Revista El Muro

 

 Por: Alvaro Vanegas

@alvaroescribe

 

La ciencia ficción —la buena ciencia ficción — cuentas historias con una base científica lo suficientemente compleja como para que sea verosímil, y al mismo tiempo, tan sencilla como para que cualquier mortal pueda entenderla. Ese es, para mí, el gran acierto de este nuevo remake de “Godzilla”, el monstruo gigante que vio la luz por primera vez en 1954.

La película es, igual que los monstruos que pululan durante todo el metraje, enorme. Hollywood y su parafernalia, tan repudiada por muchos, pero tan aclamada por otros tantos, una vez más nos sorprende con la magnitud de sus efectos especiales y el alcance que tienen sus millones de dólares, que en sólo tres días de exhibición ya fueron recuperados, lo que da para pensar que será un éxito absoluto en taquilla, y es que si ese remedo de película que en 1998 nos entregó Roland Emmerich hizo casi 400 millones en taquilla, lo lógico es pensar que esta llegue a niveles estratosféricos.

Con dos actores de lujo: Juliette Binoche, quien demuestra que los papeles pequeños no existen; y Bryan Cranston, quien gracias a una serie de televisión se encuentra en el pináculo de su carrera, esta megaproducción, nos sumerge en un mundo lleno de cucarachas gigantes y dinosaurios con ínfulas de dragón. Hay que decirlo, tiene sus momentos aburridos, tal vez en el afán de crear un contexto sólido que fuera más allá del animal que creció desmesuradamente por culpa de la radiación, pero el guión siempre se las arregla para rescatar la historia y entretenernos, y, en especial, hacernos comer el cuento al punto que, en cierto momento de la película, uno espera que llegue Superman a salvarlos a todos, pues no se avizora una solución lógica al apocalipsis que se cierne sobre los gringos y el mundo entero. No es de extrañar cuando personajes de la tallad de David S. Goyer y Frank Darabont están involucrados en ese guión.

godzilla

El diseño de los monstruos, (porque son varios), es muy acertado, haciendo un homenaje a las creaturas creadas por los japoneses en los años 50, pero con la diferencia de recursos técnicos que la época actual permite, lo que desemboca en que el stop motion de aquellas películas, sea reemplazado por un realismo sobrecogedor. Además, muestran a estos animales como lo que son: animales, no seres malvados que quieren matar porque sí. En esta película, los monstruos se ven más como seres buscando su lugar en el mundo que como demonios dispuestos a arrasar con todo lo que se interponga en su camino. Pero no se confundan, destrucción hay, muchísima. La película, repito, es muy grande, y está bien hecha.

Tal vez lo digno de olvidar sea el personaje de Aaron Taylor Johnson, quien no pasa de ser el típico héroe de acción caribonito que en realidad, a pesar de sus obvios intentos, ni quita ni pone, y, lo peor, la actuación blandengue de Elizabeth Olsen, la hermanita menor de las gemelas Olsen, pretendiendo pasar por mamá preocupada y esposa entregada, cuando con esa cara, uno siente que todavía no la dejan entrar en los bares. Su personaje es medio raro, a veces es consecuente, pero otras veces actúa como si nada pasara, cuando está pasando todo.

A los aficionados al 3D, les cuento que no me gusta ver las películas en ese formato, para la tercera dimensión está la realidad, ¿por qué habría de pagar por ello?, así que no tengo idea de qué tanto gane o pierda la película al elegir pagar el triple por la boleta, pero si es una película oscura, y eso siempre va en contra del 3D.

Imagen tomada de http://sergimgrau.wordpress.com/2014/05/15/godzilla-2014/

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