Revista El Muro

Hablamos con Jaume Blanc  (El Toubab) y su hermano Didac sobre la aventura musical que emprendió el primero en el año 2012, su historia, expectativas y visión del rock and roll.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

En la ciudad de Reus, cerca a Barcelona nació Jaume Blanc. Su hermano Didac (hoy en día su manager y compañero de aventuras) llevó los primeros vinilos de Rock español a casa para escucharlos juntos. Y así, con Leño, Alarma, Tequila, Baron Rojo y Barricada, ese niño de 8 años empezó en el Rock and Roll. Mensualmente compraban el disco que venía con la revista AutoPlay que retrataba el Boom del rock español, ese rock que nació después de Miguel Rios, cuando algunos argentinos huyendo de la dictadura llegaron a inspirar los músicos del país ibérico a hacer sus propias canciones.

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El Toubab en Bogotá. Imagen: Catherine Camacho

Jaume pasó por varias agrupaciones, una carrera más o menos exitosa que duró veinte años, pero que siempre se mantuvo en el underground. Agotado y desilusionado del negocio musical, decidió tomarse una pausa de los grupos. Se retiró, pero aún tenía algunas canciones compuestas y maquetas preparadas. El sello Kasba Music las escuchó y lo invitó a grabar e iniciar su carrera musical con el trabajo “Por necesidad”.

En ese momento, no había proyecto musical. El tiraje de 1000 copias del disco necesitaba un nombre para su autor, y Jaume no se sentía cómodo poniendo simplemente su nombre. Así, decidió llamarse “El  Toubab”, un término del dialecto de Senegal que traduce “Hombre Blanco”. Jaume, ahora Toubab, eligió este nombre porque, primero, su apellido es Blanc, y segundo, es un amante de Senegal, uno de los lugares en los que ha dejado un pedazo del corazón, tal vez el más grande.

Para componer, Toubab se inspira en sus viajes y vivencias. Sus canciones son muy directas, porque las hace en el camino. Trata de no arreglarlas mucho para que suenen frescas, auténticas, sin mayor trabajo de producción y sobre todo, con mucha alma. Graba tan rápido como puede para que suenen a presente, a esencia antes que a arreglo. Es rock and roll que vuelve al origen, a la carretera con una guitarra y muchos coj… mucha valentía.

Se inspira en Buddy Guthrie, padre del Folk estadounidense, e inspiración de Bob Dylan. Guthrie cantaba durante los tiempos de la depresión mientras viajaba del sur al norte. Tocaba en las protestas, frente a las fábricas… en la calle. Por eso, para crear sus canciones viaja y recorre el mundo, un viaje que lo ha llevado a Senegal, Alemania, Canadá y recientemente Perú, Ecuador y Colombia,, pero no a los grandes escenarios, sino a cafés, bares, metros y la calle.

Sus viajes no fueron premeditados. Un proyecto nuevo sin mayor público necesitaba tomar vuelo y vio que en Berlín y Los Ángeles se puede vivir bien de la música independiente. Así, se fue a esa ciudad y tocó en las calles para financiar la grabación de su siguiente disco vendiendo  las copias de “por necesidad. Y al regresar a España, su aventura inspiró a Juantxo Skalari  de SkalariaK para hacer una gira por Europa en tren, tiempo en el que compuso “Viaje Sin Retorno”.

El nombre “Viaje sin retorno” se inspira en una puerta que hay en la casa de Los Esclavos, en la Isla de  Ngor, frente a Dakar, durante el vergonzoso momento de la historia en el que varias potencias europeas secuestraron miles de africanos para llevarlos, cruzando por esa puerta, hacia la esclavitud en América. El nombre del trabajo es una metáfora, el viaje de la música del que Toubab ya no va a regresar, el paso rumbo a lo desconocido.

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Una guitarra llena de esperanza. Imagen: Mauricio Moreno

En Berlín conoció mucha gente, incluyendo músicos de Canadá. Inspirado por sus nuevos amigos, se fue a ese país por nuevas experiencias, a conocer personas y situaciones que lo ayudaran a encontrar canciones. Sucedió algo muy curioso: estaba en una estación de metro tocando “Lágrimas Negras”, canción tradicional cubana de Miguel Matamoros, y llegaron tres músicos  con banjo, contrabajo y cajón. Miraron a Toubab, sonrieron y se le unieron. Tan pronto como llegó el metro, desaparecieron sus instrumentos. Y de ahí nació la idea de tocar con músicos latinos para hacer su segundo trabajo.

Durante cinco días, se reunió con músicos de Ecuador y Colombia a grabar un trabajo que ellos no conocían. Decidió ir a estos países y a Perú, celebrando además 25 años de oficio. Vino a Suramérica y se subió a un bus para recorrer los tres países haciendo tocadas de vez en cuando. Vino con su hermano Didier y conocieron música como la de Monsieur Periné y Bomba Estéreo, además de reencontrar a sus ya conocidos y queridos Aterciopelados, así como los vientos y acordeones de nuestros sonidos más tropicales. Música que de alguna manera influirá sus nuevos sonidos. Aunque su base es rockera, no se preocupa mucho por el género, y todo esto puede tener cabida en la música de este cantautor rockero.

En todos sus viajes ha sobrevivido con el dinero que recibe cuando toca, pues sale sin un “duro” en el bolsillo. Con eso, “Sangra tinta”, rebusca la vida y compone más sinceramente. Trabaja sus canciones a partir de la realidad, de vivencias que acompaña con su guitarra y una libreta, estando siempre obligado a moverse, andar la carretera y salir adelante en medio de experiencias que lo inspiran.

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El Toubab en Bogotá. IOmagen: Catherine Camacho

El Toubab cree en la autogestión, la pasión y las ganas de trabajar. Quiere llegar a mucha gente, pero sin dejar de estar “de tú a tú” con su público. Este hombre que hace 30 años leía a Tintín, recorre hoy el mundo con su guitarra con un proyecto propio e independiente  con el que cada vez encuentra más personas e historias, una aventura que le ha permitido cantar con los que admira, visitar tres continentes y casi que seguir los pasos de su héroe de infancia conociendo cada lugar, su cultura y su gente. Y eso es un éxito más grande que el que cualquier disquera podría darle.

Pero el camino está  lejos de terminar. Por ejemplo, sueña con llevar su guitarra llena de esperanzas al Tibet. Mientras tanto, seguirá tocando en espacios donde pueda tener impacto social, porque a él también le interesa llegar a las cárceles y las escuelas, las casas de okupas, a los lugares marginados, para alegrar un poquito la vida de quienes lo reciben. Un lujo que le da la independencia musical, la expresión de sus ganas de hacer del mundo un lugar mejor.

Para el Toubab, La clave está en dejar el miedo de lado y hacer lo que se quiere. Lo que paraliza los sueños es el miedo, porque dormir, comer y hacer lo que se quiere es lo importante, aunque por eso se pierdan dinero, amigos y amores… pues la recompensa siempre va a ser mayor. Porque, como señala Didier (su hermano), lo que importa es hacer las cosas, tomar la carretera, arriesgarse y ver cómo llegan sonrisas del corazón.

Los dejamos con su más reciente video: “Esta guitarra”

Para saber más, sigue al Toubab en
                                                                     

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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