Revista El Muro

Se irán a vivir a un sitio donde el incesto sea legal.

Justo cuando crees que lo has visto todo, te enteras de que hay una condición sexual llamada “atracción sexual genética” (GSA por sus siglas en inglés). No le pasa a todo el mundo, sino que se da cuando un madre  o padre  biológicos abandona a su hijo o hija, y al reunirse se sienten enamorados. NYMag entrevistó a una joven de 18 años cuyo padre se marchó antes de nacer y al que vio apenas un par de veces en su niñez. Cuando la niña tuvo 17 años se reunieron nuevamente a pesar de las fuertes restricciones de su madre. Su padre, que había querido verla por años, la añadió a Facebook y empezaron a hablar.

Como en cualquier romance online, sintieron que se conocían de  toda la vida. Les gustaban las mismas cosas, los mismos programas de televisión y hasta tenían los mismos genes. No, eso no lo sintieron, aunque sí. El caso es que cuando se conocieron, con toda la inocencia del caso, la niña, ya de 18, se quedó una semana con su papá, que vivía en unión libre con otra mujer de una edad y condición genética más apropiada. Durmieron varias noches sin que pasara nada más allá de terminar durmiendo en cucharita.

Wedding rings (c) Jeff Belmonte. Publicado bajo licencia  creative commons license desde ILSR.org

Wedding rings (c) Jeff Belmonte. Publicado bajo licencia creative commons license desde ILSR.org

Pero pues como dicen por ahí, cuando tienes GSA, pasó lo que tenía que pasar. Un día, jugando a las luchas, se dieron cuenta de que ambos estaban excitados. Discutieron un rato sobre la situación y concluyeron que no estaría mal tener relaciones sexuales e iniciar una relación de pareja. Y así, la joven que no dio su virginidad a nadie, se la entregó al primer hombre con el que se sintió cómoda: su padre, el mismo que la abandonó cuando pequeña, razón por la cual, tal vez, solo tal vez, los mecanismos apropiados para evitar el incesto jamás se crearon.

Lo cierto es que tratan de mantener la relación padre-hija fuera de la relación de pareja. Cuando la joven necesita a su padre, lo llama como tal, y no como a su novio o prometido. Eso no ha impedido la enorme incomodidad de momentos donde, durante el sexo, no se dicen cosas como “Whos your Daddy?” (¿Quién es tu papi?), que en este caso particular representa un enorme choque para los dos. Cuando les ha pasado, se les han ido las ganas por arte de magia.

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Imagen: Torsten Mangner. Reproducida bajo locencia Creative Commons

 Según la joven, la familia del padre/novio ya sabe de la situación y esperan ansiosos a que tengan pequeños bebés mutantes. Ya en serio, a pesar de los altísimos riesgos genéticos de la endogamia (reproducirse con un pariente cercano), esta pareja quiere vivir su amor y no ser juzgados por ser felices y aspiran tener una vida normal. La mamá de la novia no sabe nada aún, aunque sienten que lo sospecha. Lo cierto es que se irán a vivir a Nueva Jersey, porque, por una parte y como para espesar más esta sopa, viven en con la ex del señor, y por otra, allí ese tipo de matrimonios entre parientes es permitido, porque temen aún la reacción de la sociedad que puede, literalmente, enviarlos a la cárcel en casi cualquier otro lugar.

Es como Corín Tellado pero con final… ¿feliz? Juzguen ustedes. O que juzgue Freud. El caso es que al menos yo quedé sin palabras.

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