Revista El Muro

Presentamos “Fuocoammare”, la película de Gianfranco Rossi ganadora del Oso de Oro que habla de la crisis de refugiados en Italia y del dulce Samuel.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Lampedusa es una pequeña isla en la costa de Sicilia, es el punto más meridional de Italia. Ubicada a 113 kilómetros de Túnez y 205 de Sicilia, esta isla perdida en el Mediterráneo, es el escenario central de la película “Fuego en el mar” de Gianfranco Rosi, ganadora de un Oso de Oro en el Festival de Berlín, en donde Meryl Streep la calificó de Urgente, imaginativa y necesaria.

Lanzada originalmente en Octubre de 2016, la película documental ha recaudado USD $114.535 y ha logrado un 935 de aprobación de la crítica en Rotten Tomatoes, mientras que el público le ha entregado un 70%. En Colombia se presentará como parte de la programación de Cineco Alternativo en teatros seleccionados.

Samuel es un pequeño de 12 años aficionado a jugar con su cauchera y cazar. Se marea al subirse a un bote y no le gusta el agua, incluso cuando todo a su alrededor habla del mar… es mar. Es un niño amante de la tierra firme en medio de una isla pesquera. La película se narra principalmente desde su punto de vista, un habitante, tal vez no el más promedio, pero si un lampedusano cualquiera, de un niño que juega con su cauchera y enfrenta el gran problema de tener un ojo perezoso y las implicaciones que eso tiene para la caza de insectos.

Pero mientras en esta pequeña isla la gente puede llamar a dedicar canciones a la radio con la seguridad de que el mensaje llegará a su ser querido, su posición la convierte en un desdembarcadero para los refugiados asiáticos y africanos que huyendo de la guerra y el hambre. Sin embargo, la historia no ha tenido final feliz para muchos de los que se han aventurado a cruzar el océano buscando un mejor futuro en esta tierra: desde los 90, más de 200.000 personas han fallecido intentando lograr la travesía. Una tragedia de la que poco se habla. La película, entonces, da cuenta del proceso de llegada y en muchas ocasiones del rescate de las personas que buscan un mejor destino en la vieja Europa, el desapego y nostalgia de sus tierras y vidas, la búsqueda de un lugar al que puedan llamar hogar.

En lo técnico es bien interesante. Cada plano tiene su arco, su pequeña historia que se entrelaza para dar un discurso coherente al documental. Imágenes desgarradoras y de esperanza se combinan de manera magistral para mostrarnos una crisis humanitaria de enormes proporciones, mientras por el otro lado sencillamente la vida sigue. El simpático Samuel endulza la crisis, muestra el lado de Lampedusa, de la humanidad, que ignora por completo a estas personas que buscan un hogar. Un mensaje chocante y contundente: un niño que nos representa a todos mientras jugamos con nuestra cauchera ignorando que el mundo se derrumba.

En últimas, el mensaje que encuentro acá es que nada importa realmente. Y es chocante. No creo que sea la intención del director, creo que intenta hacer todo lo contrario al contrastar al dulce Samuel con el sufrimiento de cientos de miles de personas, pero es ese justamente el punto: en momentos se siente como un lavado de cara, como una Europa tratando de congratularse por lo bien que trata a los refugiados cuando todos sabemos que no es así, que la crisis no está sólo en la llegada, sino que sigue al entrar a la Unión. Y que en últimas, importa tanto el ojo perezoso de Samuel como la vida de miles de personas que superan sus diferencias de etnia para buscar el sueño común de sobrevivir. Aunque creo que es lo contrario a lo que quiere decir el director, es la sensación que me dejó. Sé que a veces me paso de mamerto rayado, pero fue lo que sentí.

Pero de todas maneras es una buena película. Dura, desgarradora y entretenida. 106 minutos de un documental muy bien hecho y bien contado, que no requiere de una voz en off, al que le bastan las imágenes y el día a día para contar lo que quiere contar. Es una película que vale la pena ver y que estará por muy poco tiempo en cartelera, ya sea para aprender de la crisis, o para ver un documental tan bien contado, que ni se necesita que nadie se lo cuente.

Para información sobre horarios, entradas y precios, visita Cine Colombia

 

                           

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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