Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

De todos los deportes extremos o alternativos, tal vez la escalada es el más reconocido. Pero eso no quiere decir que lo practique muchísima gente, porque en efecto, hay que tener mucha fuerza de voluntad para subirse a una roca o una pared sin tener, aparentemente, mucha protección. Pero en la escalada hay mucho más que fuerza y cuerdas, y no es tan insegura como podría parecer. Por eso, decidimos internarnos en este mundo hablando con Daipiero Gómez y María Alejandra Sánchez, dos aficionados a este deporte, quienes nos explicaron no sólo en qué consiste la escalada, sino su experiencia con este deporte.

Hay varios tipos de escalada. La división más básica es la de exteriores (aire libre) e interiores (gimnasio). En ambos ambientes, se pueden hacer escalada en Boulder (es decir, se escala un bloque pequeño con un número limitado de pasos) o ruta (es decir, un camino largo que exige un número indefinido de movimientos). Así mismo, también se clasifica según si se usan o no elementos y si estos se taladran a la roca permanentemente (deportiva) o se remueven tras el paso del grupo de escaladores (clásica). También existe el psycho block, en donde se escala sobre un gran cuerpo de agua sin seguridad (quien cae, lo hace en el agua) o la escalada en hielo, que exige equipo adicional como piolets y crampones.

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Es importante conocer los límites del cuerpo y la mente cuando se está en la práctica.

El tipo de escalada por el que se opte determinará el costo de este deporte. El equipo básico son una talquera con magnesio (para secar las manos por el sudor), y unos zapatos tipo gato, cuyo costo puede ascender a 120.000 pesos (unos 70 dólares). Pero según el tipo de escalada, pueden requerirse implementos más costosos, como cintas, arneses, cuerdas y crampones, los cuales aumentan el precio de este deporte. Sin embargo, para quienes no cuenten con esos recursos hay esperanza: Los gatos son opcionales (cuando no se sienten cómodos, aunque son altamente recomendados) e incluso hay lugares en los que no se puede utilizar magnesio por el impacto que tiene sobre la roca. Por otra parte, el equipo necesario en los gimnasios es mínimo y en muchas ocasiones proveído por el establecimiento, y además, es posible comprar el equipo entre varios o conseguirlo prestado de los escaladores experimentados, quienes suelen compartirlo siempre y cuando se haga un uso responsable de los implementos de los cuales, en últimas, depende la vida.

Actualmente, se intenta reformar la Federación Colombiana de Escalada para poder tener apoyo e ingreso a las competencias internacionales. Sin embargo, esta entidad existió hace tiempo y los problemas de impuestos y legales que dejó ha impedido que se pueda retomar. Tampoco ayudan las diferencias internas entre escaladores y montañistas, que impiden la creación de una nueva entidad. Así mismo, aunque el gobierno (por ejemplo el I.D.R.D.) ha intentado apoyar a los escaladores, los problemas de burocracia y politiquería (además de la corrupción sobre la que se rumora) han impedido una política distrital estable que apoye esta práctica.

La escalada es un deporte de alto riesgo cuando no se practica con las precauciones necesarias. Pero en ese sentido, hasta el ajedrez es un deporte de alto riesgo. El sentido común es lo principal que debe tener un escalador, y eso implica mantener las condiciones de seguridad de manera estricta. Siempre hay posibilidad de lesiones, pero si se apela al sentido común, son las mismas que hay en cualquier práctica que no se hace de manera adecuada. Así mismo, es importantísimo ser consciente de que se debe llevar un proceso y no simplemente lanzarse a la ruta más compleja cuando apenas se está aprendiendo cómo ponerse el arnés. La seguridad, especialmente en este caso, se relaciona con el sentido común.

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Es difícil encontrar un escalador que no sea un completo apasionado de su deporte.

El mayor competidor es el miedo. Es completamente natural sentir miedo cuando se está colgado de una cuerda (o sin ella) a treinta metros del piso. Hasta el escalador más experimentado lo siente. Por eso es importante conocer los límites del cuerpo y la mente cuando se está en la práctica, para saber qué se puede hacer y qué no. Pero lo apasionante de la escalada es justo eso: superar el miedo y llevar el cuerpo más allá, entrenarlo y desarrollarlo. Así mismo, los escaladores encuentran emoción en la práctica, una experiencia que Daipiero define como casi mística, espiritual, porque hay contacto con la naturaleza, concentración y casi que meditación cuando se está sólo con la roca; pero también hay compañerismo, paciencia y amistad en esta práctica cuando se hace con otras personas. Es una práctica que no sólo moldea estupendamente el cuerpo, sino que genera valores en sus practicantes, y que además enseña a vivir en el aquí y el ahora. Por eso, es difícil encontrar un escalador que no sea un completo apasionado de su deporte.

Da miedo. Y mucho. Pero es un deporte muy interesante. Y sus enseñanzas se pueden aplicar a todo en la vida. Principalmente, que si se quiere hacer, hay que hacerlo, aunque eso implique paciencia, perseverancia, aguante y hasta terquedad, siempre que se tenga claro el objetivo. Pero si se es bueno en lo que se quiere, hay que intentarlo y seguirlo practicando. Y si no se puede, o se descubre que no es lo que se quiere, al menos se intentó. Como con todo lo demás, para ser un buen escalador, es necesario enfrentar el miedo y coger la primera presa…

 

Imágenes interiores: Camilo Casadiego

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