Revista El Muro

Te presentamos esta nueva versión de la historia de Moisés y el éxodo de los Judios

País:      Estados Unidos

Director:             Ridley Scott

Protagonistas: Christian Bale

                               Aaron Paul

                               Ben Kingsley

                               Sigourney Weaver

Presupuesto: US$ 124 millones

Un par de amigas historiadoras argumentan que la película está llena de imprecisiones históricas que a la mayoría de los mortales se nos escapan, y tienen razón. Por lo menos a mí se me escaparon. Pero estoy convencido de que el cine, —como la literatura por ejemplo— a veces se toma ciertas libertades en aras de contar una historia, las llamadas “licencias narrativas”, y en ese orden de ideas, ver una película como “Éxodo” buscándole el quiebre en ese aspecto es un error, creo yo. Desde que Moisés no le cuente sobre las plagas a Ramsés por Facebook, y que no le dé por tomarse una selfie frente al Mar Rojo para subirla a Twitter, creo que las imprecisiones pueden pasarse. Dicho esto, hablemos de cine.

Ridley Scott, responsable de clásicos como Alien, el octavo pasajero y Blade Runner, entre otros, se embarca ahora en la tremenda responsabilidad de contar una historia que ha sido contada en incontables ocasiones, y que la mayoría —católicos, protestantes, ateos y reptilianos— conocemos o creemos conocer al dedillo.  Y a mí parecer pasa la prueba con altura. Esta es una muy buena película, despojada de la carga religiosa de absolutamente todas las otras versiones, pero sin perder de vista que, sea como sea, la historia necesita de Dios como personaje imprescindible, personaje que merece ser construido como lo que es: Dios. Y no, no estoy hablando de religión, ni de ningún tipo de creencia, me refiero a narrativa, solo eso. Y es que el Dios que nos muestran, representado por un niño con cara de ser el bully del curso, es ese dios castigador e implacable, que, admitámoslo, narrativamente es mucho más interesante que este nuevo Dios repleto de amor y compasión en el que algunos creemos.  Es una especie de alucinación, (solo lo ve Moisés, y él mismo a veces siente que está loco), que no se anda con rodeos y cuyos métodos de persuasión ameritarían una larga discusión aderezada con varias botellas de vino.

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Imagen reproducida desde girlsonfilm.wordpress.com

La primera mitad de la película, tal vez más, se centra en los personajes y su evolución, dejando la historia como tal en segundo plano. Un elección riesgosa si se toma en cuenta que el espectador promedio preferirá mil veces una explosión gigantesca a unos minutos de buenos diálogos. Nos muestra a un Moisés muy alejado del profeta redentor que nos vende la biblia, un Moisés lleno de conflictos y oscuridades, en otras palabras, una persona normal, de las que no estaría tan dispuesto a abandonar la comodidad de vivir junto al Faraón, para convertirse en un errante. Tomando en cuenta esto, creo que Christian Bale fue el casting perfecto. Los demás actores hacen su parte sin mayores pretensiones, correctos, para resumir. Cabe destacar la actuación de Aaron Paul, quien después de Breaking Bad decidió hacer la aburridísima Need for Speed, pero al parecer retoma el camino en esta película, con su acertada interpretación de Josué, una especie de patiño de Moisés.

Para concluir, es una buena película, aunque dudo que termine siendo un clásico. Si piensan que se van a encontrar con una versión bíblica de El Señor de los Anillos, como la más reciente versión de Noé, están equivocados. La recomiendo si les gustan las historias que se toman su tiempo para plantear conflictos y si no son lectores asiduos de la biblia o historiadores recalcitrantes. Por otro lado, si lo que les mueve la aguja son las persecuciones, los efectos especiales, el ritmo vertiginoso, le recomiendo una de dos: no ver la película, o comprar la boleta y esperar una media hora antes de entrar a la sala.

Importante: cuando hablo de la primera mitad, hablo de 75 minutos. Sí, la película dura 150 minutos. Quedan advertidos.

Lo mejor: Las actuaciones, la construcción de los personajes y la manera en que los egipcios tratan de encontrar una explicación lógica a las plagas. La escena en que Ramsés toma de decisión de liberar a los esclavos; sentida, bien actuada, bien escrita y, en especial, bien dirigida.

Lo peor: Por breves momentos se vuelve lenta. El hecho de que Moisés y Ramsés sobrevivan al peso de una ola de decenas de metros de altura, eso no es muy creíble que digamos.

El dato curioso: Ridley Scott le dedica la película a su hermano Tony, cineaste recientemente fallecido.

Calificación: unaestrellaunaestrellaunaestrellamediaestrellaceroestrellas

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