Revista El Muro

FatLola es una nueva y muy interesante propuesta en la escena del Funk, el Hip Hop y y el R&B bogotanos. Hablamos con algunos de sus miembros y nos contaron sobre su trabajo, proyección y visión sobre el trabajo de una banda.

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

 

Se podría decir que FatLola tiene todo: chicos bonitos en las voces, sonido pegajoso y un saxofón. Y en gran medida se tendría razón, porque la banda compuesta por Alejandro Cole (voz), Marisol Arévalo (voz), Oscar Julián Prieto (bajo), John Alexander Pulido (Baterista), Jaime Arévalo (Trompeta), Milton Garzón. (Guitarra eléctrica), Diego Vargas (Saxofón), Esteban Sierra (Pianista), es una agrupación llena de caras bonitas, funk, bailes y un saxofón. Pero FatLola es mucho más: se definen como una familia que hace música que suena a sabrosura, una cantidad de mezclas de sonidos que se decantan con potencia en un producto con saberes variados que varían desde el Funk, el R&B y el hip hop hasta el rock y el merecumbé. Es un sonido de familia, amigos y fiesta, pero hecho por músicos de trayectoria y escuela que le da un sello importante de calidad.

FatLola nace cuando Alejandro, una cara bien reconocida en la escena del Hip Hop, y Oscar Julián, su bajista de largo tiempo, decidieron que el trabajo que se hacía en el proyecto solista “Alejandro Cole” podría evolucionar. El grupo se consolidó y depuró su sonido, que ahora es robusto y potente, a la vez que sabrosón… Es robusto como el Soul, sexy como el funk y potente como el R&B. Por eso son FatLola: visualizan su banda y su sonido como una chica robusta, llena de personalidad y muy sexy. Esta mezcla viene de las diferentes escuelas musicales que influencian a sus miembros: hay hip hop, rock, samba y también lenguajes rítmicos de Colombia: Desde vallenato y salsa hasta la música de cuerdas del interior. Cada músico aporta su pedacito para construir una banda realmente única y auténtica. Actualmente hacen versiones y recuperan música de Cole, pero una buena cantidad de su repertorio es propio (el cover de Seven Nation Army es absolutamente espectacular, cuando los vean en vivo me van a entender). Sea como sea, Hasta las versiones y covers tienen un sello absolutamente personal, funkero y rumberísimo que los hace inconfundibles.

En vivo en Holofónica Estudios

Al público le encanta su música, y aunque apenas están consolidando su fanaticada, cada concierto llena de energía y contagia a todo el público. Su fan page crece con cada concierto (aunque no llevan muchos toques) y el público se contagia de su energía y alegría, que acaba coreando canciones que jamás ha escuchado. Y es que la energía que manejan en el escenario es cosa impresionante. La química ente los músicos se nota tanto dentro como fuera de la tarima. Es por eso que Marisol, que inició como una corista, ahora es una de las voces líderes de un proyecto que no es un dueto, sino una banda con dos cantantes. Esa no era la idea, pero para ellos fue una evolución natural y ahora ella es la luz de la banda, lo que le da un brillo particular e interesante que los diferencia de cualquier otra agrupación. Sin embargo, forman como un equilibrio y se entienden como tal: Se conciben como una banda donde cada miembro es importante, y las voces forman una amalgama poderosa, un Yin Yang de sonidos.

Y es por esa buena energía que tienen que componen en equipo, aparece una base rítmica a la que cada uno aporta desde su conocimiento. Luego viene el proceso de producción y letras que nacen de sus experiencias personales. Pero buena parte de la preparación de la banda está en el ensayo del Show en vivo, donde preparan los bailes y coreografías que dependen del público al que se dirijan. Y por eso sus ensayos son tan divertidos, y por eso es que son tan poderosos en escena: nada queda a la suerte, aunque haya espacio para improvisar.

Y es que ellos pueden ser una banda nueva y joven, pero cada uno de sus músicos tiene años de experiencia y ha aprendido a analizar el mercado y público al que se dirigen. Por eso, conciben su banda como más que un parche que toca, sino que se proyectan, ahorran, invierten y trabajan en función de la banda, reinvirtiendo el dinero que ganan en los conciertos para crecer. Se divierten, por supuesto, aman lo que hacen, por supuesto, pero si se gastaran el dinero que les pagan en cerveza, con seguridad se terminarán tocando en las novenas de final de año para sus tíos. No tocan por hacer dinero, por supuesto, pero son conscientes de que lo primero es el ahorro de la banda y su crecimiento, son una banda que se autogestiona, pero recalcan la parte de la gestión: Hay que saber manejarse, pues tener autonomía no es sólo pasar los papeles para rock al parque, sino saber manejarse en medios y redes para dar a conocer su música. Tener en cuenta que necesitan mercadeo y que eso es la autogestión, si es que se quiere llegar a algún lado. Hoy en día las bandas se pueden mover sin Payola, siempre y cuando tengan una propuesta interesante y se gestionen las cosas, concebir las bandas como más que eso, como un camino de vida.

Pero no ha sido sencillo. Cada músico tiene una historia distinta y sus talentos en muchas ocasiones no están tan cerca del sonido de FatLola. Milton y Oscar Julián siempre habían querido tener un proyecto como este y por eso el proceso no fue tan difícil, pero Marisol y Diego, por ejemplo, tuvieron que salir de su zona cómoda, pues tuvieron que empezar a investigar y dejarse influenciar por sonidos y ritmos que no les eran familiares, exigiéndoles estudio y aprendizaje. Sin embargo, al ensamblarse la banda, todos quedaron enamorados del sonido del proyecto porque hay disposición, porque a todos los integrantes les gustó el sonido de la banda desde el inicio y por eso se decidieron a unirse desde el principio.

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De izquierda a derecha: Jaime, Milton, Alejandro, Marisol y Oscar Julián

El cambio más duro, en apariencia, fue el de Alejandro, pues pasó de ser “Alejandro y sus muchachos”, de llevarse todo el reconocimiento de la escena, a ser parte de una banda. Pero él quería eso, quería pasar a ser parte de una banda porque reconoce el trabajo de sus compañeros, porque quería encontrar un grupo de personas que se comprometiera a construir un sueño compartido, un sueño que hoy se llama FatLola. Por eso hacen su sonido propio, independiente, antes que un ritmo de moda y venta rápida: no les fluye, no es algo con lo que puedan comprometerse, ni siquiera el dinero los llama para hacer eso, para “prostituir” su sonido en función de música que se venda fácil acá o en el exterior, prostituirla porque es sacrificar lo que les gusta y les fluye por dinero. Y si a la larga pueden hacer algo mejor, con más talento que lo que suena en radio y que está diseñado para vender y pegar rápido, pero ser olvidado aún más rápido… ¿por qué no hacerlo?

Mantener su independencia los ha llevado a tener que luchar mucho para darse a conocer, pero la batalla más dura es con sí mismos: como seres humanos que son, pelean un día, al siguiente se adoran, a veces no llegan con la mejor energía a los ensayos… Son ocho temperamentos distintos que se unen, pero que siempre han puesto la banda por encima de las malas pulgas personales. Son como una familia, y por ese cariño que se tienen es que han aprendido a tolerarse. Además les ha traído mucha madurez: les ha hecho estructurarse, organizarse, responsabilizarse y estructurarse más como músicos y como banda. Y por saber estructurarse es que ya, a pesar de llevar menos de un año de `tocando juntos, quedaron como ganadores de la convocatoria del festival Rock Hyntyba, donde además del premio, lograron hacer que un tipo de corbatín y una chica con vestido de pepitas rosa pusieran a bailar a un montón de metaleros. Y ese es un reconocimiento enorme para cualquier banda.

Tienen muchos proyectos, pero van con seguridad y estrategia antes que ceder a la tentación y embarcarse en cosas con las que aún no pueden cumplir o que los quemarían rápido y les impediría brillar a futuro. Lo suyo es hacer música antes que cualquier cosa y la quieren hacer bien, y por eso se entregan completamente al proyecto de FatLola: se preparan, estudian, aprenden y sobre todo, están seguros de lo que quieren. Porque cuando no se sabe lo que se quiere, se tienen dudas y no se da el primer paso. Hay que saber qué se desea para vencer el miedo y entregarse a un sueño, uno que en este caso es una chica robusta, potente y muy sexy llamada FatLola.
Y como lo de ellos es hacer música, nos regalaron esta pieza con la que los dejamos: Mujer Espina

 

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Y permanece pendiente de nuestra sección de eventos, donde permanentemente anunciaremos sus conciertos

Fotografías: Milton Garzón/Fatlola. reproducidas bajo autorización

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