Revista El Muro

Nuestro grafitero David decidió escribir un lindo cuento que nos habla sobre la incesante búsqueda del amor y los errores que cometemos al buscarlo

Por: David González

Érase una vez un joven que luchaba por ser amado. Con este fin pasaba largas horas absorto en la pantalla de su celular. Sin embargo, sus amigos lo mandaban al buzón de voz, y las mujeres a las que cortejaba ignoraban sus mensajes. A veces, después de mucho esfuerzo, encontraba una amante pasajera, o un conocido con el cual ir a tomarse unos tragos, pero no conseguía una relación en la que hubiera verdadero amor.

El joven pensaba que había algo malo con él, y que si descubría el error y lo reparaba podría encontrar el amor que tanto anhelaba. Así, se propuso ir al gimnasio tres veces por semana y a perfumarse antes de salir a la calle; se inscribió a clases de francés, para parecer sofisticado, y se convirtió en un asiduo lector de la Revista El Muro para tener siempre algo de qué hablar. Pero nada funcionó. Su vida se alternaba entre largos periodos de soledad, fiestas repletas de desconocidos y relaciones fugaces e insatisfactorias.

Un domingo por la mañana, desesperado, decidió salir a buscar ayuda. Lo primero que se le ocurrió fue ir a una cafetería cercana atendida por un viejo con fama de sabio, a quien muchos en el barrio acudían en busca de consejos. Para sorpresa del muchacho, el anciano estaba arrodillado frente a su local y examinaba el piso con cuidado.

—Señor —dijo el joven—, perdóneme que lo interrumpa, pero sé que a veces la gente le cuenta sus tristezas, por lo que con mucha pena vengo a pedirle que me ayude a aliviar las mías.

—Ja ja ja, ¡pero qué dramático! —respondió el viejo levantando la mirada—. ¡Parece que te tomas la vida muy en serio! Vamos, relájate y cuéntame lo que te pasa.

El joven procedió a desahogarse; le confesó al anciano que no había verdadero amor en su vida, y le explicó cómo todos sus esfuerzos por remediar esto habían sido en vano. Tras escuchar la historia, el viejo le dijo:

—Te entiendo. Mira, te propongo un trato: se me ha perdido una llave que necesito con urgencia; si me ayudas a encontrarla, te daré la solución a  tus problemas, ¿te parece?

Como no tenía nada más qué hacer, el joven accedió; se arrodilló junto al anciano y empezó a escudriñar el suelo frente a la cafetería. No obstante, después de media hora, y al ver que la llave no aparecía, comenzó a  impacientarse:

—Por aquí no parece haber nada, viejo. Ya busqué lo mejor que pude. ¿Está seguro de que la llave se le perdió en este lugar?

—Bueno —respondió el anciano—, la verdad  es que la perdí en el sótano de la cafetería.

—¿Entonces por qué  me pide que la busque aquí afuera? —exclamó el joven, irritado—.

jovenamor

—Lo que sucede es que la llave se me cayó por accidente cuando pasaba junto al sótano —respondió en viejo—, pero realmente nunca he entrado allí porque me da miedo, pues está oscuro y desordenado. En frente de la cafetería, en cambio, hay luz y me siento tranquilo, por eso prefiero buscar aquí.

—¡¿Pero qué disparate es este?! —exclamó el joven—. ¡La gente de este barrio debe estar tan loca como usted al creer que es un sabio!

—¿Y qué harías tú, ya que pareces conocer la solución?

—¿La pregunta es en serio, viejo? ¿Acaso no se da cuenta de que sin importar qué tanta luz haya aquí afuera, ni qué tan cómodo se sienta, nunca va a encontrar la llave a menos que entre en el sótano?

—Pero ya te dije que me da miedo, pues está oscuro y desordenado —replicó en viejo.

—Pues entonces tiene que llevar algo con qué alumbrar el lugar, y si en verdad está hecho un desastre, tal vez sea esta la oportunidad para que lo limpie, ¿no le parece?

—Ah… —dijo el viejo con una sonrisa—, veo que eres sabio para estas cosas prácticas de la vida, pero eres igual de loco que yo en lo que a buscar el amor se refiere.

—¿Por qué dice eso, viejo, qué tiene que ver lo que me pasa a mí con su locura?

—Pues que al igual que yo, buscas lo que te hace falta donde no se encuentra. El amor está dentro tuyo, y no importa con cuánta determinación lo busques afuera, en el cariño y el reconocimiento de los demás, solo lo vas a encontrar si vas adentro. Sé que no estás acostumbrado a ir allí, y al comienzo seguramente no verás nada, o tal vez te topes con cosas viejas y desagradables, como emociones reprimidas, miedos y recuerdos dolorosos. Pero tal vez sea esta la oportunidad para que encuentres la luz que yace en tu corazón y hagas un poco de limpieza en tu interior, ¿no te parece?

Imagen: Tim Pirfält, Creative Commons. Reproducida desde http://www.scottwilsonleadership.com/looking-for-love-wrong-places/

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