Revista El Muro

Por: Sorelestat Serna

 

Esta semana pasó el día de la mujer y debería felicitarlas por ello. Aún estoy solo, ese es el motivo que tenga el misógino al cien por ciento. Así que no debo hablar de ellas,  porque el veneno que poseo no me ayudaría mucho acabar con mi soltería.

También tuvimos elecciones. Como siempre escuche que todo el mundo odia a Uribe, a la derecha, a la clase política, pero los resultados demuestran otra cosa. Alguien dijo por ahí: “nos merecemos los mandatarios que tenemos”. ¡Voten! El voto no es un derecho, es una obligación. El voto me permite criticar, aunque mi afónica voz no sea escuchada. La democracia está mal hecha, pero es el único mecanismo que tenemos, ¡Usémosla! Detesto a las personas que prefieren quedarse en su casa rascándose la entrepierna, mientras unos pocos decidimos la suerte de nuestro país. Si todos votáramos, tal vez por un instante la vieja Colombia tendría una esperanza, solo por un momento me gustaría creer que el voto en blanco, en el cual creía, no es una estúpida arma de doble filo. Deseo recordarles las palabras de Borges: “Que sea la mayoría no significa que sea bueno”, esto es para las personas que dicen que el señor alcalde no puede ser destituido por haber sido elegido por el voto popular, eso lo convirtió en santo. Es como si dijéramos que los curas nos son pederastas, ladrones y mentirosos.

Petro se va, Petro no se va, estoy hasta los tobillos del tema. Sea el mesías o no,  solo iba a durar tres años, tres pequeños años para acabar con la corrupción,  burocracia, robos de las  antiguas administraciones. Gustavito después de haber terminado su periodo hubiera seguido su carrera hacia el palacio de Nariño, para seguir practicando su política populista que tanto me molesta, esta solo sirve para tener al pueblo dormido, pero los problemas de fondo jamás serán solucionados. También es irritante escuchar hablar de Venezuela si no puedes hacer nada para ayudar, es triste ver al hermano país desgarrado, porque un egomaníaco  está en el poder, no es que no me interese, estoy con las personas que se levantan día a día a enfrentarse al régimen del hermano bolivariano, es una pelea entre David y Goliat. Maduro solo es un loco más que heredo el poder, gobierna bajo la sombra de un cadáver que se comunica con él a través de un pajarito. Me tildaran de fascista, los más osados dirán que soy uribista, es que hace mucho deje de creer en la izquierda, la revolución y el che. La izquierda puede tener buenas ideas, pero el comunismo solo fue una utopía que jamás funciono. Les pregunto si están dispuestos a perder su libre albedrío por un supuesto bienestar, donde controlan tu forma de vivir, de expresarte, de pensar, hasta cuantas veces te acuestas con tu mujer, vivir en lugar en donde tienes que hacer fila para comer, pedir permiso para viajar de un lado a otro. Uno de mis amigos dijo una vez: “la palabra más hermosa que tiene el lenguaje es la palabra socialismo”, tal vez tenga razón. Les cuento un secreto, los países que han puesto en práctica el socialismo, son unos cerdos capitalistas.

Es desesperante levantarse y oír en la noticias que tal portal está bloqueado, que la gente está disgustada por el mal servicio de Transmilenio. Antes de poder exigir mejoras en el servicio (y nos las merecemos), deberíamos ver que podemos hacer para que la situación cambie un poco. En mi opinión deberíamos tomar a todos aquellos que se cuelan y bloquean las puertas, a los que se hacen los dormidos para no ceder la silla azul, a los que manosean a las mujeres, a los ladrones, a los que se paran enfrente de la puerta y no dejan entrar o salir, a los que se sientan en el piso, a los que no saben para que se hicieron los audífonos de los celulares —Tu tienes derecho a oír tu música, pero yo no tengo que escucharla—, hasta a la adolecente que tiene que pisarte el callo cuando pasa con su coche, oye niña, dóblalo y alza a tu pequeño alíen, si tuviste fuerza para soportar a tu novio tres segundos encima, soporta el karma de viajar en el transporte urbano. Ya me desvié del tema, deberían acostarlos en la avenida Caracas y pasarles la gran bestia roja por encima, si no funciona, nos libraríamos de unos pocos, que nos están robando el aire, la comida y el espacio. ¡Hay Dios!, estoy empezando a sonar como Nietzsche, estoy descubriendo el pequeño bastardo quiere salir, ese fascista que llevo dentro cada vez deja ver más su cara.

Todo este derroche de ponzoña, es para decir que no importa que Uribe sea senador, que el Santa Fe perdió su quinto partido, que al fin Petro se va, que Maduro sigue en el poder y sigue asesinado a Venezuela, que la rodilla de Falcao esta sanado, cosa que trasnocha a medio país. Lo que en realidad es importante y cambio la vida de muchas personas, fue que hayan cerrado el bingo de la 22, el lugar donde se la pasan las personas que habitan en la casa donde vivo y trabajo. Era su lugar seguro, santo, inviolable. Donde olvidan sus tragedias, su pasado, hasta su dinero. Ese lugar donde unas mujeres en minifalda se convierten en su familia, porque la propia los odia, no los quiere ver. Un lugar donde por unas horas se sienten a salvo, en donde el mundo no los toca. Son seres destrozados, despojados de la dignidad. Por lo que ellos me han contado, ellos si han hecho país, de un modo otro ha aportan su granito arena para construir a Colombia. Trabajo en hogar de paso, donde llega un sinfín de personajes, con sus vidas rotas y sus historias que llenarían las páginas de un libro. Estoy empezando creer que está llegando el momento de contar mi temporada en el pequeño “hotelito”, olvidado al sur de la ciudad.

 

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