Revista El Muro

Por: Mauricio Moreno director@elmuro.net.co @mauromoreno83  originó en China hace unos 2500 años, en donde se conoce como Weiqi. De allí pasó a Japón, donde adoptó el nombre con que se ha expandido por el mundo. A Colombia llegó hace unos 30 años por casualidad, cuando un ajedrecista encontró el juego y se enamoró de él. Sin embargo, Santiago Espinosa, muchos años después, también se encontró con el juego y empezó a difundirlo. Contó con algo de suerte y el espacio para crear un club de Go llamado “El Salto del Mico”, en el que se busca promover y difundir esta práctica en el país, teniendo el impacto y la fuerza suficientes como para crear la Asociación Colombiana de Go. Para jugar Go es necesario contar con un tablero y unas fichas llamadas “piedras”. El Salto del Mico provee a los jugadores estos elementos, sin embargo, también es posible jugar en línea, encontrar tableros para imprimir y ser creativo al momento de improvisar las piedras (aunque por la etiqueta del Go, no se recomienda). Al ser un juego tan difundido, los precios de las piedras y los tableros pueden ir desde los 30 dólares por un juego importado, hasta los miles de dólares para los más exclusivos. La intención del juego es ocupar la mayor cantidad de territorio posible frente a la posición del contrincante, pero la idea del Go no es simplemente buscar dominación y aniquilación al oponente, sino aprender a compartir los espacios buscando la supremacía. Según Santiago, quien llega en la actitud de dominar y aplastar, pierde. El Go no es solo para genios. Cualquier persona puede jugarlo, basta con aprenderse las reglas y empezar a jugar. Los practicantes de Go se clasifican según Kyus y Danes, usando un nsistema de clasificación que las artes marciales adoptaron después. El mayor maestro y más perfecto jugador sería de nivel 40, pero nadie ha llegado allí y cabe pensar que nadie lo va a lograr. Pero un punto interesante de este juego es que sin importar el Dan de cada participante, las reglas obligan  nivelar las cargas. Así, un jugador novato recibiría cierta ventaja frente a uno experimentado. La idea de esto es crear partidas parejas, las cuales pueden resolverse en una hora o durar varios días. Este juego aporta bastante al crecimiento de cada uno como persona. Como todo juego, enseña a tolerar la frustración, a perder y a ser un buen ganador, además ayuda a ejercitar el cerebro. Sin embargo, lo interesante del juego es que se aprende a guardar un gran respeto por el contrincante y a conocer a las personas según su comportamiento en el tablero. A pesar de ser un juego que busca la victoria sobre el contrincante, sus reglas y su etiqueta hacen que se aprenda a ver al otro como una persona, y esto es una enseñanza que todo el mundo debería aplicar en cualquier momento de su vida. Y además, por esas reglas de etiqueta, se crea un lenguaje universal que permite que este conocimiento se aplique a personas de cualquier nacionalidad o nivel cultural.

En “El salto del mico” se enseña Go a jóvenes y niños de colegio.

Fotografía: Pablo Espinel. Reproducida bajo autorización

El Go tiene un componente racional muy fuerte, no cabe duda. Es similar en varios puntos al ajedrez, y por eso no es raro escuchar de personas que se pasan del “juego-ciencia” a esta práctica. Pero va mucho más allá: según Sergio, uno de sus practicantes, desarrolla ambos hemisferios del cerebro, es decir, los componentes racionales e intuitivos de la persona. Esto sucede porque es prácticamente imposible conocer todas las estrategias y posibles jugadas, tanto propias como del oponente, y eso hace necesario confiar en la intuición y las emociones para mover correctamente, a veces por encima de la razón. Así mismo, por bien que se conozca al otro, es necesario creer en el instinto para saber si miente, si sus amenazas son reales o no… no es simplemente racionalidad. Esta combinación de razón e intuición es lo que logra que sus participantes pasen horas absortos en el tablero, enfocados en ese aquí y ahora. Los participantes han llegado al Salto desde muchos lugares distintos: desde conferencias de neuropsicología hasta la película “Pi, el orden del Caos”. Para ellos, es una forma de distracción, un arte, un juego de razonamiento y una forma de conocer a nuevas personas. Entre ellos, llama la atención el caso de Juan David, jugador que lleva uno de sus once años de vida dedicado al Go. Ha participado en torneos nacionales e iberoamericanos por su nivel. Ha contado con el apoyo de todos los participantes del Salto del Mico, quienes le han enseñado de estrategias y jugadas. Juan David ha mostrado un excelente nivelen muy poco tiempo. Para él, el go es mucho más que un juego, lo concibe como un proyecto de vida, quiere llegar a ser jugador profesional en una práctica que no es típica en un preadolescente. Sabe que el camino es largo, y que tiene que estudiar y esforzarse para sacar adelante su colegio y el go, pero la satisfacción que recibe mediante su aprendizaje, además de la madurez con la que habla (aunque no deja de ser un niño, tiene sus objetivos de vida muy claros), son incentivos suficientes para continuar con esta práctica y buscar la felicidad que se encuentra en ese tablero amarillo de 19 por 19, ese que puede albergar miles de posibles galaxias. Para mayor información, visita: Página web de la ACG: www.colombiago.org Grupo en Facebook del Salto del Mico: https://www.facebook.com/groups/366664419901/ Dirección del Salto del Mico: Carrera 26 no. 40-20, Bogotá, Colombia. Queda en la sede de la Casa de la Historia de Diana Uribe. Fotografías por: Pablo Espinel Casasbuenas. http://www.flickr.com/photos/pabloespinel/    

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