Revista El Muro

Hablamos con Jaime Torres y Rodrigo castaño, líderes del Festival Antiroscas, un proyecto cultural basado en el respeto, la profesionalización y la horizontalidad. 

Por: Mauricio Moreno

@Mauromoreno83

El festival Antiroscas no es una iniciativa contra las roscas, o al menos no como se cree que son las roscas. Es decir, antes que creer que son camarillas, los organizadores  consideran que las roscas son más bien ataduras mentales que limitan a los artistas que, ante la falta de persistencia y pasión, dicen que todo es rosca y que por eso su proyecto no fluye. El objetivo es promover la internacionalización de los proyectos artísticos creados en el país a partir de la horizontalidad y el crecimiento de adentro hacia afuera con perseverancia. Actualmente, sus cabezas son Jaime Torres y Rodrigo Castaño.

El Festival nació como evolución de una sección de la revista La Escena Rock. Ante la inconformidad con los eventos y festivales que había en el momento, Rodrigo decidió dar su apoyo a  las agrupaciones emergentes con sonidos destacados, buen trabajo visual, histrionismo… sin comparar ni juzgar, se resalta el mérito de quienes destacaban en la creación de los proyectos artísticos y se busca darlos a conocer, pero propendiendo por la autogestión.

antiroscasLos participantes tienen apoyo en cuestiones de estética, imagen, comunicaciones, show y performance de parte del festival.  La finalidad es profesionalizar la escena y mostrar respeto al público para que éste también empiece a  respetar a las agrupaciones gracias a sus propuestas, pero no cambiar la música o propuesta: El festival no toca la parte creativa del trabajo de los artistas, sino que los asesora en la creación de propuestas  más allá de la ejecución de instrumentos.

Las agrupaciones tienen que cumplir con ciertas características para participar dentro del festival. Primero, deben concebir la propensión por el cambio social como una de sus  responsabilidades como persona, una cuestión filosófica importante para el festival. Así mismo, deben conectar bien con el público y mostrar el respeto antes nombrado con cosas tan sencillas como tener un show, usar un buen vestuario y tener algo pensado más allá de lo estrictamente musical. Así mismo, se pide que las bandas inviten a un músico reconocido a participar en una de sus canciones, también con el fin  de recibir el apoyo y asesoría de personas con trayectoria en la escena.

Además, las agrupaciones deben pagar por la inscripción (desde este año) y contar con grabaciones de estudio, un EPK y raider técnico. Esto con tal de garantizar la calidad tanto de los participantes como de la producción, que busca dar condiciones técnicas y comodidades que rara vez se dan a los artistas. Los premios  incluyen una gira por México con festivales aliados para el grupo ganador, nacional para los premios a otros lugares destacados y un registro fotográfico para todos los participantes y retroalimentación sobre su propuesta.

Las audiciones son ante jurados anónimos, relevantes tanto para la escena como para la academia y la industria musical. Se evalúan la capacidad de convocatoria, el manejo de escenario, la calidad de la composición e interpretación y el mensaje que transmiten en lo lírico y visual. No importa el género, porque además se busca fomentar la tolerancia y diversidad de expresiones más allá de los radicalismos, pero prefiriéndose  un sonido que suene a Colombia sin que eso implique que usen gaitas o acordeón, sino que tengan un sonido con identidad que se pueda presentar en el extranjero como  sonido propiamente nacional.

El Festival tiene un importante componente educativo, buscando llevar la música fuera del escenario y educando comunidades y bandas para formar tanto públicos como productos de muy buena calidad para que tengan visibilidad y generen pertenencia y así se cree una cultura alrededor del consumo y el  aprecio por los productos nacionales y la dignificación del trabajo del músico. Para ellos, es central el respeto tanto de parte del músico como del público, la colaboración mutua, la autogestión y la profesionalización.

El festival es exigente con sus participantes y no permiten la excusa de la corta edad de la escena para la falta de calidad en el trabajo. Ante eso, han recibido comentarios -más hijos de la reacción que de la reflexión- que cuestionan su trabajo, particularmente de personas que no han salido beneficiadas en el festival por alguna razón u otra. Jaime y Rodrigo están abiertos a la crítica siempre que sea respetuosa y a la retroalimentación. Y no prestan mucha atención a críticas malintencionadas que viene de personas que desconocen los procesos del festival, ante los que sencillamente invitan a conocer mejor sus procesos.

antiroscas2Son exigentes porque creen en la escena, porque respetan su trabajo y esperan calidad en algo que más que un festival, es un proyecto de vida. Por eso, son muy demandantes con sus condiciones y fechas. No trabajan con condescendencia hacia los músicos o a sí mismos, sino que tratan de hacer y ser mejores cada día. Creen en la escena independiente porque es allí donde encuentran mensajes e ideas interesantes que quieren promover.

Creen en la autogestión y prefieren no depender del Estado en términos económicos, algo que consideran erróneo en la gestión cultural. Primero, porque no hay tanto dinero allí como se cree, y segundo, porque prefieren crear y generar alianzas con empresas y personas que les permiten tener una calidad en la atención al público y a los músicos mucho mejor a lo que se suele dar. Y menos se puede depender del estado cuando el posconflicto y la nueva administración distrital han recortado los presupuestos de la cultura. Hay que recordar que los pilares de su filosofía son la autogestión, la horizontalidad y sobre todo, poner a la persona y el buen trato por encima de todo.

A futuro, quieren llegar a más países con sus intercambios. Así mismo, quieren abrir espacio para expresiones artísticas además de la música. Por hora, vienen los cicloconciertos, que serán en  Chía y en un reconocido bar de Bogotá, además de eventos pedagógicos para fortalecer las agrupaciones y la creación de nuevas alianzas que los ayuden a la inclusión de formas de arte diferentes a la música. Así mismo, encontraron importantes problemas visuales en muchos músicos, y están analizando posibilidades para apoyar a los artistas con esa problemática.

Para Rodrigo y Jaime, en este momento es más importante que nunca apoyar el arte para crear paz, pues el arte puede ayudar a resolver los conflictos y crear resilencia para cambiar los modelos de vida de los que venimos, sumidos de una manera u otra tanto en la violencia del conflicto, como en la violencia de calle o las pequeñas violencias diarias. Expresar lo que sentimos por medio del arte es una nueva forma de relacionarnos con la vida, con nuestra familia, el prójimo y nosotros mismos. Su idea, en últimas, es “creer para ver”, y esa es su invitación, ver con otros ojos y mirar adentro, creer más allá de las roscas, de los encerramientos mentales que nos creamos para no ver más allá, conocerse, profesionalizarse y descubrirse…  confiar y emprender, creer para ver.

Para saber más, síguelos en
botonweb botonfacebook botontwitter botoninstagram

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor

mm

Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

Deja un comentario