Revista El Muro

Por: SORELESTAT SERNA

 

            — ¡Ay Dios! ­—Exclama el viejo quítame este dolor, virgencita linda. Dice mientras lo veo caminar lentamente, arrastrando su caminar por el peso de su pierna hinchada, que intenta mover con la ayuda de un bastón que aprieta con la mano temblorosa para no caerse. Lo miro y digo que su dolor debe ser insoportable para que este pidiendo ayuda a alguien que jamás escucha. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Qué es la fe?

            Fe: Fidelidad en cumplir los compromisos, lealtad, garantía: tengo fe en su palabra. / Confianza en alguien o en algo: testigo digno de fe. / Creencia en los dogmas de una religión: tener fe. Este es el significado del pequeño Larousse. La fe es creer en algo que no existe. Soy ateo, pero algunas veces no puedo evitar mirar al cielo y esperar alguna señal de que hay algo allá arriba. Tengo una idea muy romántica de lo que podría ser ese poder supremo al cual le rogamos y pedimos cuando nuestras vidas son un caos. Es que es difícil sacar de tu cuerpo todo lo que te meten en la niñez. Te bautizan, haces la primera comunión, te confirmas, vas a misa, te confiesas y cuando no ves salida a tus problemas, oras para que la solución que necesitas te caiga del cielo. Richard Dawkins dice que nosotros somos creyentes por culpa de nuestros padres, ellos son los que nos enseñan la religión desde que nacemos sin siquiera preguntarnos que seremos en la vida. Y es así, si mis padres no fueran católicos como sus padres, tal vez ahora yo creería en Krishna.

            Un viejo gordo, con una barba blanca que cae sobre su pecho, está sentado en su trono divirtiéndose del sufrimiento de sus criaturas favoritas, y lo somos, porque tanto nos amó que colgó a su único hijo en un madero por nuestros pecados, cuenta la leyenda. Esta es una imagen recurrente en mis textos y es la forma en que pienso sobre Dios. Si de verdad existe es sordo como una tapia, jamás escucha las suplicas de los creyentes. Algún ingenuo me dirá que sus dones vienen cuando él lo desea y no cuando nosotros queremos. Si tú no lo haces jamás podrás tener lo que anhelas. Si en verdad existe, me pregunto porque hay tanto dolor y maldad en este mundo. Si es real no debería permitir que pasaran tantas cosas como las que suceden día a día. Una persona me dijo que Dios es como un padre, que permite que alguien sufra para que aprenda de su dolor y su padecimiento para llegar al paraíso. Yo podría preguntarle que debe aprender el anciano que lleva padeciendo su enfermedad por más de ochos meses, sin que ninguna droga le ayude o algún médico descubra que es lo que tiene.

            Soy ateo, aunque algunas veces creo que mi ateísmo es como el de los marineros. Dios no existe, porque si fuera así ¿por qué hay tanta mierda en este mundo? Violaciones a niños de cinco años, mujeres desfiguradas por sus amantes locos, jóvenes asesinados por una camiseta, y un largo etcétera. Algún creyente muy radical me dirá que eso es obra del maligno, que es lo opuesto a Dios. Todo lo bueno que nos sucede es obra de Dios y por eso debemos darle gracias. Lo malo como nuestros errores, enfermedades, mala suerte es por nosotros o el diablo. Dicen que Dios ha trazado nuestro destino, como me dijeron alguna vez que asistí a una iglesia cristiana: “Dios ha escrito que tu estarías hoy aquí, hermano”. Así que el maldito ha trazado mi vida de antemano, él debe haber escrito todo lo malo que hecho en mi vida. Le debo haber perdido a mi familia. Qué patraña, ni el mismo Dios se la cree, yo fui el que lastimé a las personas que amé, a mi estupidez se debe que ahora no este con mis princesas. Sin armar tanta discordia como Bertrand Russell, puedo decir que Dios no existe. Somos dueños de nuestras vidas, que lo bueno o lo malo que hagamos con ella sólo depende de nosotros.

            Es increíble, es un acto de fe poner tus creencias en algo intangible. He visto personas cambiar por esta, darle un giro de 180 grados a sus vidas descarriadas en nombre de Dios, su salvador. Pero mientras siga pensando que en nombre de ese Dios todopoderoso, se han creado guerras, se ha asesinado, se han explotado y dominado naciones enteras, no volveré a decir gracias Dios mío. Les cuento un secreto, ese Dios en el que creen es un dios judío, que los romanos dieron a conocer en Europa, ese Dios que los españoles nos obligaron amar. La religión y el idioma son dos cosas con las que puedes dominar un país, es algo que me enseño uno de mis profesores de historia.

            En una de las conversaciones de los llamados jinetes del ateísmo, uno de ellos habla que es difícil decirle a una persona que ha desperdiciado su vida creyendo en una mentira. En una de mis largas tertulias escuche que si la religión desaparece habría suicidios en masa, que las personas necesitan algo en que creer, para poder vivir sus vidas. Yo digo que hay que respetar las creencias de cada individuo, lo que no soporto es cuando quieren que piense igual que ellos. Así que esto solo es una anotación más en mis diarios de ira. Son las divagaciones de un cuenta historias, algo orate por toda la información que le ha metido a su cabeza.

 

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