Revista El Muro

 Tener buena cara y actitud, pretender ver la vida color de rosa todo el tiempo es tan sano como creemos? Mauricio Moreno analiza la importancia de las emociones y de aceptarlas y abrazarlas como parte de la vida, sin importar si son negativas o positivas.

Por: Mauricio Moreno

El título de este texto suena a película de baja categoría con un argumento despiadadamente malo. Pero no, de hecho el título proviene de una canción del maestro Jorge Velosa, y la uso en referencia a la costumbre que tenemos de tragarnos las emociones. Este texto es una pequeña reflexión sobre la vida emocional y cómo abordamos nuestras emociones y las de los demás. Lo escribo porque creo que vivimos en una sociedad que nos exige tener cara de ponqué todo el tiempo, estar felices como si todo en la vida fuera siempre color de rosa cuando no siempre lo es. ¿Será que ponerle buena cara y buena actitud a la vida todo el tiempo es tan sano creemos?

Además de la presión social,  muchos sistemas de espiritualidad hablan de prácticamente eliminar las emociones y de ser imperturbable. Y claro que es importante, es lo que Don Miguel Ruiz llama no tomarse las cosas personalmente, es decir, aprender que cuando las cosas suceden, no es porque Dios, el Universo, Godzilla o tu gemelo satánico quieran hacerte daño. Es como si vas caminando por la calle, te golpeas con un poste y supones que Petro lo puso allí para golpearte a ti… Ridículo, ¿no? La imperturbabilidad busca eso, que las emociones nos hagan malas pasadas y que las cozsas no nos afecten al haber aprendido a no tomarlas personalmente.

Pero la invitación de la imperturbabilidad es a entender también que cuando hacen algo “contra ti”, no es por bronca o porque les caigas mal, sino porque primero, la persona que lo hace es así y su estado mental lleva a que se comporte de esa manera; y segundo, se está enfocando en dañar no a quien tú eres, sino a lo que ella cree de ti, que a la larga no es más que lo que esa persona es en el fondo, pero proyectado sobre otra persona. Es una bonita invitación a no ser víctima, a comprender, perdonar y a aceptar al otro… es una forma de vida muy bella y sobre todo sana.

imagen por Sarah en FLickr.  Creative commons.

imagen por Sarah en FLickr. Creative commons.

Y todo eso está muy bien. Pero cuando uno lleva 15 o 20 minutos dedicado a la meditación o empieza a leer libros de autoayuda dudosos y está empezando a conocer el cuento, cree que la imperturbabilidad significa no tener emociones. Eso es completamente falso: la emocionalidad, tanto como la mente, el cuerpo y el espíritu, es parte de lo que nos hace humanos.  La imperturbabilidad es saber manejar las emociones, asumirlas de manera que podamos vivirlas y que no nos dominen y nos dañen, que es muy distinto a negarlas… Si tienes rabia, hay que expresarla, preferiblemente canalizando la violencia y no dañando a alguien, pero no hay que quedarse con eso adentro, lo cual no quiere decir “acabar con el nido de la perra” cuando algo nos molesta. Ya he hablado de cómo liberarse de la ira en otro artículo.

Es algo parecido a lo que pasa cuando un amigo o amiga está triste y tratamos de levantarle el ánimo: le decimos que la vida es bella, que le ponga buena cara al día, que fresc@ que todo bien y que eso no son penas… Es natural querer ver a las personas que amamos bien, pero esto es lo peor que podemos hacer. Primero, porque estamos desconociendo y minimizando su dolor, como si que se le muera la abuelita y el dolor que eso causa fueran una bobada. Segundo, porque no nos va a hacer caso y tercero… porque lo peor que puede pasar es que nos haga caso y no viva su duelo, trate de estar bien negando su dolor y sintiéndose feliz mientras niega la realidad. Y después, a pagar antidepresivos.

La ira, como todas las emociones, debe manejarse, no reprimirse. Imagen: tanmelvyn.com

La ira, como todas las emociones, debe manejarse, no reprimirse.
Imagen: tanmelvyn.com

Es, en últimas, cuestión de aceptar la realidad y cómo nos afecta. Entender que la vida es, no es buena, mala, bonita, fea ni nada, sino que es y los adjetivos éticos y estéticos dependen de las gafas que nos pongamos. Usé los ejemplos de la ira y la tristeza, pero esto aplica a la alegría, a la melancolía… lo importante es entender que las emociones no debemos tragárnoslas (por eso el título de esta reflexión), sino que debemos, por el contrario, vivirlas, aprovecharlas al máximo, entendernos en ellas y por ellas, pero saber siempre que sin importar si son positivas o negativas, no somos nuestras emociones ni nuestros pensamientos, no somos nuestras opiniones o creencias, sino algo más. Es tras la oscuridad de nuestro ser que albergamos nuestra propia luz, y es sólo hasta que la enfrentamos y reconocemos y nos encontramos más allá de ellas que podemos volar. Antes de eso, estamos prendiendo velitas para ver nuestro camino y guiando nuestra vida por fracesitas huecas, cuando en el corazón guardamos un sol que nunca deja de brillar.

Un amigo me dijo una vez que cuando estuviera triste, sufriera y llorara todo lo que pudiese, porque cuando se está en el fondo, sólo queda ir para arriba. Y es en gran medida cierto, las emociones son para vivirlas y sobrellevarlas. Aunque sería bonito que siempre todo fuera alegría, optimismo y seguridad, en algún momento también habrá miedo e inseguridades. Todo es parte de la vida y aprendizajes necesarios para poder llegar a estar bien con nosotros mismos. Felicito a quienes puedan deshumanizarse y dejar de sentir , pero en este viaje, donde tengo la bendición de ser humano, no me interesa dejar atrás esta condición.

Lo que quiero resaltar acá en que todas esas cosas pasan, nos pasan, y que debemos vivirlas antes que reprimirlas para así descubrir nuevas facetas de nuestro ser, amarlas y liberarlas, aceptarnos en esas situaciones siendo conscientes de que pasarán, porque todo pasa cuando lo dejamos ir. La serenidad no viene de tragarnos las cosas que sentimos, sino por el contrario, de vivirlas, pero sabiendo que sólo al dejarlas volar podremos ser libres también nosotros y conocernos para aprender a lidiar con lo que sentimos. Es cosa de aceptar(se) en la realidad.

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