Revista El Muro

 

Por: David Gonzalez

¿Cuántas veces te has aguantado las ganas de llorar por vergüenza? ¿Cuántas veces has comenzado a respirar despacio para controlarte y evitar que las lágrimas te delaten? La mayoría de los hombres, en algún momento u otro, hemos reprimido nuestra tristeza, a la que percibimos como un signo de debilidad. Es algo que hemos aprendido desde pequeños. Quizás nuestros amigos se burlaban cuando llorábamos, o nuestros familiares nos reprendían, pues “los hombres no lloran”.

Luego, cuando adultos, quizás nos haya pasado alguna vez que sentimos la necesidad de llorar, de dejar salir aquella tristeza acumulada; pero ya no podemos. Estamos tan habituados a mostrarnos fuertes que perdimos la capacidad de estar en contacto profundo con nuestras emociones. Entonces pasa que perdemos incluso la conciencia de estar tristes, y llegamos a creer que no nos pasa nada, mientras una tristeza profunda aguarda en nuestro interior, cubierta por máscaras y protecciones que llevamos sin darnos cuenta. Solo de vez en cuando se caen esas máscaras, como cuando sucede una tragedia lo suficientemente terrible y sentimos que podemos llorar sin destruir nuestra imagen de hombres fuertes, o cuando nos desinhibimos mediante el alcohol u otra sustancia similar.

Pero ¡qué triste es esto! Qué triste estar desconectados de los que sucede en nuestro interior… y qué peligroso. Es como si nos empeñáramos en no ir al baño —suponiendo que esto fuera posible— por temor a que los demás se dieran cuenta de que tenemos necesidades fisiológicas. ¿Qué nos sucedería? Seguramente nos intoxicaríamos y caeríamos gravemente enfermos. Lo mismo sucede con las emociones. Si no las dejamos salir, se acumulan adentro y nos intoxican. De pronto un día las somatizamos y nuestro cuerpo comienza a reflejar, a través de una enfermedad, aquella energía que se estancó y se pudrió en nuestro interior.

 

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En el fondo, el problema surgió porque estar en contacto con la energía femenina era percibido como un signo de debilidad. Y esto fue así hasta tal punto que incluso algunas mujeres comenzaron a negar su propia energía femenina. Pero, ¿qué son la energía femenina y masculina? Están presentes en todos, hombres y mujeres, usualmente en diferentes proporciones. Antes, la energía masculina era más intensa en los hombres, y la femenina, en las mujeres. No obstante, por fortuna esto ha ido cambiando, ya que para estar sana y conocerse a sí misma plenamente, cualquier persona debe abrazar por completo ambos tipos de energía.

La energía masculina se proyecta hacia el exterior, es acción, se pone en marcha. Es lo que posee al cazador y lo obliga a perseguir su presa sin descanso hasta vencerla. Es la energía que va a la batalla. Que ansía poseer, dominar, conquistar, lograr. Es una energía realmente hermosa, gracias a la cual se superan grandes obstáculos y los sueños se convierten en acción. La energía femenina, por su parte, es pasiva, receptiva; está en profundo contacto con el interior. No empuja las cosas, no las arrastra mediante la fuerza; en cambio, abre un lugar adentro y e invita, un espacio sin el cual no podría darse ninguna comunicación, ninguna comunión. Es la energía que nos permite apreciar y recibir lo que llega del exterior, es la que permite que seamos afectados por las cosas, la que deja que entren, nos inunden y nos transformen. Es la que nos lleva a llorar al ver una hoja o al oír el sonido del viento.

Además, cuando el llanto es real y no proviene de algún drama, se siente muy bien. ¿Quién no ha experimentado la calma profunda que viene tras las lágrimas? ¿Acaso no es como el sol que aparece cuando las nubes grises se disipan después de la lluvia? Es algo hermoso que nadie debería perderse. Es como si el corazón se arrullara a sí mismo y un manto tibio se posara sobre nosotros, al tiempo que una dulce voz nos deja saber que todo está bien.

La invitación, entonces, es a que todos aquellos que están desconectados de su energía femenina —no solo los hombres— se permitan experimentarla completamente, de manera que, además de crear cosas, puedan disfrutarlas realmente.

Imágenes tomadas bajo licencia creative commons de

http://www.themichaelteaching.com/michael/applied-michael/masculine-feminine-duality/

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