Revista El Muro

 

Carlos Barbosa

¿Será que el final se acerca? ¿Llegará una especie de apocalipsis antes de que podamos cantar “feliz año nuevo 2013”? Sea como sea, la historia de que el mundo se va a acabar en diciembre de 2012 no es una profecía maya; de hecho la idea de fin del mundo, más que maya, es occidental. Es más, si nos tomamos el trabajo de mirar cómo piensan los pueblos americanos y asiáticos, incluso las tribus africanas y australianas tradicionales, uno no encuentra esa larga espera de un final en el que el bien vencerá al mal para siempre. Occidente sí que ha estado esperando el fin del mundo casi desde que el cristianismo comenzó.

Justamente, el libro del apocalipsis habría sido escrito para dar esperanza a los primeros cristianos, perseguidos como eran por las autoridades romanas, constantemente a riesgo de ser apresados y morir devorados por los leones en los circos. Algunas interpretaciones señalan que “la bestia” (tanta será la obsesión con el fin del mundo que todos conocemos su número) sería Nerón, cruel emperador romano que fue especialmente implacable con los seguidores de Jesucristo.

Muy curioso, sin duda, que ya han pasado siglos pero incluso hoy, mucho tiempo después de que uno y mil Nerones ya han quedado muertos y bien enterrados, millones de personas siguen esperando el fin y buscando a la bestia. Como ya lo mencionábamos, eso no ha dejado de pasar en la cristiandad, pero la idea se volvió especialmente popular con el surgimiento del protestantismo en Europa, y especialmente desde los siglos XVIII y XIX. De hecho, muchas son las interpretaciones que han circulado desde entonces, según como se entienda el orden de los acontecimientos antes del juicio final.

 

 

 Occidente sí que ha estado esperando el fin del mundo casi desde que el cristianismo comenzó.

Claro que no se trata de una idea exclusivamente cristiana u occidental. También entre los judíos y los musulmanes hay alguna noción de un juicio final que dará paso a una era de eterna paz para quienes sigan a Dios (y eterno sufrimiento para los rebeldes). Incluso en el zoroastrismo, mucho antes de Cristo, se pensaba de manera similar. En todo caso, quizá se pueda decir que la creencia en el fin del mundo requiere una manera lineal de entender el tiempo, una comprensión del tiempo radicalmente opuesta a la de muchos otros pueblos, los mayas incluidos, que más bien lo conciben de forma cíclica: una serie de etapas se suceden unas a otras como las vueltas de una rueda. De ese modo, lo importante no es tanto el comienzo y el final como el proceso mismo.

He ahí el punto: quizá tanto afán por ver el final nos hace perder de vista el proceso… Quizá esa manera lineal de ver el tiempo nos ha vuelto demasiado ansiosos por los finales y la vida misma, que ocurre día tras día, momento a momento, se nos pierde con facilidad. Puede que el mundo se acabe algún día, pero no hay modo de saber si lo veremos. Lo que sí está en nuestras manos es qué hacer hoy, cada día, con nuestras vidas. Concepciones cíclicas del tiempo, como la de los mayas, podrían ayudarnos un poco en esa dirección. Por lo pronto, me atrevo a augurar que tendremos mundo para rato.

Imágen de introducción tomada bajo licencia creative commons de http://longstreet.typepad.com/thesciencebookstore/2011/10/clouds.html

Imágen central tomada bajo licencia Creative commons de http://www.internetmonk.com/archive/imonk-classic-a-young-persons-guide-to-the-book-of-revelation

 

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