Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

¿Cómo definir a Julio Ferro? Es uno de los grandes del teatro colombiano y tal vez el mayor exponente en el país de la pantomima clásica. Pero también, es un educador, y es un apasionado de la lucha política y los movimientos sociales. ¿Por dónde empezar? Tal vez por mostrar la historia de este hombre que el día en que se publica este artículo cumple 60 años de vida, y cómo esa historia lo ha llevado a pasar de ser un muchacho más de La Perseverancia a el educador y artista que es hoy. Tal vez sea desconocido para muchos, pero con su trabajo y su silencio construyó y construye nación día tras día desde el arte, que es lo que sabe hacer.

La calle de los Maestros

Julio Ferro Nació el 19 de abril del año 1954 en la clínica Bogotá, que quedaba cerca de la Plaza España y de la Estación de la Sabana, donde los migrantes llegaban a la ciudad que aún no era tan grande. Hijo de padres campesinos, creció en el barrio La Perseverancia. Este sector tiene una ubicación culturalmente estratégica, pues está cerca del Parque Nacional y su teatro, de la Plaza de Toros, de la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional… creció con la Lucha Libre y el toreo (que le gusta, aunque no le guste que hieran o maten al animalito). Era “Carreticas”, como lo llamaban en el barrio, el niño inquieto y que evitaba las peleas, pero al que jamás le ganaron. Así mismo, el que tenía que ver a su madre irse a trabajar en la mañana para volver tarde mientras él la esperaba encerrado. No creció con su padre, pero lo recuerda por su enorme apoyo, tal vez no en lo material, pero sí en lo humano.

A un par de cuadras de la calle de los Abrazos -su calle- vivía también el que luego sería uno de los escritores más importantes del país: Jairo Anibal Niño, con cuya familia tuvo una bonita amistad. Así mismo, el arquitecto colombiano más importante de los últimos tiempos, y Julio recuerda entre risas que cuando jugaba con su cauchera rompió por accidente las ventanas de Rogelio Salmona. Años después pidió perdón al maestro Salmona, pero no le creyó… Y allí estuvo su primer encuentro con la policía, pues el maestro Salmona llamó a las autoridades para buscar a ese niño que le rompía los vidrios mientras Julio escuchaba el alboroto desde debajo de su cama.

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Fue en el Parque Nacional donde se encontró con el teatro y la pantomima. Desde su escuela, el sitio que en últimas lo llevó a creer hoy en día en la educación, lo llevaron a ver Pinocho. Se enamoró desde ese momento del teatro, le pareció mágico. Y fue allí donde se alimentó de las películas de Los Tres Chiflados y El Gordo y el Flaco, vio títeres, teatro… además, encontró compañía intelectualmente estimulante, tal como Gabriela  y Marisol Samper, Fernando Moncayo, Carlos Parada, Fernando Kosher… nombres que son imprescindibles para el teatro, el documental, la literatura y los títeres en Colombia, y cuyos trabajos recomienda para entender muchas de las luchas que hoy se mueven y cómo se gestaron en los 70. Pero al teatro llegó como actor cuando un títere se burló de él y decidió sacarse el clavo uniéndose a una compañía de teatro infantil convocada poco después en el parque. Su intención era saber quién le había hecho la chanza. Pero eso luego ya no importó, y ya son casi 50 años de que no importe.

Pero desde su infancia mostró también su vena rebelde. Él se considera un subversivo, es decir, una persona que subvierte el orden y lo hace porque desde niño no soporta la injusticia. Creció con dificultades económicas y tenía que comprar cincuenta centavos de hueso y sobras en una carnicería de Teusaquillo. Un día, regresando a su casa, vio al dueño de una panadería española del sector maltratando a uno de sus empleados injustamente… y vengó al muchacho acabando con los vidrios del local.  Después se volvió el niño que hablaba con la señora de la tienda de política mientras se tomaba una Kol-cana. El mismo que se reunió un día después de su cumpleaños frente a la casa del General Rojas Pinilla el día en que la ANAPO “perdió” las elecciones frente al “ganador” Frente Nacional a decir “si no nos dan el poder, denos las armas, mi general”. Inconscientemente participaba en la creación del M-19, con el que luego simpatizó aunque no hubiese jamás levantado las armas. El “ganador” de esas elecciones fue Misael Pastrana, un apellido con el que luego se volvería a encontrar.

Las comunas de Bogotá

Ese niño se volvió uno de los “vagos” del barrio, muchachos que trabajaban en lo que fuera para mantenerse mientras se dedicaban a crear en la calle, por la falta de otros espacios. Durante años recibió el apoyo de sus amigos del Teatro del Parque, pero siempre tuvo que ser muy recursivo para encontrarse los medios para sobrevivir, mantenerse y tal vez coquetear a alguna muchacha los domingos en la Iglesia de San Bartolomé. Se llamaban “Los 10 amigos”, un club de artistas dedicados al teatro, y la danza. Algunos los miraban mal, algunos bien… incluso, llegaron grupos políticos para adoctrinarlos, pero ellos no se dejaron absorber. Los vecinos los apoyaban y los alentaban, e incluso les prestaban las terrazas para ensayar. Pero mientras el teatro se cristalizaba, debían sobrevivir de los trabajos que salieran para sostenerse.

Ya gozaban de cierta fama de talentosos, inquietos y rebeldes cuando llegó Enrique Vargas a proponerles crear una comuna de artistas: una casa donde todos compartieran su arte y vivienda. Vargas llegó de Estados Unidos, de vivir el movimiento chicano y los Happenings , y por intermedio de Paco Barrero se acercó a esos muchachos de la Perseverancia para entregarles su conocimiento en una comuna. Todos trabajaban para mantener la  casa intercambiando bienes para arreglarlos y venderlos, o cambiarlos nuevamente por comida. Así mismo, el proyecto recibió muchas donaciones y regalos. Pasaron de cenar una sopa mal hecha cocinada en un reverbero la primera noche,  a tener la casa completamente equipada en tres meses.

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Pero no eran un grupo de hippies ociosos. Julio recuerda el rigor de la vida en el lugar: se levantaban a las cuatro de la mañana a ejercitarse con Yoga y Tai Chi bañarse en el río y trabajar. Así mismo, se preparaban y estudiaban, encontrando profesores de las universidades públicas cada vez que quisieran aprender un nuevo tema. Estaban contra el Hipismo y el consumo de marihuana, pues lo consideraban una técnica de adormecimiento y dominación del imperialismo para distraer los movimientos sociales. Eso llamó la atención de políticos e intelectuales, volviéndose famosos al punto que hasta la familia del actual presidente los buscara para tomarse fotos con ellos.

Su trabajo como artista y su fama lo llevaron a recorrer el mundo. Pasó por Chile y Argentina en las épocas de las dictaduras. Recuerda en particular que una noche discutía sobre la poesía de los Hernandez (el español y el argentino) con una de sus amigas. Al día siguiente, cuando volvió al boliche, nadie quería atenderlo… hasta que un valiente mesero le dijo en una servilleta que habían encontrado a su amiga en su apartamento muerta, y que él era el próximo. Tuvo que salir a escondidas del país. Recorrió el mundo y se estabilizó en Alemania, donde estaba actuando y dirigiendo con comodidad. Y apoyando los procesos revolucionarios en América Latina y África desde el trabajo artístico.

Pero a pesar de su exitosa carrera, lo llamó el olor de la guayaba y volvió a Colombia, donde junto con su esposa de ese momento crearían la Librería el Mimo, un espacio de creación y generación de conocimiento, muy reputada en cuestiones de ciencias sociales. Esta librería la compró a Luz y Vicky cuando aún era la “Caseta la Comuna”. Allí fue donde compró por 18 pesos su primer libro, un texto sobre Estética. Y allí siguió comprando libros de poesía durante años. Y cuando regresó a Colombia, las dueñas de la librería le ofrecieron comprarla, queriendo que quedara en manos de alguien que mantuviera el espíritu cultural de “las Casetas”, las librerías de la 19 entre 7ª y 8ª, donde hoy se construye un centro comercial tras años de estar desocupado.

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Pero en ese momento ese espacio vacío era un vibrante centro cultural durante las duras épocas de Turbay Ayala, de tantas muertes innecesarias. Allí inició una aventura literaria con su compañera de aquel entonces, Julia, con quien fundaron la librería “el Mimo”, un espacio de discusión y crecimiento de las ciencias sociales, de debate político y desde el que se gestaba el apoyo a las revoluciones del mundo desde lo artístico y las ciencias sociales. La librería creció con el tiempo y se convirtió en un referente cultural de la ciudad.

La librería “El Mimo” es recordada aún. Su nombre estuvo involucrado en la traición del exalcalde Andrés Pastrana a los libreros pequeños de Bogotá: ellos querían construir el centro cultural de libros más grande de Latinoamérica y durante largo tiempo insistieron para llevar a cabo una convocatoria a arquitectos que les permitiera hacer una excelente edificación. El alcalde de turno, Andrés Pastrana, los ignoró por mucho tiempo, hasta que por fin fueron convocados a una reunión en el Concejo de Bogotá para discutir la viabilidad del proyecto. Mientras estaban allí, la fuerza pública arrasó el lugar. Así, el gobierno del que después sería presidente de la República mostró su apoyo a la cultura en un hecho del que quedan testigos, pero que ha sido olvidado por la memoria histórica oficial. Tiempo después, ya separado de Julia, terminaron con la librería y él siguió en su carrera teatral, pero ella se mantendría en el negocio de los libros con una librería bien conocida por aquellos que se dedican a las ciencias sociales en Bogotá: Popol Vuh.

EL mimo de la Perseverancia

Su vida es y ha sido, para él, un interrogante constante, un buscar de arte y justicia. Esos tiempos de comunas y vidrios rotos han pasado, pero la rebeldía no muere. Ahora trabaja para expresar con su cuerpo lo que considera importante que la sociedad conozca por medio del personaje que lo ha traído a donde está: El mimo. Es un artista con ideas políticas y ya no teme decirlo. Su interés es contribuir a la reflexión y formación política. No es cuestión de ser amarillo, azul, rojo, derecho o izquierdo, sino saber por qué se afilia a cualquiera de las posiciones en juego. Sueña con un mundo donde las ideas puedan discutirse, un país que, como dijo el Maestro Jorge Velosa, sea un bolsillo en el que quepamos todos.

En este momento tiene un montaje llamado “Aquí no ha pasado nada”, un tributo a Jaime Garzón, que está en permanente construcción y en el que se habla del desplazamiento por medio del uso del cuerpo, la imagen y la música, pero no sólo del movimiento físico, sino del abandono y la pérdida del espacio, no sólo del desplazamiento del campo a la ciudad, sino también de un barrio al otro. También ha construido piezas como “Como un pájaro libre”, pieza muy recordada por su público (incluso por las presas del M-19 en prisión, que se la pedían cuando lo veían visitando las cárceles).

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Prepara actualmente otra llamada “Para ti y para uste’ también”, que habla sobre los desaparecidos y la nostalgia de su generación, de todo lo que querían construir pero se frustró por razones políticas. Así mismo, está montando una obra que aún no tiene nombre, pero tendrá que ver con el nombre de su hija mayor y el menor, Luna e Inti (Sol), refiriendo al transcurrir del tiempo, el ciclo de tiempo y el amor. Tentativamente, se llamará “Llegó la noche”, y como siempre, hablará del amor, pero también de lo que considera que es importante que la sociedad tenga claro y que pueda expresar con su cuerpo.

Pero mientras monta sus obras, aprovecha el espacio que recibieron los artistas para contribuir a la educación más allá del aula, apoyando a la creación de ciudadanía y equidad, de un país donde todos quepamos. En el espacio de la “Jornada Continua” en los  colegios distritales aprovecha para aportar a la construcción de mejores seres humanos enseñando sobre arte a pequeños que generalmente hubiesen tenido el espacio a la cultura cerrado en las jornadas del programa 40 por 40. Y todo por amor al arte y a la humanidad, el mismo amor por el que celebrará su cumpleaños en las tablas y frente al público, que es donde le gusta estar.

Y seguirá adelante. La esperanza de una mejor Colombia no se pierde. Como hijo del barrio la perseverancia, persevera en ello. Sabe que debe planificar y organizarse muy bien para sus cometidos, pero sabe que a donde lo lleve el destino, llegará porque nunca dejará de soñar. Son casi 50 años de vida artística, pero aún hay mimo para rato.

Para saber más, visita Producciones el mimo en:

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Imágenes: Producciones El Mimo. Reproducidas bajo autorización.

                  

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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