Revista El Muro

Presentamos una reflexión sobre la libertad de expresión en el marco de la publicación del más reciente libro de Daniel Mendoza

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Esta reseña no va a ser como el resto. Quiero hablar del momento en que la opinión y la verdad se volvieron putas. No trabajadoras sexuales, sino putas. Porque en algún momento se volvieron re putas, pero putas del click.  Y luego sí haré una presentación del libro que me llevó a esta reflexión  la antigüita: primero, una presentación del libro y luego una evaluación del mismo.

Imagen: Editorial 531

Si alguien me lo pregunta, vivimos tiempos oscuros. Hace ni una semana una prestigiosa universidad echó a una profesora por sus posts en Facebook. Leí más de uno de esos posts y aunque muchos son muy inteligentes, algunos son una mamertada, mientras que otros nos recuerdan que su “Sanín” no es de los Sanín de Chiquinquirá, ahí a dos casas de donde mi abuela parió a mi padre, sino de otros Sanín, mucho más metidos en la rancia crema y podrida nata de la política nacional.

Creo que esa profesora tiene un caballito de batalla sobreexplotado, se ha mostrado groserísima con quienes le llevan la contraria y es la prologuista del peor libro que he leído en mi vida, lo cual le quitó millones de puntos… simplemente quiero decir que tiene muchísmos defectos, que es humana, que disiente y que aunque a veces exagere y otras se equivoque, muchísimas otras veces tiene la razón. Y que por eso crea polémica, denuncia y así hace crecer el debate, eje fundamental de cualquier sociedad democtrática. Que aunque no siempre tenga la razón, es una voz más a ser escuchada.

Expulsarla a esta profesora sólo por tener una posición crítica ante la universidad es una infamia, es mostrar que se está completamente cerrado al debate, un acto de fuerza bruta contra un pensamiento diferente. Y en últimas, mostrar que ella tiene razón, que lo que hace la universidad es la mera inquisición en pleno Siglo XXI. Puedo estar todo lo en desacuerdo con ella que quiera (la verdad, no pasa tanto como parece), Pero ir más allá del debate a la acción de fuerza es indigno de este tiempo de construcción de paz.

Hace unos meses también, una periodista cometió lo que a mi juicio es una violación grave a la ética: se metió en la vida de un policía en el marco de un escándalo de corrupción y prostitución en la entidad. No necesitaba destruir la vida del señor como lo hizo, y aunque no me gusta ni cinco su postura, rescato que destapara la olla podrida. Pero fue increíble que pasara el que resulta un secreto a voces: la mandaron a echar desde altos mandos, la presidencia misma, según ella. Es decir, habiendo hecho algo reprochable y sancionable, al menos moralmente, se le expulsó por el escándalo que valientemente destapó con su investigación. Es decir, la echaron por lo que estaba haciendo bien.

Son tiempos oscuros para la libertad en los que muchos medios tienen escritores simplemente para hacer escándalo diciendo que Batman es un paraco o idioteces similares pensadas para ganar clicks, más allá de la verdad o falsedad del contenido, de la corrección y limpieza de la argumentación (ojo, corrección lógica). Tiempos donde el click es el rey supremo por encima de la verdad, simplemente para mostrar números inflados con contenidos indignantes sin mayor profundidad, muchos escritos a la maldita sea para esconder tras una supuesta frescura contenidos abrumadoramente clasistas, racistas y sexistas.

Y así, ese periodismo que se convierte en la puta del click es también una violación a la libertad de expresión: la verdad y la opinión se convierten por igual en rameras pagadas con clicks y “me gusta”. Ese periodismo que crea cosas como “las 10 tetas más bonitas de rock al parque” (y nunca serán las 10 vergas más bonitas, eso no) y contenidos similares diseñados sencillamente en función de Don Dinero. Lo más gracioso es que eso pasa, sobre todo, en los medios más “alternativos”.

Así, cuando el bolsillo se afecta positivamente o no se beneficia, se censura por la “irrelevancia”, por lo que muchos artistas han visto cómo se les cierran las puertas porque no tienen suficientes “me gusta”, independientemente de su calidad, al menos en mi  área de trabajo.  Pero pasa también que verdades que por necesidad deberían ver la luz se condenan a las sombras por resultar inconvenientes para algunos. Y pasa también que algunos sociópatas se convierten en pobres jóvenes drogados y confundidos víctimas de una sociedad que no los entiende para no molestar a su poderosa familia. Tristemente, periodistas valientes, buenos o malos, son expulsados y callados porque “es que esa empresa es donante de esta revista” o “ese es amigo del jefe, no lo joda”.

Pero lo más importante de todo es que lo que se publique debe ser políticamente correcto aunque esté escrito a veintisiete madrazos por segundo. Es decir, podemos hacer un circo de una infamia como la violación de una niña de 7 años, pero de ninguna manera poner en cuestión la sociopatía de las élites o el machismo que permite que esa situación haya sucedido. Hay cosas intocables y que cuestan cabezas cuando se tocan, la ramera del click no se vende a lo que resulta realmente incorrecto. Es como South Park, que con discursos supuestamente libertarios jamás ponen en duda la superioridad de Estados Unidos, el blanco o el heterosexual en su discurso implícito. Perritos que ladran pero no muerden, que alardean pero no ponen la llaga en la herida. Porque claro que:

 

 

Tiene sus ventajas no tener sponsors y poder decir esto, sabiendo además que mi reflexión no saldrá del aire salvo que me amenacen muy feo o algo así, pero jamás por mandato de mi jefe o sus amiguis. Si me amenazan, lo haré saber.

Y bueno, tras la desintoxicación navideña, vamos al grano.

De cuando en vez, a la vedad y a la opinión les da por hacer un trío con la irreverencia y filmarse para sacar réditos más allá del dinero, más allá de la pornomiseria y los “me gusta” para crear algo útil. Cuando se denuncia con madrazos incluidos los torcidos se logra ir más allá del mero “yo creo” para mostrar lo indignante que es la realidad que nos ocultan. Y se puede hacer.

Es en este contexto social y político en el que nace “El Club El Nogal Amordaza al Escritor”. El texto de Daniel Emilio Mendoza cuenta las peripecias que ha tenido que vivir este escritor para poder mantener su membrecía en el Club el Nogal. Suena a una pendejada, suena a gomelito que no quiere que lo echen del club, pero realmente lo que Mendoza hace es loable: quiere quedarse en el Club pero no por lo renais del turco o las chicas que atienden en el bar, sino por principio: porque lo expulsan violentando su libertad de expresión.

Mendoza es el autor de “El Diablo es Dios”, un polémico libro editado por Planeta, y en cuya estrategia de mercadeo (o de expansión literaria) se abrió un Twitter con los pensamientos de los personajes. Así mismo, es autor de varias columnas de opinión donde se cuentan de manera muy bien argumentada (en la mayoría de los casos) faltas a la ética, torcidos, chanchullos y perversiones de algunos políticos y socialités colombianos. Muchas de esas columnas han desaparecido de la red, otras han sido censuradas y editadas para que no molesten a quien no quiere que se le moleste. Súmese a esto que el autor tiene una pluma comparable a un supositorio hecho a base de jalapeños envuelta en papel de lija: ARDE.

Por eso, por la vulgaridad y patanería innegable de su prosa, pero especialmente por meterse con cacaos de nuestra política tratándolos a los madrazos en sus columnas y por las palabrotas e imágenes que nacieron en el contexto ficticio de su libro y su Twitter, se le levantó un pliego de cargos en el Club El Nogal. La mayoría de nosotros simplemente los mandaría al carajo, pero Mendoza no, y lo hace porque es un atentado contra su libertad de expresión. El libro, prologado por Alejandra Omaña y editado por la Editorial 531, muestra en términos sociales y jurídicos, no por ellos aburridos, las consecuencias que ha vivido Mendoza por atreverse a escribir y pensar como se le da la gana en un entorno ultraconservador.

Así, el libro se divide en varias secciones: en la primera se presentan varios artículos que enfurecieron a la junta directiva del Nogal, divertidísimos de leer. Luego, la narración de los hechos, los cargos y descargos ante las acusaciones hechas en el Pliego presentado por el Nogal, y unas conclusiones finales, además de una carta de la Editorial invitando al Club al debate, y la respuesta de la institución, en la que simplemente se notifica de un nuevo pliego de cargos. La última carta llegó apenas unas horas antes de la impresión y alcanzó a ser incluida, pero tengo entendido que el Club accederá al debate (no doy fe de eso).

No es normal que me identifique tanto con un libro, pero este me llegó al fondo: a mí también me echaron de un Club de Tobi por pensar libremente y por eso sé el empute que puede llegarse a sentir, sólo que en mi caso fue de un trabajo, de una universidad en la que me opuse a prácticas diseñadas para abusar del bolsillo del estudiante. Por eso tal vez guarde tanta empatía hacia el autor y su situación haciendo que sus palabras calen tan duro en mí, a la larga sé la rabia que da cuando eso pasa. Eso, y que siempre he considerado que los males del país, o al menos el 95% de ellos, nacen en ese Club, por supuesto no de todos sus miembros, sino de personas como las que Mendoza cita en sus letras. Creo que son tan malvados que fijo es por ellos que el América duró tantos años en la B y que Zidane no deja jugar a James. Y antes de que me levanten pliego de cargos, esto último es una sátira. Lean el libro y entenderán la diferencia y por qué la constitución me ampara para decir semejante pendejada, aunque creo que el chiste fue tan malo que por eso sí merezco cárcel.

En líneas generales el libro me pareció divertidísimo. Salvo por dos o tres errores, está impecablemente bien escrito a pesar de la cantidad increíble de insultos que contiene. Mendoza da cuenta de su ingenio e inteligencia para responder y desestimar, al mejor estilo jurídico, las acusaciones hechas en su contra, sin convertir el texto en un ladrillo. Su argumentación es impecable y sabe llevar al lector por donde quiere, sobre todo, recordándole que El Nogal y sus directivos no está por encima de la ley, que la libertad de expresión no es una ventaja sino un derecho inalienable, y que cuando hay verdad en lo que se dice, el ejercicio de la misma no es un derecho sino un deber.

Tengo más bien pocas críticas negativas. Realmente, no soy fanático de la fotografía de portada ni del título. Así mismo, puede resultar un tanto reiterativo y hasta se siente que da vueltas, sin embargo, eso se debe, a mi juicio, a que la defensa realmente parte de postulados tan básicos que no requiere ir mucho más allá.

Hay que comprar este libro. Claramente, es uno de esos libros que se sacan por la sensación y el momento, pero definitivamente vale la pena, porque trata temas sociales atemporales del país: cómo nos mangonean y abusan de nosotros los de a pie. Cómo unos pocos en el poder abusan de la ley, se la pasan por la galleta y niegan verdades de Perogrullo  con tal de salirse con la suya. Y cómo para tener derecho a la dignidad y el buen nombre, hay que primero tener esa dignidad y ese buen nombre.

Para saber más del autor, sígalo en @eldiabloesdios

 

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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  • Mi nombre es Pedram Fanian, residente en Colombia y socio del Club el Nogal. He sido perseguido por el Sr. Daniel Mendoza por varios años y estoy mencionado en su libro. A momentos he sentido como una obsesión para el. Quizás algunas cosas que el autor ha inventado sobre mí sirven en fortalecer su objetivo de conseguir reconocimiento y en el proceso dañar mi imagen.

    Algunos de los inventos del Sr. Mendoza sobre mi (todos documentados y reportados a las autoridades) son tan crueles que me han han deprimido y decepcionado. Un caso concreto: El señor Daniel Emilio Mendoza ha sugerido que yo podría tener presuntos vínculos con Islamistas peligrosas y que podría hacerle daño físico. Tales declaraciones sensacionalistas (totalmente fabricados y falsos) y hostigamientos oscuros en mi contra sobre un tema tan sensible no es un tema de libertad de expresión sino un ataque contra mi dignidad, especialmente cuando es bien conocido en el Club que el ¨Irani¨ que el Sr. Mendoza degrada comparte una amistad cercana con su padre. ¿Sr. Mendoza no cree que puede hacer un debate honrado sin adoptar la estrategia venenosa de ¨una falacia repetida mil veces se convierte en una realidad¨ para afectar mi honor? ¿El Sr. Mendoza sabe que el hostigamiento por raza o etnicidad no es solo una falla moral sino también un delito penal?

    Menos impactante que su invento sobre mis nexos con grupos islamistas, sin embargo merecedor de mención, es el cuento que soy culpable de la corrupción cuando estuve en la Junta Directiva del Nogal y fui en favor de un contrato de seguridad más costoso que algunos otras alternativas. Esencialmente el debate en la Junta fue si queremos que los trabajadores de seguridad ganan más dinero para motivar un buen ambiente laboral, la cual obviamente habría significado un costo adicional. (La diferencia hubiera sido apx unos 9 millones por mes.) Califico las acusaciones calumniosos de corrupción y las cifras del Sr. Mendoza como sensacionales. Estoy orgullosos de mi posición. Las actas de la Junta Directiva demuestran que siempre hice el debate con firmeza, franqueza y transparencia y que siempre mi objetivo fue promover un mejor ambiente laboral para los trabajadores aunque hubiera significado un costo económico adicional para el Club.

    El Sr. Mendoza en su libro construye una narrativa de una persecución en el Nogal contra de un autor. Sin embargo, en mi concepto nadie lo quiere perjudicar puramente por sus escritos de ficción o su interés en la industria pornográfico. El libre pensamiento es su derecho y yo soy el primero en defenderlo en eso. Sin embargo, ningún concepto de la libre expresión puede justificar actuaciones que intencionalmente ofenden a personas honestas y dignas. (Algunos de sus presuntos actuaciones en el gimnasio llevaron a unas veinte señoras escribir y manifestar sus desacuerdos con ellos.) En breve, la libertad de expresión no significa la libertad de afectar la imagen de una sociedad injustamente, o dañar la dignidad humana de personas con las que el no comparte una visión del mundo.

    ¿Por que lo hace? Las razones son varias, y depende en el objetivo de sus frases perjudiciales, pero en mi caso particular, el Sr. Mendoza tiene la paranoia que por criticar aspectos de la polémica presidencia de su profesor y mentor, el abogado y ex-magistrado Julio César Ortiz, cuando fui miembro de la Junta Directiva del Club el Nogal hace unos años, yo fui el promotor de su salida anticipada. Sobre el tema, el Sr. Mendoza ha escrito y ha dicho que su motivo en vengarse y hacer feliz a su mentor.

    Mi mensaje al Sr. Mendoza: Por favor deje de actuar como un adolescente en rebelión sin causa. En sus propios palabras usted fue expulsado de varios colegios pero usted ya es un adulto. Ser un bully no es aceptable. Por favor no mas — no por mi o las otras personas que usted ha dedicado tanto tiempo en atacar, sino por sus hermanos quien lo aman pero no aceptan ni apoyan sus comportamientos turbios y conflictivos y, en particular, tenga consideración con su querido padre, mi amigo de alma, quien siente una profunda pena y tristeza cada vez que usted escribe contra gente honorable y ataca con vulgaridades y, en mi caso, xenofobia.

    Por último, el Sr. Mendoza fue sancionado por 5 años del Club el Nogal. Quiero decir que aunque el me ha insultado y me ha afectado negativamente, mi sentimiento sobre la noticia de la sanción no era de felicidad. Considero la figura del Sr. Mendoza como una persona sola, a menudo utilizado por los demás, y siempre en la búsqueda de reconocimiento.

  • Unos comentarios a aclaraciones adicionales… primero me disculpo por los errores gramaticales en el texto. El español es mi tercer idioma y que lo pueden observar toca mejorarlo. Segundo, mi teoría que el Sr. Mendoza quiere vengarse por lo que considera mi rol en la salida de su profesor de la Presidencia del Nogal es colaborado por algunas personas a quienes el Sr. Mendoza mencionó tal motivo. Tengo que aclarar que nunca lo ha escrito así — ¨me voy a vengar…¨ — pero el contenido colectivo de sus escritos y artículos demuestran una admiración y convección obsesiva por su profesor y mentor Julio Cesar Ortiz y un odio y resentimiento obsesivo hacia mi.

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