Revista El Muro

 

Por: Cristina Berrio

@AngelQuantumT4U

 

Hace muchos años durante mi paso por el colegio, mal aprendí que para ser la mejor, debía siempre buscar las cosas que no hacía bien y esforzarme hasta lograr hacerlas más que bien, ¡de forma excelente! Fui adoctrinada en la secta de la excelencia. Lo que no es excelente simplemente es mediocre y en esto no hay tonos grises o términos medios. Eres bueno o eres mediocre.

 En mis años en la universidad tuve refuerzos en esta doctrina, provenientes de los profesores más “cuchillas” de la facultad. Allí, una respuesta inocente sobre un tema te podía convertir en el “BURRO” del salón, un hazme-reír, el payaso que ríe por fuera y llora por dentro. Aprendí que antes de hablar debía más que pensar en lo que iba a decir. Necesitaba, cual ajedrecista, planear toda una jugada con mis palabras, conocimientos, conceptos… mover mis fichas y siempre tener esa ficha sorpresa que nadie sabe de donde salió pero que significa un “Jaque-mate” para tu interlocutor. Creo que siempre se trató de “tener la razón” de “saber más que el otro” de “tener más habilidades que los demás” de sobresalir…

 Si te das cuenta, estoy hablando de competencia y comparación en su estado básico. De eso se han tratado las vidas de la mayoría de nosotros. En los colegios, universidades y trabajos, siempre hay alguien que nos dice si lo estamos haciendo bien, si somos buenos, y si no lo somos pues simplemente nuestra carta de despido lo dirá todo. No hay necesidad de palabras. Los buenos se juntan con los buenos, los mediocres con otros mediocres y a los que les importa… muy poco, a veces ni se juntan.

 Hasta aquí creo que todo está claro. Somos una sociedad que clasifica, califica, y discrimina según algunos “altos” valores. En estos términos, está bien ser bueno en tu trabajo. Es mejor si eres excelente, porque entonces sobresaldrás: Serás admirado, envidiado y codiciado 😀 ¡ahhhhhh! Eso te da un valor… un valor social. Mejor dicho, ya puedes ver una etiqueta puesta en tu pecho diciendo “cuanto vales”. Y no ser “tan bueno”, no llegar a cierto nivel… eso no es malo para esta sociedad, simplemente, es inadmisible. Es inconcebible, es demasiado bajo para siquiera pensar en ello. Es humillante, es denigrante, es suicidio social.

fortalezas

 Por eso le temes al fracaso, temes equivocarte, temes desmejorar, temes no ser suficiente. Porque esto haría que tu “valor en la bolsa social” disminuyera estrepitosamente. Esto haría que no pudieras pavonearte en los más altos círculos y te tocaría conformarte con el “estrato mediocre” de la sociedad. Por eso, cuando encuentras una falencia en tu sistema, haces lo imposible por taparla, por repararla… ¡por eliminarla de tu vida! Y como no encuentras solo “una” sino que cada vez encuentras una por aquí, otra por allá… te la pasas una buena parte de tu vida “reparando lo que está mal”. En otras palabras, te la pasas teniendo una vida “mediocre”. Carente de disfrute, de paz, de amor propio.

 Quizás en esta sociedad tan materialista, estos valores que acabo de mencionar no tienen ningún “valor”. Quizás leas estas líneas y te rías, pues el valor para ti puede estar en las cosas que compras para tapar tus inseguridades, tus miedos, tus culpas, tus “falencias”. El valor puede estar para ti, en el valor que te dan los demás. O sea, el resto de la sociedad “mediocre” que no sabe que la vida es algo sagrado que mínimo merece ser disfrutada.

 Según estos altos estándares, todos somos mediocres. Todos siempre estamos tratando de mejorar algo en nosotros, para “algún” día llegar a ser… un “yo” imaginario que es invencible, que brilla a donde quiera que va, que medio abre la boca y todo el mundo quiere escuchar, que da un paso y todos le quieren seguir, que piensa y aún sin hablar, todos ya están de acuerdo con él… un “Semi-Dios” 😀

 Está bien querer ser un Semi-Dios! Es una maravillosa idea! Pero para llegar a serlo no te puedes enfocar en lo que te falta para serlo… te la pasarás toda la vida tratando de arreglar cada pequeño detalle que te falta para ser “perfecto”… Un Semi-Dios brilla por lo que es… ¡se lo cree de verdad! Se conoce y sabe y reconoce lo mejor que tiene y sabe usarlo y disfrutarlo.

 Este mes te quiero invitar a reflexionar sobre aquellas cosas en las que sientes que fallas y tratas de tapar como si hubieses cometido el pecado más terrible de la humanidad! ¿No es mejor aceptar que no eres perfecto y que no tienes que serlo? Si deseas ser aceptado como eres en la sociedad, debes empezar por aceptarte a ti mismo, tal como eres: ¡Un Semi-Dios que se está conociendo!

Imagen central: Parkour Sunset por Tyson Cecka. Reproducida desde http://es.fotopedia.com/items/flickr-488624324

Imagen de introducción reproducida desde Pixabay: http://pixabay.com/en/victory-winner-activity-girl-147962/

 

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