Revista El Muro

 

Por: Dragón Marino

director@elmuro.net.co

In Lack’Ech.

Este es el séptimo número de la revista. Durante siete ediciones, hemos compartido con ustedes la vida y alegría de muchos que nos han contado su historia. Este número es especial, porque es el último que saldrá… antes del “fin del mundo”. Aquí nadie cree, sinceramente, que el mundo se vaya a acabar, y no por lo que creen los escépticos (que dicen que todo eso son supersticiones), sino porque muy por el contrario, todos en el comité editorial de la revista creemos firmemente que viene un momento muy grande de cambios. Por eso, hicimos desde diferentes perspectivas, varias reflexiones sobre los fenómenos que sucederán el 21 de diciembre de este año siguiendo la línea del artículo que apareció en el número anterior. Yo hablaré del Juicio Final.

El Juicio Final  es la idea de que los seres humanos estamos condenados a llegar a un final de la historia, en el que un dios, sea el que sea, vendrá con lista en mano a cobrarnos cada una de nuestras fallas. Me preocupan bastante todos los chocolates que robé de la tienda de mi abuelo cuando tenía 5 años… creo que eso me condenará. También han aparecido versiones hollywoodenses de la historia, como la película 2012, que muestran el escenario de un apocalipsis sin dios alguno que lo cree, apelando a la santa física para acabar con todo. Y lo más preocupante, medios serios como Discovery Channel, History Channel o National Geographic se han dedicado en los últimos años a dar fundamentación científica a los temores de muchos, explicando cómo se va a acabar el mundo en medio del sufrimiento y del terror de los desastres naturales, la invasión extraterrestre (nunca pacífica), y el juicio divino, todo predicho hace cientos o miles de años por culturas que al parecer no hablaron de eso.

Todo esto tiende a crear un ambiente bien raro. Mucha gente se acerca a preguntarme qué va a pasar el 21 de diciembre de este año, porque no es casualidad que estén ocurriendo tantos cambios políticos y sociales (no, no sólo desde los ataques terroristas de 2001, sino desde los 90) acompañados de desastres naturales nunca antes vistos. Realmente, con los volcanes, huracanes y terremotos alborotados, es como si esta vez si fuese en serio que se va a acabar el mundo. Pero a todos los que me preguntan, les digo lo mismo: no tengo idea de qué va a pasar, pero no será el juicio final. Básicamente, porque el juicio final será el momento donde todos dejemos de juzgarnos a nosotros mismos y a los demás. Y ese será el momento más feliz de la historia. Y realmente ojalá fuese a pasar por arte de magia en diciembre. Pero no creo. Tampoco sé. Tampoco me importa mucho. En diciembre vemos.

 

Esto es algo de lo que NO veremos en diciembre.

Lo importante acá es la imagen popular del fenómeno. Mucha gente en serio espera un ataque zombie o una debacle nuclear o una invasión extraterrestre o la segunda llegada de Cristo. Y están construyendo refugios subterráneos y preparando toda clase de armas por si viene el diablo a jalarles las patas. Pero todas estas imágenes se parecen en una cosa: todas están llenas de sufrimiento, de ira, de venganza… ya sea de la naturaleza o de un dios que se levantó con la chiripiorca. ¿Por qué es eso? Sencillo: porque es el JUICIO final. Estas imágenes reflejan el miedo que tenemos todos por dentro a ser juzgados, a que cada pequeña acción donde obramos de manera “mala” vuelva para cobrarnos. Y por eso, tememos a ser castigados, tememos que ese juicio que llevamos dentro se haga exterior y nos dañe, nos quite todo eso a lo que nos apegamos, nos cause dolor y sufrimiento. Y también, el juicio que tenemos hacia el otro pone su granito de arena.

Esas imágenes nacen cuando tomamos nuestra incapacidad para aceptarnos a nosotros mismos y al mundo y la exteriorizamos, creando escenarios de sufrimiento, dolor y desdicha. Pero son innecesarias, nacen completamente de la tendencia de nuestra mente a juzgar y a negar las cosas que nos diferencian y hacen…  no sólo especiales, sino felices. El temor a ser juzgados desde afuera nos lleva a crear una serie de fantasías de cosas imposibles y siempre dolorosas, tan dolorosas como el juicio que nos hacemos permanentemente por no alcanzar unos estándares sociales, culturales, familiares o religiosos. En resumen, es pura falta de aceptación de nuestro ser. Además, temor también al cambio, pero de eso no voy a hablar.

Será decepcionante no ver a la parca correteando con su guadaña, o a los caballeros del apocalipsis dando machete a diestra y siniestra a los pecadores. Tampoco va a volver Cristo ni se levantará el Papa Juan Pablo II de su tumba (eso también lo he escuchado). No lloverá fuego ni nos estrellará ningún planeta. Los escépticos tendrán razón el 22  de diciembre al decir que no pasó nada, porque nada sentirán; y quienes creen también tendrán la razón, pues podrán sentir el despertar de una nueva era. Y lo que vega después, depende de todos y lo que seamos capaces de construir como humanidad que (esperemos) vive en armonía con el ambiente y trabaja unida por el bienestar de todos. Pero siempre ha sido así, la única diferencia es que las condiciones serán más favorables.

Pero estas imágenes y el miedo que nos causan no saldrán de nuestra mente hasta que no nos aceptemos sin juzgarnos. El mundo no acabará este año, así como no acabó el 6 del 6 del 2006 (o de 1996), o en 1999, o en ninguno de los tantos apocalipsis que en mis tres decenas de años sobre esta tierra he sobrevivido sin siquiera despeinarme.

 

Imagen central por Zyphichore, tomada bajo licencia Creative Commons de  http://www.thoughtoutloud.org/new/wp-content/images/2011-6-june/disc_ath_fc.jpg

 

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario