Revista El Muro

En un (extenso) texto, Mauricio Moreno reflexiona a partir dela educación que reciben los niños y jóvenes colombianos criticando los vicios que encuentra en el mismo y proponiendo una visión distinta sobre la educación

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

En diciembre del año pasado, una profesora  no fue recontratada, o mejor, la medio echaron del colegio donde trabajaba porque empezaría una maestría este año y pidió por eso que le bajaran un poco la carga académica (por demás, mayor que la de muchos de sus compañeros hombres, quienes en general tenían mejor sueldo que ella) y permiso para dejar de trabajar un sábado cada par de meses. Aunque es escandaloso que una docente sea despedida por querer capacitarse, es más escandaloso que no uno sino dos de sus compañeros hombres hayan hecho show de diva renunciando en marzo y esperando a que les suplicaran que se quedaran todo el año. Al final, ambos negociaron con el colegio que se les arrodilló y les permitieron seguir con una carga inferior pero un sueldo nada despreciable.

Uno de esos profesores es homosexual. Eso no tendría nada de raro si, primero, no cambiase la historia si llegara a salir del closet frente a sus jefes, y segundo, la razón para quedarse en el colegio sea una relación que asegura platónica con un estudiante, aunque vaya uno a saber si es platónica o no. Pero eso no es extraño en esa institución: hace un par de años, un profesor fue despedido tras descubrirse que tenía relaciones (quién sabe qué tan íntimas) con una de sus estudiantes. Los papás exigieron que se fuera, pero graduada la niña, intentaron recontratar al profesor (que ya estaba trabajando en otro lado y por eso no volvió). Y no son casos aislados: los profesores de esa institución salen a tomar con sus estudiantes, tienen relaciones y cuando los echan, los recontratan tras el grado del o la menor en cuestión. Y de hecho, a los directivos no les parce extraño que el de gimnasia se comporte de manera poco ortodoxa con niñas de cuarto de primaria en adelante.

Esos estudiantes se ven sometidos a tal nivel de presión por su rendimiento académico, que tienen crisis nerviosas. Yo bromeaba diciendo que estudié en un campo de concentración, pero nunca vi que profesores o estudiantes tuvieran problemas similares (y es en serio, salí de uno de los “mejores colegios del país”, de esos en los que se cambian las buenas notas por el alma). Pero describiendo esa institución podría quedarme la vida, mejor ignoremos que allí las señoras del aseo tengan que marcar sus escobas o tengan el jabón medido (y si se pasan, lo pagan y con productos carísimos), que ese cuento de la libertad religiosa para ellos son paparruchas,  o que los estudiantes hinchas de otro equipo de fútbol distinto al del anterior rector fuesen matoneados por el mismísimo señor… y a propósito, es por eso que el uniforme de la institución fue durante muchos años del color de uno de los equipos capitalinos… y su himno no oficial era el de ese equipo (o al menos sonaba en todas las izadas). Sé que suena estúpido, pero no me lo estoy inventando.

Sólo tengo testimonios orales casuales de quienes por allí han pasado como administrativos, profesores o estudiantes, por eso no puedo decir nombres, porque sé que se retractarán o por cariño a sus amigos viejos verdes, o por temor a perder el puestico. Y aunque con seguridad ya muchos sabrán de qué colegio hablo, no sería relevante decir cuál es si no estuviesen mojando prensa por ser uno de los mejores cinco colegios privados según El Tiempo, Semana y Dinero. Pero la verdad me estoy mordiendo el codo para no decir quienes son.

imagen desde alltogetherbetter.info

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Pero por supuesto, no es el único. Otro de estos “mejores colegios” se caracteriza por sus prístinas paredes en las que los estudiantes no pueden poner las manos… y es un colegio de primaria. Es tal el grado de represión que un niño, cuya naturaleza es jugar y correr y ser travieso, no puede poner la mano en la pared. Y lo mejor es que en un canal de televisión los exaltan por su “gran disciplina” de paredes limpias y mentes vacías. Y podría seguir de colegio en colegio contando las cuitas de cada institución, pero eso no es lo que me interesa hacer. Quiero hablar de la educación que damos a nuestros niños y jóvenes. Estos ejemplos simplemente quieren mostrar el tipo de sociedad que se construye y los valores que se transmite en los colegios: discriminación, violencia, abuso, machismo…  aunque claro que no es en todos, pasa en muchos colegios.

Ya deja mucho que desear que sea la revista Dinero la primera en sacar un ranking de los mejores colegios. Me recuerda un chisme infame que escuché sobre un ministro tarado que salió a decir que el problema del país es que la gente está estudiando lo que quiere y no lo que el mercado necesita. Más allá de que esa lógica perversa busque crear simples animales domésticos diseñados para perpetuar un sistema que no sirve, nos muestra algo: la educación que se concibe simplemente es el acto de vomitar conocimientos y aplicaciones en el cerebro de los niños, pero no más. Y eso para diseñar animales domesticados que obedezcan y mantengan el sistema. Yo trabajé en la redacción de proyectos educativos institucionales de una universidad, y sé que lo único que le importa al Ministerio de Educación es que haya mercado para la carrera, tanto de estudiantes que entran como de egresados que tienen en qué trabajar.

Y los profesores se lavan la mano diciendo que esa educación es la que les corresponde, que el resto es de los papás. Eso no es falso, sino estúpido: claro que les toca a ellos, así como me toca a mí y a usted y a los papás y a los abuelos: ¿de qué sirve decir que el alcohol es malo si veinte minutos después el profesor está tomando aguardiente al lado del colegio? ¿De qué sirve hablar de resolución de conflictos si a la salida dos extraños están golpeándose? ¿De qué sirve hablar de ecología si todo el mundo tira papeles por la calle? La educación y la construcción de sociedad nos tocan a todos. Para tener una mejor sociedad no podemos esperar a que los demás se porten bien, sino ser ese demás que se porta bien. Y sobre todo, dar ese ejemplo a los niños y dejar la doble moral: simple coherencia entre lo que se quiere y lo que se hace. Y si quiere beber, hágalo, pero no lo haga al lado del colegio o escuela.

Pero a la escuela le interesa la competencia y la medición. Si no es medible, no es real, si no podemos competir con los demás, no sirve. Y competir está bien, pero cuando no se infunden valores de trabajo en equipo y servicio al prójimo, la competencia enseña a simplemente destruir al prójimo. Lo que se imparten son ideales de autonomía que heredamos de la ilustración Europea, del “yo puedo solo”, del egoísmo y de “soy el mejor en todo”, o como decimos los jipis, del ego. La racionalización en procesos que no pueden ser racionalizados por su naturaleza aracional, impuestos a una población que no ha vivido los mismos procesos históricos que llevaron a que esa racionalización sirva en otros lados en los que la gente se suicida por lo aburrida que es su vida. Y  sinceramente creo que en nuestra falta de represión, en nuestra inocencia, nuestra capacidad creativa está la clave para salvar este mundo.

imagen desde technapex.com

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Pero ya me puse ñoño. No estoy diciendo que quememos las universidades y volvamos a la edad de piedra. El aprendizaje científico sirve, y atrocidades como el cálculo sirven para desarrollar ciertas habilidades logicomatemáticas incluso a quienes nos escapamos de sus garras. Pero definitivamente el álgebra de Baldor no transmite valores… si acaso tics nerviosos. Sólo que estamos llenos de creencias y fe en la razón, en que la represión de las emociones  y la construcción de sociedades uniformes son la salida para la construcción social. Y si en 2500 años no ha servido, no sé qué esperan que pase ahora. Y a nadie le importa la realización del ser, la salud emocional… simplemente porque eso no sale en las pruebas PISA ni en las SABER, no permite rankear, organizar y por supuesto desechar a quienes no sirven al mercado. Y lo triste es que tenemos asignaturas que sirven para construir valores distintos, pero las dejamos relegadas a la costura… y no me refiero a ética, constitución y filosofía, sino a artes y deportes, o la mismísima costura (que no es tan fácil como creen).

Creo que simplemente los niños ya no le comen a nuestro discurso racionalista, o tal vez lo adaptaron tan bien que ya no ven la utilidad de saberse las capitales de África o la fecha exacta de la finalización del Concilio de Nicea, cuando pueden mirarlo en Google, y ahora nuestros niños quieren algo más. Y la verdad tampoco veo la necesidad, me parece importante que sepan qué hacer con esos conocimientos antes que tenerlos. Y yo sigo esperando el momento en que me toque resolver una identidad trigonométrica (porque a pesar de mi master en décimo, jamás pude sacar las jijunas identidades) y no entiendo por qué se me reprimió como se reprime a tantos otros por no tener esa habilidad en particular, cuando bien podía hacer otras cosas. El colegio debería saber para que el niño o niña descubra qué quiere hacer con su vida.  Yo sé que ustedes temen que el mundo colapse, volvamos a la edad de piedra y sea imposible saber cuándo fue que nombraron Papa a Constantino I si no es apelando a la memoria, pero frescos, eso no va a pasar.

Lo que estamos creando son seres sin amor propio pero con un ego monstruoso. Se creen los mejores por lo que saben, tienen y han hecho, y no por quienes son. Seres con dos posgrados y una vida emocional absolutamente destruida. Personas que a sus 40 siguen queriendo ser de 20 y son incapaces de madurar y enfrentarse seriamente a una relación de pareja, o a un proyecto o a una causa, porque están llenos de miedo a dejar de satisfacer esos estándares que les impusimos entre los que está la juventud.

imagen desde tcktcktck.org/

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Necesitamos dejar la colonia mental de las ideas que nos metieron a la mala con la conquista y en las que nos han hecho creer que somos “indios malos” en comparación a los blancos europeos, dejar de creer que estamos mal y ellos bien y empezar a hacer nuestra educación, pero en valores, creatividad y respeto, en comunidad y no en ciudadanía (de la una se es miembro, en la otra un individuo sujeto de derecho y deber). Nos seguirá yendo mal en las PISA porque están diseñadas para representar esas creencias ratiocéntricas, pero si enseñamos a canalizar las emociones y no a reprimirlas (como se enseña actualmente), si enseñamos a amar al prójimo y no a destruirlo, si enseñamos a respetar al otro, a vivir de igual a igual, tendremos el mejor vividero del mundo, porque ya lo tenemos en potencia… aunque nos siga yendo de la patada en las PISA. Y somos los artistas (me incluyo en la patota) y deportistas (debería incluirme en la patota) los llamados a hacerlo y no podemos volarnos la responsabilidad. El profe de matemáticas no enseña eso, su carrera no sirve para eso, y así está bien. Lo que no está bien es que supongamos que toooodo es matemática.

Y los valores de los que hablo no son los de la godarria. Son los famosos mínimos que quiere imponernos Antanas, sólo que su visión está más del lado de la supervivencia que de la felicidad (sí, él está del otro lado, les recomiendo leer Homo Sacer de Giorgio Agamben para que entiendan qué es ese cuento de que la vida es sagrada, pero ya me puse ñoño otra vez y no quiero estar ñoño). Los mínimos que propongo son la aceptación, primero propia y luego del otro. Así mismo el respeto por todos los seres, el empoderamiento, la identidad, la protesta, la propuesta… cosas que nos sirvan para construir una sociedad, pero no desde el egoísmo como se pretende, sino desde la inclusión y el apoyo mutuo, desde el compartir y servir y no desde el competir y dañar. Ni tampoco hablo de la creatividad tan mal entendida que nos imponen los publicistas y coachs, sino de la capacidad de crear algo nuevo, ya sea en el trabajo o en la casa.

Ya hay algunos experimentos. No sé muy bien cómo, pero sé que hay colegios sin notas, así como escuelas abiertas en los que los niños estudian por voluntad, aunque sé que no son económicos, por lo que la mala educación seguirá siendo para el pobre y lo novedoso y que puede funcionar para el rico. Pero hay esperanza, es lo que importa. Y para los que dependen de que un autor les diga qué tienen qué hacer, simplemente piensen en Freire que le dijo a los brasileros que podemos liberarnos como sociedad. Nos va a seguir yendo como un jopo en las PISA, sí, pero… ¿tan poquito nos aceptamos que nos deprimimos si la niña del lado es más inteligente según una prueba diseñada para que ella pase y nosotros perdamos?

Esto ya está muy largo!

Me di pezuña con el tamaño de este post (las garras son para los que no respetan a otros animales). Que perdonen, que picos por la casa y que ojalá les suene algo de lo que digo. Sé que Gina no leerá esto, y que si los “importantes” lo leen, no le harán caso, y que si me hacen caso, me llamarán terrorista por proponer algo nuevo y distinto a lo que cabe en sus burocráticas, ratiocentristas y machistas cabecitas. Terrorista por proponer que enseñemos a construir un mejor país y a no ser esclavos de lo que nos dicen de afuera, a emancipar nuestra mente como sociedad. Terrorista por creer que acá no va a haber paz si no hay valores, y que los valores que nos proponen hoy en día no sirven. Simplemente, estoy proponiendo que veamos qué tipo de sociedad queremos, y trabajemos por ella. Y que dejemos de vanagloriar eses antros de destrucción emocional y represión cono los mejores colegios: somos mejores que eso.

 

Mi baile de la victoria al terminar de escribir este y cualquier entrada ñoña a este blog

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Revista El Muro

3 están hablando de esto¿quieres decir algo al respecto?

  • Respeto su opinión y también seria bueno que respetara la opinión de los demás, no creo que una educación sea para ricos y otra para pobres. Cada quien mira desde que punto esta y de hay busca su defensa. Antes de escribir, primero pregúntese; si lo que escribe es por que es su propia opinión o es por que de verdad vale la pena compartirlo.

    Leyendo varios de los artículos aquí expuestos, puedo darme cuenta que sobre todos los artículos que escribe el señor Mauricio Moreno, son muy hacia la defensiva y hacia la revolución.

    Es respetable, pero no lo comparto.

    • Igualmente, cada persona tiene derecho a opinar, es la manera que ustedes escriben y es respetable. Pido excusas y bueno, seguiré leyendo lo que a mi me gusta y bueno, ustedes siguen escribiendo lo que a ustedes les parece bien.

      Felicidades y Éxitos Señores!

      • Hola Pablo, gracias por comentar.

        Sin embargo, no digo que haya una educación para ricos y otra para pobres, o bueno, al menos que no debería haberla, sino que los experimentos novedosos son muy costosos para el estudiante

        Este en particular es un espacio de opinión y por eso está en la sección de Blogs, y por eso está abierto a las opiniones de nuestros autores. Muchas gracias por leernos

        Mauricio.

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