Revista El Muro

Presentamos el segundo álbum de la divertida agrupación bogotana de Funk

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Atrás quedaron los años de las bananas suicidas que componían canciones. Porque sí, el mito central de los Flying Bananas en su primer álbum, “Teorías hilarantes de conspiración de un banano hipercubicocósmico”, era que las canciones eran hechas por un abogado que se suicidó disfrazado de banano y ellos sólo difundían su palabra. Tal vez ya no difundan las teorías del banano volador, pero la buena música y sobre todo la actitud divertida, combativa y crítica de la banda de funk hip hop bogotana siguen presentes en los 12 cortes que ponen a brincar al oyente  durante los 31:21 que dura el trabajo que presentaron en 2017.

El álbum, uno de mis favoritos personales de 2017, se llama “Empanada Junkies”. La caja es un librillo sencillo con un bolsillo interior que resguarda al disco (aunque tengo entendido que eso cambió por problemas que señalaré más abajo). La portada y contraportada son imágenes surreales en las que astronautas interactúan con empanadas en espacios diversos e imaginarios, como el metro de Bogotá o un desierto con ovnis, imágenes de autoría de Andrew Rendón y Jorge Nova. La grabación, mezcla y master se realizó en Bison Studios  y estuvo a cargo del Ciudadano Z, a excepción de ‘Salud’ (Master de Carlos Rodriguez), ‘War on drugs on drugs’ y el remix de ‘tarde otra vez’, ambos masterizados por Gux Swadharma

 

 

El disco abre con ‘Dos pesos’, una canción que nos recuerda, primero, que escuchamos a los Flying bananas de siempre, y que critica la vida normal, frustrada y corrupta en la que se renuncia a lo que se quiere, cambiando el alma por dos pesos y entregando el agujero, una tonada funky con teclados y guitarras potentes que abre paso al segundo sencillo que lanzaron previo al disco: ‘Tarde otra vez’, una crítica rapeada a la irresponsabilidad del bogotano promedio -aunque le pega casi a cualquiera- con un video que hay que ver. Luego, viene ‘fucking puppet’, un interludio que no está en deezer y que critica duramente a la “expresión creativa” de gente que simplemente sigue tendencias.

La rumba funkera sigue con ‘Salud!’ una divertida canción que habla sobre la fiesta y esa vieja costumbre colombiana de derramar un chorrito de licor “para las santas ánimas” antes de empezar a beber, pero cuestionándola al decir que el muerto va al hoyo y el vivo al baile. Posteriormente viene ‘El futuro es hoy’, otro interludio que  abre espacio a ‘Mundo Funktástico’, un himno a la unión de las escenas hecho junto a 4 cabezas de Medellín, y que fue el tercer sencillo lanzado del álbum. Luego viene ‘Unión’, un himno a la música y al amor por ella que va entre el funk, el rock y el hip hop y que nos invita a rockear for ever, la primera muestra de este trabajo hace ya un buen rato.

Batería y bajo se unen para abrir  ‘De Frente’, una canción que invita al cambio, superando el egoísmo e invitando a la comunión, pero usando los sonidos menos jipis que uno se pueda imaginar. En deezer sigue ‘Bullshit’, pero en el disco este interludio  es el octavo corte y realmente va mucho mejor allí que como está organizado en las plataformas (o al menos en deezer que es la que siempre uso).  El noveno corte es ´War on drugs on drugs’, un nuevo interludio sobre el fracaso de la guerra contra las drogas. El trabajo cierra con ‘La lección del diablo’, la… “baladita del disco”. Finalmente, aparece un remix de ‘Tarde otra vez’ hecho por Gux Swadharma, un remix muy bien hecho, o al menos a mí me gustó a pesar de detestar la mayoría de remixes.

El trabajo tiene un concepto sólido, es divertido y está tremendamente bien hecho. Una gran producción, empanadas, diversión y letras mucho más profundas de lo que aparentan ser. Los Flying Bananas con sus dos MCs rapeando liricas divertidas y pensadas acompañados de una banda que suena muy sólida y que, sin perder lo divertido de su primer álbum, revienta oídos y consciencias a punta de buen funk mezclado con hip hop y rock.

La única crítica que tengo es a la caja, básicamente porque convierte al disco en un frisbee. Lo pueden decir los que iban conmigo en el SITP que tomé justo después de adquirirlo. Mi copia tiene varios rayones por eso, porque sin importar el cuidado que se tenga, el disco sale volando con facilidad. Aunque eso tengo entendido que ya se solucionó, es una falla importante para los dinosaurios a los que las plataformas no nos suenan tan bonitas. Y bueno, no me cuadra que se hable de doce cortes cuando cuatro son interludios, pero eso si son chocheras mías.

Pero este es un disco para no perderse. Tal vez ya no lo vendan con empanada, como hicieron para promocionar el lanzamiento, pero definitivamente vale la pena escuchar y tener este trabajo que aunque sea corto, levanta los ánimos en cualquier fiesta. Tal vez ya no sea el disco de un Santamaría Lafurie suicida, pero sin duda, es uno de esos discos que su viejo reproductor de CD merece, o mejor, que exige, para que arme una buena fiesta de empanadas, pogo, funk y rock and roll.

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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