Revista El Muro

Así fue nuestra experiencia en el KZ rock festival, celebrado en Valledupar en noviembre de 2017.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Los prejuicios están, gústenos o no, implantados en nuestras mentes. No creo que haya alguien libre de ellos, por tontos que resulten. Hace un par de meses recibí una comunicación desde Valledupar solicitando el apoyo en la difusión de un festival local de rock. Y esas son palabras que no parecen dar para mucho más que una contradicción, así que de inmediato me puse manos a la obra a recopilar la información necesaria para hacer una nota invitando al festival en la que además el público del Muro pudiera conocer propuestas de una ciudad reconocida por ser cuna y bastión de uno de los géneros más tradicionales de Colombia, que obviamente no es el rock.

No sabía en ese momento que sería parte de un momento histórico que, aunque aún no podamos interpretarlo, es piedra de toque para el crecimiento de la escena nacional, sumando a esta y dando visibilidad al rock y sus derivados que vienen desde una ciudad en la que la cultura del vallenato está tan enraizada, que ni siquiera e escucha mucho reggaetón. Pensé más bien poco y elegí irme a una ciudad desconocida a apoyar  este proceso cultural, escuchar propuestas nuevas y… bueno, conocer el río Guatapurí a ver de dónde ha salido tanta música colombiana.

Aunque la cita era a las 3 de la tarde del4 de noviembre, el festival, por algunos problemas técnicos, no dio inicio sino hasta las 5 de la tarde, momento en el que el inclemente sol del Valle empezaba a apaciguar, dando lugar a una noche llena de rock and roll. La cita era en Rio Luna, el mismo lugar donde se celebra el festival de compositores vallenatos. Lentamente rockeros de todas las vertientes, tanto de Valledupar como de ciudades cercanas, empezaron a llegar al lugar para convertirlo en una Caseta, eje central del concepto del festival y que evoca a esas fiestas en las que se cerraban calles para que los exponentes jóvenes de la música vallenata mostraran su música a sus amigos y vecinos. La idea era la misma, pero sin cerrar calle y poniendo a rockear a todo el mundo para mostrar que en Valledupar hay diversidad y que les gusta el rock.

Valium. Imagen: Jhonatan Giraldo/LA PLENA​. reproducido bajo autorización de KZ Rock

La grilla local estaba  compuesta por SinTendencias con una propuesta indie rock interesante y divertida. Continuó ArdePueblo con un sonido mucho más cercano al rock and roll clásico y un discurso beligerante, a quienes además acompañó el rapero Sonny. La fiesta continuó con el enérgico y divertido show de The Majeens para dar paso a Dr. Parnassus, la agrupación intercambio con Caribe Rock, quienes empezaron a prender el pogo con acento vallenato.

El grupo vallenato (es decir, de Valledupar) Café Expresso bajó un poco el ritmo para deleitar al público con su rock, dando paso a Valium, banda emergente que aunque nació en la ciudad anfitriona, venía desde Ibagué a alborotar al público y ponerlo a poguear como si no hubiera futuro con su punk metalero y estridente, incluso a pesar de los problemas de sonido que afectaron su show. Tras ellos, Eufonic, una agrupación joven proveniente del valle, con un indie rock con visos pop muy elegante, deleitó al público y lo calmó un poco tras el despeluque.

Pero al parecer, a San Pedro no le gusta el rock, y se cumplió la de todos los conciertos: empezó una tímida llovizna que obligó al equipo de producción a correr para montar una carpa que protegiera equipos y sonido. Pero bien pronto el piso se secó cuando JaneDoe puso a hervir todo Rio Luna con su metalcore y su propuesta directa, dura y emocionante. El cierre estuvo a cargo de Pedro Rock, la agrupación cartagenera que con un rock pop muy bonito despidió al público que casi a las 2 a.m.  abandonó el lugar.

Asistentes. Imagen: Jhonatan Giraldo/LA PLENA​. reproducido bajo autorización de KZ Rock

En líneas generales, lo que se presenció ese día fueron buenos shows en construcción (que es mi única recomendación para la mayoría de las bandas, trabajar en la propuesta escénica y estética) junto a la experiencia de agrupaciones como Dr. Parnassus, Pedro Rock o JaneDoe.  Fue un día de excelentes sonidos, buenos shows  y “cule’ parche bacano”. Yo, lego en esto de los festivales, no puedo menos que felicitarlos, se notó el esfuerzo titánico y de meses que conllevó la producción de un evento tan grande, lográndose una muy buena curaduría y un evento con muy pocos pormenores para recordar. La única crítica que tendría, en verdad, fue el orden de presentación, un sube y baja emocional, y la falta de prevención de contingencias. Pero en líneas generales, fue un excelente proyecto que no debe quedar ahí, y eso sin contar con las actividades académicas que desarrollaron y hasta el compilado que lanzarán dentro de poco. Mejor dicho, nos vemos en KZ 2018.

Por supuesto, fue una apuesta. No voy a decir que lo pensé mucho, pero ir allá fue encontrarse con procesos emergentes y agrupaciones veteranas generalmente invisibilizadas por todo lo que pasa en las grandes ciudades. Pero ese día en Valledupar se hizo historia, pues aunque no hay sido el primer festival de rock organizado en la ciudad, sí fue el más grande y alcanzó 1500 visitantes, quienes soportaron  “cule’ sol que hace por la tarde”, que no se dejaron amedrentar por la llovizna y que se enfrentaron a prejuicios culturales de su ciudad (si, los hubo). Creo que eso es mucho más rockero que quedarse en las plataformas de siempre y las ciudades de siempre viendo a los de siempre que también está bien, pero no es allí donde reside el espíritu rebelde y transgresor del rock. Es en proyectos como este donde se hace historia. Es en espacios como este todo donde en verdad vive el rock and roll.

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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