Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

A los colombianos nos encanta hablar pestes de nosotros mismos. Además, es fácil agredir a una tesis contraria, o adherirse irreflexivamente a otra que resulte amigable. Es por eso que es sencillo amar u odiar el último libro de William Ospina sin que realmente se le haga justicia, porque se puede simplemente sentir indignación por el acuerdo con su tesis, o sentirse ofendido por su tesis. Pero el libro de Ospina es mucho más, es un libro indignado, y mucho, pero esperanzador como pocos.

“Pa’ que se acabe la vaina” es denso y difícil, pero no en cuanto a su escritura ni en su labor didáctica (pues resulta increíblemente claro), sino en la temática misma, pues resume la historia de Colombia mostrando las causas de la división entre élites y ciudadanos de a pie, y cómo esa mezquindad heredada desde tiempos coloniales ha creado una Colombia escindida, que tiene unos de arriba, unas elites que se creen europeas, a los que los de abajo simplemente les valen gorro. Esas elites se dividen entre los godos del partido conservador y los godos del partido liberal, que dominan y controlan a la población pobre que desdeñan mientras huyen al liberalismo, doctrina político-filosófica que pondría en peligro el Statu quo y daría voz a la guacherna.  Esas elites lograron hacer muchas veces que los pobres se maten unos a otros sin participar jamás de esa guerra, sin reconocer a los disidentes como un igual.

Pero los de abajo no son (somos) una masa inerme y jodida, sino que hay fenómenos de resistencia por todo lado: en el arte, la literatura,  la política y la sociedad. No son tantos como deberían y suelen tener destinos bien difíciles, pero esos fenómenos de resistencia muestran la posibilidad de que lo popular, lo indígena y lo africano (y yo incluiría, la herencia europea, que también hay que aceptar en nuestro mestizaje) mantengan su vitalidad aún a pesar de las elites, sus sotanas, sus fusiles y sus corbatas. Por esa separación, se ha hecho imposible construir un proyecto nacional, aunque siempre se le eche la culpa a algún chivo expiatorio que no es más que el resultado de este cáncer social, sin importar si se llama Guadalupe Salcedo, Las FARC, Chispas, Desquite, Sangrenegra o Pablo Escobar.

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No gasta tiempo en los últimos quince años, así que no es un prontuario del presidente actual, su predecesor o el anterior, porque a la larga estamos sumidos en un momento muy especial, donde las cosas han cambiado mucho, la juventud está despertando y estamos sumidos en una situación que no es muy sencillo analizar desde adentro. Se presta, en cambio, especial atención en la figura de Jorge Eliecer Gaitán, quien representaba un faro de esperanza y terminó asesinado (Ospina no se compromete a decir por quién, aunque lo insinúe) y a la de Laureano Gómez, quien a los ojos de Ospina resulta la encarnación del elitismo colombiano. Esta atención no es gratuita: Gaitán, para Ospina, pudo cambiar este país e integrarlo, haciendo posible que por fin tuviésemos un proyecto nacional, el sueño con el que nadie sueña y que deberíamos crear. Gómez, por su parte, trabajó mucho durante su vida para impedir y sofocar cualquier foco de integración y democracia.

El libro tiene algunas debilidades. La primera es no citar ni presentar referencias, obligando a que un lector desprevenido simplemente deba creer en la tesis de Ospina sin poder corroborar, y aunque sea un ensayo literario, al menos una sección de bibliografía habría que poner. Así mismo, hay personajes en cuya interpretación me distancio y también fenómenos que pasan desapercibidos como el Café, que no sólo ha sido nuestra mata de mayor exportación (legal), sino que ha jugado un papel importante en nuestras violencias, junto con la coca. Sin embargo, aunque hay cosas muy debatibles para un académico en el ensayo, es necesario reconocer el juicio y rigor del estudio que ha hecho Ospina para producir este libro: El autor sabe de qué habla. Y leyendo críticas, cabe preguntarse si los detractores también.

Es un excelente libro para leer en época de elecciones, un llamado de atención para saber si seguimos eligiendo los mismos apellidos que han violentado al país durante su historia o buscamos un cambio. No es simplemente un muro de las lamentaciones o una historia ciega que ignora el dolor de las masas. Ospina escribe indignado y mucho, pero quien tenga suficiente conocimiento de historia de Colombia podrá encontrar en este libro una pieza interesante y que escapa de los lugares comunes para narrar una historia de Colombia vista desde el dilema de la división de castas del país. En definitiva es un excelente estudio introductorio a la sociopolítica nacional. Es un libro tan sencillo y poderoso que si nos lo tomamos en serio, leemos su mensaje de manera positiva y dejamos atrás la cacería de brujas para empezar a aceptar responsabilidades (la de los que nos la montan y la nuestra por dejárnosla montar), podría tener la semilla para construir un país… pa’ que se acabe la vaina.

Agradecimientos  a Editorial Planeta por el apoyo para la elaboración de esta reseña.

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