Revista El Muro

Por: Bibiana Rueda

Tienes algún amigo que viva quejándose de todo “que malo que esta el clima”, “hay muchos trancones”, “el dinero no me alcanza”, “mi trabajo es lo peor”; o de pronto tu eres de los que a veces, sin querer, vives con la idea de transformar a los demás, de aconsejarlos para que cambian, hagan o digan, en ocasiones para que sean como tú. ¿Tienes a algún familiar que juzgue la gente por cómo se viste, como habla, de donde viene, como luce o donde estudió? Alguien que crea que la gente vale según su posición social. O de pronto, tal vez has escuchado de algunas personas que creen que su felicidad o una situación de alegría y comodidad provienen de afuera, por ejemplo, sería feliz si consiguiera este trabajo o lograra hacer algún viaje, o estaría alegre si ganara más dinero, o si mi esposo/a fuera más amable y cariñoso/a, o todo estaría bien en mi vida si se acabaran las peleas entre mis hijos y les fuera bien en el colegio.

Los ejemplos podrían ser muchos, pero entre estos pocos se puede evidenciar fácilmente una persona que aún no ha aprendido (porque no nos enseñan) a pensar, creemos y vamos por la vida fielmente asumiendo que todo corresponde al externo, nuestras alegrías, fascinaciones, desdichas, tristezas y triunfos, que esto lo causan los demás, que el mundo, la vida o Dios tienen la culpa de nuestro sufrimiento y que nada va a cambiar. ¿Cuántos de nosotros hemos intentado cambiar primero?

La realidad es producto de nuestra interpretación

Fuente: Archivo

Vivimos pensando que la realidad es externa, que existe per-se y que nada podemos hacer para que cambie o tan solo mejore y entonces alimentamos, con mas pensamientos, la idea de que “nos toca” vivir esa realidad, casi siempre negativa, somos ajenos a entender que la realidad externa nunca cambia, pero corresponde al interior de la persona que la vive, la realidad corresponde a lo que estamos pensando, a lo que tenemos en nuestra mente. La realidad se transforma para quienes la entienden y permanece para quienes la necesitan, para quienes deben vivirla, entenderla y tomar la lección. La realidad es producto de nuestra interpretación, si decidimos asumir (pensando) que todo está mal, que nos merecemos sufrir y que nuestra vida apesta, seguramente ese será nuestro cotidiano, cargado de noticias negativas y relaciones nocivas. Apropiémonos de nuestra realidad, entendamos la lección, vivámosla con amor y tengamos siempre presente que en la medida en que nos transformemos interiormente -o en otras palabras, pensemos mejor- así mismo cambiará el cotidiano.

Somos dueños y creadores de cada cosa que nos ocurre, porque antes hemos pensado en ello, somos responsables de nosotros mismos. ¿Por qué no empezar a pensar mejor?

 

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