Revista El Muro

Te presentamos el tercer trabajo de estudio de uno de los power trio más importantes de la escena independiente colombiana.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

 

 

Seamos claros: No cualquiera se gana un Grammy ni participa en el desfile de Macy’s, uno de los más importantes de Estados Unidos. Para eso hay que tener muchos coj… mucha calidad. Pero ganarse un Grammy y no seguir el mismo camino, eso sí que requiere coj… valentía. Y eso es lo que ha hecho Diamante Eléctrico con “La gran oscilación”, su tercera producción de estudio (Perdón por la salida en falso tan machista, pero era necesaria).

“B” fue un gran disco y a mi juicio merecía ese Grammy. Un disco duro, honesto y directo (que te presentamos acá). Lo obvio para cualquier artista es seguir el mismo camino y mantener pautas creativas,  al menos durante el siguiente trabajo. O más directamente: repetir fórmulas. Pero lo primero que escuché en “La Gran Oscilación” es que no le apostaron a eso: se hace impredecible, no es lo que siempre nos ha dado Diamante Eléctrico, sino que es un trabajo realmente diferente, pero que no por eso deja de tener el sello del power trio bogotano.  Esto se puede deber a los cambios en los procesos creativos de composición y arreglo, en los que ya no sólo participa Galeano, sino que se han vuelto colaborativos, haciendo que el crédito sea de Diamante Eléctrico y no de su fundador.

“La gran oscilación” es un trabajo de 13 temas con una duración de 56:22 que contó con la producción de Juan Galeano,  y que contó con Joshua Smith en la grabación y mezcla, junto a Daniel Bustos y Mauricio García, respectivamente. El arte es de Luisa Álvarez y la fotografía de Gustavo Martínez. El trabajo viene en una caja de cartón sencilla, pero que deja ver que no es como los demás: se abre por arriba y no por el lado derecho, algo pequeño, pero  que crea una gran diferencia.

La fotografía de portada muestra un hombre a punto de suicidarse por medio de un complejo sistema de cuerdas que recuerdan casi que a las caricaturas. A mí, en últimas, me habla de la lucha contra el dolor de la vida diaria y cómo nos rebuscamos la forma de soportarlo y no mandar todo al demonio, a pesar de tener todo el tiempo el revolver en la cabeza que nos permitiría hacerlo. La fotografía posterior, siguiendo la misma idea, muestra lo que bien podría ser el mismo sistema de cuerdas, pero atado a un hueso de pavo, creando una suerte de apuesta con el destino. La imagen del CD es la de un hombre a punto de martillar un clavo cualquiera usando un martillo de cristal. Aunque mi interpretación puede ser errada, quiero compartirla porque siento que en el arte se encuentra también el espíritu del álbum, ideas de dolor, lucha, perseverancia, amor y rock and roll.

“La gran oscilación” es un disco sucio, duro y directo. Un trabajo en el que el Diamante hizo lo que bien se le entró en gana, y eso se nota. No tanto porque en “B” no lo hicieran, sino porque este tiene un vibe garagero que no estaba presente en el otro, un sonido distorsionado, desgarrador y directo, aparentemente sencillo pero muy complejo cuando se le escucha con atención. Incluye además instrumentos no tradicionales para Diamante, como el Bongó, el Sitar o el Charango. Sin dejar de lado el rock ni por un instante, en el trabajo se exploran sonidos más cercanos al sur. Un gran ejemplo de esto es el tema “Humo Sagrado”, son un sonido rockero, pero extrañamente espiritual y andino.

En líneas generales es un trabajo inspirado en el dolor. Mucho más distorsionado y con un timbre bien particular en la voz de Galeano que lo hace sonar más juvenil y agresivo, menos formal y más emocionante, un sello particular de este trabajo que, por demás, fue grabado completamente con equipos analógicos, es decir, a la antigua, con menos computador y más tripas.

Es inevitable sentir cómo algo por dentro se desgarra con letras que obligan al oyente  a recordar algún dolor que lleve adentro y cantar desde adentro… es muy fácil identificarse con las canciones y sus letras, interpretarlas a acomodo para que lleguen dentro. Pero no todo son penas, hay canciones pensadas para divertirse y saltar, sonidos rock and rolleros que sin duda van a conectar al público con este nuevo trabajo y la sinceridad que lo caracteriza como  “Déjala Rodar”, sencillo con el que Diamante experimentó con tecnología de video en 360º.

Este es un disco que hay que escuchar y tener. Muestra la evolución de una banda que a punta de trabajo y dedicación ha llegado lejos, pero que es consciente de que el camino sigue durante mucho más tiempo y por eso se atreve a hacer un trabajo a la vez más elaborado y más directo, y sobre todo, diferente de lo que ya había entregado en el pasado, abriendo así la puerta a seguir con la experimentación en sus trabajos. Así, con “La Gran Oscilación”, este power trio consolida sus sonidos ofreciendo un trabajo particular, diferente y temerario que sin duda es uno de los mejores de 2016.

 

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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