Revista El Muro

Te presentamos la pelicula dirigida por Phillip Noyce  basada en el libro de Lois Lowry

Título Original:                    The Giver

Director:                                Phillip Noyce

Reparto:                                Meryl Streep

                                                Jeff Bridges

                                                Brenton Thwaites

País:                                       Estados Unidos

Presupuesto:                        25 millones de dólares.

La película, basada en la novela homónima de Lois Lowry, propone una sociedad utópica en la que todas las personas viven en una aparente felicidad absoluta gracias a que, por medio de medicamentos y una recia educación, se han eliminado todas las emociones, e incluso cualquier estímulo que pueda provocar las mismas. Así, no hay animales, no existe la televisión, la gente no tiene sexo, de algún modo eliminaron los colores y ni siquiera hay música, (lo que quiere decir que no tienen que escuchar a Belinda o a Silvestre Dangond, en ese sentido, tampoco está tan mal). A Jonas, un adolescente de unos quince años, aunque según sé, en el libro solo tiene doce, se le encarga el trabajo más difícil de todos: ser el portador de los recuerdos de cómo era el mundo antes de ellos, y así poder aconsejar a “Los Ancianos” cuando tengan alguna duda.

Estas distopías adolescentes, del tipo “Los Juegos del Hambre”, se han puesto de moda, lo que es de agradecer, siempre y cuando aporten a que haya una nueva generación de lectores y cinéfilos, y, en especial, si aleja las mentes jóvenes de bodrios estilo “Crepúsculo”.

Esta película, (no he leído el libro), empieza muy bien. La historia, aunque algo lenta tomando en cuenta los estándares actuales, está muy bien contada e incluso parte de una premisa que, por lo menos a mí, me convenció. Si se eliminaran las emociones, las ganas de competir o de alcanzar la fama, el dolor, y en especial, ese sentimiento tan complejo y que todos dicen conocer llamado amor, entonces dejaríamos de matarnos por una línea imaginaria en la tierra, o por nimiedades tan absurdas como un celular.

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Una vez entra Meryl Streep en escena, uno siente que es garantía de un buen  guion, y en este caso es cierto, por lo menos hasta cierto punto. El problema es que, en realidad, jamás llegan a convencer de que el mundo planteado sea algo “malo”, nunca se expone un argumento valedero para cambiar las reglas de esta sociedad utópica, en otras palabras, jamás se convierte en una verdadera “distopía”. Al contrario, uno siente que Jonas no es más que un adolescente caprichoso que va a terminar dañándole la vida a todos con sus ideas hippies. Claro, a muchos este intento de “reivindicación” del amor les parecerá una belleza, y puede que tengan razón, pero también es cierto que la misma historia da los argumentos para que el colofón no logre su objetivo: conmover. Y es que finalmente, la película también es un tratado contra toda la crueldad, la indiferencia, la guerra sin sentido, el maltrato animal y todos esos pequeños detalles que hacen de esta raza humana tan merecedora de la extinción. Incluso se eliminó la enfermedad. Y si todo eso se eliminara, ¿acaso no valdría la pena sacrificar ciertos placeres como un primer beso o un orgasmo? Algunos argumentarán que el problema es la “liberación”, como eufemísticamente llaman en la película a matar, siempre de la manera más piadosa e indolora, a aquellos individuos que no dan la talla. Esto sonará de ultraderecha, y que asco me doy en este preciso instante, pero al final todas las especies lo hacen, sobrevive el más fuerte, el más apto. ¿Por qué no hacerlo nosotros? ¿Por qué seguir insistiendo en que la muerte es el peor de los destinos, cuando todos sabemos que hay mil cosas peores que morirse? La respuesta es sencilla: moral. Esa misma que en tantas ocasiones resulta un lastre.

Pero basta de digresiones repletas de filosofía barata. La película es interesante, vale la pena verla, ojalá con adolescentes que después puedan aportar sus puntos de vista sobre lo que vieron. Tiene un buen reparto, (excepto por Katie Holmes, a mí esa mujer no me vende una botella de agua helada en el desierto), y la belleza de la niña protagonista, Odeya Rusch, tampoco se puede pasar por alto. ¿De dónde sacan estas niñas? ¿Por qué hay tanta gente bonita en estas películas y no, diga usted, en el Transmilenio que me tengo que aguantar todas las mañanas y las noches? Es posible que estando en el puesto de Jonás, teniendo solo quince años, y con una niña así dándome alas, yo también me hubiera obstinado en dañarle ese mundo perfecto a todos. Todo por una mujer. Y es que al final, de eso se trata la vida. O por lo menos eso es lo que quieren hacernos creer en Hollywood, y ellos han sido buenos con nosotros, ¿por qué no seguirles la cuerda?

El dato Curioso:

Tomando en cuenta las expectativas, ha sido un absoluto fracaso en taquilla. En 45 días que lleva en cartelera mundial, solo he recaudado un poco menos de 58 millones de dólares.

Lo mejor:

Entre las reglas de este mundo, que no son muchas si se mira bien, está la de “Hablar con Precisión”. Cómo mejorarían las cosas si todos aplicáramos esta regla en la vida real.

 Calificación:  unaestrellaunaestrellaunaestrellaceroestrellasceroestrellas

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