Revista El Muro

 Hasta dónde ceder para lograr lo que soñamos? qué tanto debemos ceder? qué no debemos negociar? en una reflexión muy personal sobre estos puntos y sobre el sentido mismo de la Revista, nuestro director intenta responder a estas preguntas

Por: Mauricio Moreno

No siempre es fácil perseguir los sueños y entregarnos a ellos. Por eso, mi objetivo desde que empecé esta revista ha sido ayudar a quienes nos hagan el honor de leernos mostrando la historia de muchos soñadores, de muchos proyectos que han empezado con o sin impulso, con o sin idea, con o sin dinero… pero que se caracterizan por ser tareas grandes que empezaron con un sueño. Lo que no muchos saben es que la mismísima creación de esta revista ha sido eso, un sueño que poco a poco va creciendo y que ha encontrado tanto un equipo maravilloso, como un público envidiable: aún no creo que a diario cientos de personas nos lean y elijan para informarse, divertirse y, en últimas, para crecer un poquito como personas.

A lo que voy con esto es a que cuando hablamos, hablamos desde la experiencia. No hablamos por hablar, sino que cada uno, ya sea en la revista o en sus proyectos, ha decidido seguir un sueño que por alguna razón se cruzó con el del Muro. David está dedicado al crecimiento personal y al sistema Isha de lleno y quiere cambiar la vida de tantos como pueda, Cristina por su parte es coach angelical y quiere guiar, Checho es humorista y escribe para ponernos a pensar y reír, mientras que Alvaro comparte sus opiniones para impulsar su carrera como escritor. Yo he hecho de todo, desde vender ropa hasta coordinar proyectos sociales, pero mi trabajo actual, que realmente me ha llenado más que nada y por demás es en gran medida el sostén de la revista, es la sanación por medio del Reiki y el Tarot. Y eso son sólo algunos de los miembros de nuestro equipo, pero pareciera que el requisito para unirse al equipo es haberse entregado a un sueño. Porque todos hemos aprendido que no hay nada más importante en la vida (laboral) que hacer eso que se ama, eso en lo que se cree. Todos, consciente o inconscientemente, estamos de acuerdo con lo que dice el humorista Jim Carrey:

Pero para entregarse a un sueño hay que renunciar a cosas. Desapegarse es difícil. Por ejemplo, da miedo dejar de recibir un salario fijo o perder una estabilidad que se termina cuando llega un nuevo jefe o se renueva el personal de la empresa en la que se trabaja. Pero, nuevamente habla la experiencia, es increíblemente gratificante. Sin embargo, no siempre los sueños salen como los esperábamos (por eso es importante no tener muchas expectativas, sino objetivos más o menos vagos), y por eso en ocasiones hay que ceder terreno para poderlos mantener.

Y que lo diga cualquiera que se haya arriesgado: ¿trasnocharse?, ¿trabajar un domingo?, ¿ganar poquito? No es nada si uno se arriesga y está haciendo lo que quiere. Pero no siempre basta: llega el recibo, el impuesto, el colegio de los niños, la comida del gato… y no sólo en lo económico, sino que seguir el sueño puede empezar a costar en más ámbitos, como en lo familiar, los amigos o en la pareja. Pero hablaré de lo económico. A veces mantener nuestros sueños implica tener que buscar otras opciones para conseguir financiación que les permita vivir. Pero ¿cuál es el límite?, ¿hasta dónde debemos llegar para mantener el sueño?

Obviamente, no considero siquiera plausible hacer algo ilegal o que dañe a otras personas. Si nuestro sueño implica dañar al prójimo, tal vez no estamos mirando bien dentro de nosotros, sino más bien en el odio que nos dijeron que hay que tenerle al prójimo porque sí. A lo que me refiero es a que para seguir tus sueños no sólo hay que sacrificar lo que no nos sirve, sino que hay que cambiar radicalmente de vida, a veces teniendo que buscar otros trabajos o apoyos que no nos gustan del todo por el simple hecho de no ser aquello que nos llena. Eso significa hacer doble trabajo, correr, trasnochar… todo porque necesitamos dinero.

 

centnecesario

¿Hasta dónde estás dispuest@ a ceder sin perder tu centro?

Pero por ese dinero no deberíamos hacer nada que nos parezca incómodo: por ejemplo, no debemos violar nuestros principios, en mi caso, el de no hacer daño conscientemente a ningún ser o el de servir siempre que pueda al prójimo y a mí (son las únicas dos leyes por las que me rijo). Y no considero si quiera plausible hacer algo que esté contra esos principios. Creo que la flexibilidad no llega hasta allá. Para lograr lo que queremos podemos estar incómodos, pero sin llegar a atentar contra nuestra propia naturaleza, contra lo que somos.

Y ese es el punto que quería mostrar: por la ilusión de la estabilidad y el dinero  corremos un gran riesgo: olvidar por qué hacemos lo que hacemos. El límite que no debemos propasar es aplazar y dilatar nuestros sueños en nombre de lo que hacemos por el dinero para mantenerlos. Ambas cosas deben estar en consonancia. Nunca pierdas de vista el objetivo, eso que te da felicidad y por lo que haces lo que te gusta hacer. Hay que hacer lo que sea necesario.

No dije que fuera fácil, pero la diferencia es que vas a disfrutar el camino cuando es el que realmente quieres andar, no el que te impone la vida de los que conciben el tiempo como eso que sucede entre factura y factura.

¿hasta dónde estás dispuesto o dispuesta a ceder sin perder tu centro? por tu felicidad, lo que sea necesario… pero sin perder tu centro

 

Fotografías:  Mauricio Moreno

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario