de esas amantes queda embarazada. Esa niña no deseada será primordial para que aquel hombre cambie sus prioridades y entregue su vida por otro ser humano al que ama incondicionalmente. Sí, con esta fórmula, usada y abusada, el señor Derbez se dio el lujo de recaudar la mayor taquilla de la historia del cine mexicano. Además, en gringolandia hizo la medio pendejada de 39 millones de dólares, algo inusitado para una película en español, superando, y esto es de no creer, a “El Laberinto del Fauno”…sí, yo también tengo ganas de llorar.

 

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La película no es mala, no voy a afirmar eso, es, cuando menos, entretenida, pero está lejos de ser la supuesta obra maestra que pretenden vendernos los amantes de la sensiblería. Y ojo, que se puede ser sensible sin volverse cursi. Parece que la gente consume cualquier cosa que tenga que ver con niños y/o animales.

En primera medida es muy difícil escuchar a Derbez y olvidarse del Burro de “Shrek”, personaje que, aunque entrañable, nos presentaron hasta el hartazgo. Por otro lado, los chistes al estilo de “Capulina” o “¿Qué nos pasa?”, se cuelan con sevicia en el guión, y a veces lo cogen a uno desprevenido,  resultando en algo  casi ofensivo. Pero no todo es malo; la niña actúa muy bien,  la forma en que simbolizan el miedo es interesante y hay un personaje espectacular de lo mismo idiota, que solo aparece al inicio y al final de la película y que además tiene una secuencia magistral, en el último acto, cuando le da una mala noticia al protagonista y que es, sin duda alguna, hilarante. Pero está llena de momentos absurdos, de giros totalmente predecibles, y de diálogos bobos, vacíos y los momentos realmente cómicos son escasos. El final es bueno, pero nos lo anuncian desde la mitad de la película.

En resumen, vayan a verla, pero recuerden que, como bien lo dice el título de la película, no les van a devolver la plata de la boleta si no les gusta.

Supongo que no queda mal terminar con un chiste pendejo, manido, repetido hasta el cansancio: “Después no digas que no te avisamos”.

 

Imagen tomada de: http://observandocine.com/no-se-aceptan-devoluciones/

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