Revista El Muro

Una dura reflexión sobre Colombia, amor patrio, blanqueamiento de sangre, rock, fútbol y Sopa de Caracol.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Tengo un sancocho en la cabeza el día de hoy. Creo que entre eso y la cerveza que me tomé son lo que me lleva a escribir esto. Lo primero, la lista de bandas invitadas a Rock al parque. Lo segundo, la polémica de los malparidos y el periodista argentino. La tercera, descubrí lo que significan esas letras raras que suenan a otro idioma de la canción “Sopa de Caracol”. No, no es que sea una sopa muy buena.

Voy por partes.

No necesito presentar la polémica que se desató por el periodista argentino que dijo que los de la Selección Colombia son unos malparidos. Y Salió todo el mundo a arrear madres por Facebook contra el señor. No importa que tenga otro significado lo que él quería decir… estuvo mal. Pero creo que la única crítica interesante era la de una chica feminista que dijo que mostró cómo lo “mal paridos” refiere a la madre de los jugadores, no a los jugadores mismos que son víctimas de una mala mujer que no los supo parir. De resto, la mayoría de la indignación que  vi es basura verde pegada con mocos peludos.

Pero es que esos mismos indignados son los que unos días antes le arreaban la madre al pobre James y le decían que no merecía esos millones de euros que se gana. Que los jugadores cafeteros eran unos mediocres babosos, que “nos” iban a eliminar… esos once pelados que sea como sea salen a sudar la camiseta en la cancha son juzgados por 40 millones de personas que están jugando el partido en su mente mientras toman cerveza y  le gritan al técnico qué es lo que debe hacer. Y hasta ahí llegó el patriotismo. Y aunque quiero que el equipo de mi país gane, no tengo mucha fe ante Argentina: los muchachos de Colombia no están haciendo muchos goles, y los australes son subcampeones del mundo. Ojalá les vaya bien y ganen. Lo que sé es que seguiré amando a este país cuando acabe mientras me refugio con mi novia y mis gatos de la batalla campal que se armará en la calle si la Selección pierde. O gana.

Y es que el patriotismo nos llega hasta donde se acaba el partido en que pierde la selección. Ese mismo patriotismo ausente cuando decimos que “rock al parque es una mierda” o que “me tienen que devolver lo de la boleta de Estereo picnic” porque está lleno de bandas nacionales. Y obviamente no todo es bueno y el país también tiene sus palos, pero hay agrupaciones excelentes que luchan por una placita en uno de estos festivales, para que los escuchen así sea tres gatos, dos de los cuales son de prensa y están junto a otro que está esperando que empiece lo que “vino a escuchar”. Que ojalá tenga un nombre impronunciable en alemán o finlandés. Esos mismos que ni conciben que los sonidos puedan fusionarse y  sonar distinto porque conocen muy bien la fórmula para hacer rock, un género tremendamente definido (estoy siendo sarcástico). Al menos a mí, de Rock al parque me sacan con abogado, va a estar brutal.

Esa misma gente que cree que por ser nacional, una banda no debe cobrar por la entada a un toque y tocar antes de que transmilenio deje de pasar.  En el fondo,  yo también creo que Rock al parque debería cobrar la entrada, así fuera una chichigua, para que la gente deje de creer que es que no cuesta, y peor, que a los músicos no deben pagarles.  Claro que se notan ciertas tendencias a repetir ciertas bandas y a desplazar a otras (o eso sospecha uno como público), pero ha habido carteles muy buenos… tanto de nacionales como de extranjeros…  y creo que  si las bandas se repiten es porque a los metaleros promedio se les cae el pelo si escuchan algo que no suene a death, black, grind, fist, milf, bukakke o esas vainas que les gustan a ellos, particularmente si suena a que fue hecho después de 1987 (ayer le decía a un amiguis metalero que es el José Galad de la música, pero básicamente eso le aplica a casi cualquier metalero). Y resulta humillante ver cómo una banda tiene que tocar ante un montón de gente que no quiere verlos, que se niega a escuchar lo que pueden tener para decir… que simplemente quieren escuchar a alguien más, cuando Rock al Parque es una oportunidad maravillosa para sumergirse en un festival de diversidad y música impresionante. Pero no, como que los piojos les gritan muy duro “dude, colombian music sucks” y no pueden escuchar algo medianamente diferente. No estoy diciendo que lo de afuera sea malo, sino que lo de acá no lo es.

Pero me desvié. Creo que esos que madrean a James y a los organizadores de Rock al Parque son los mismos que se burlan de los “indiecitos” de Venezuela por su grave situación social o de los peruanos y bolivianos por su orgullosa raza indígena. Esos mismos que dicen que este es un país de mierda mientras se ofenden cuando alguien afuera dice lo mismo. Esos mismos que quieren ser blancos, europeos… o en el caso del metalero, que quiere ser guerrero nórdico, vikingo o eunuco de corte francesa  Lo que sea, mientras no sea parte de esta mezcolanza que se cuela en nuestro arte y lo hace fantástico haciendo que el grinddeathtrashposthardcoreneobukake metal tenga su percusioncita cumbiera al fondo. Los que se comieron el cuento colonial de que somos un país de mierda, y lo pregonan a los cuatro vientos. Mentiras cuya parte más grave es que tantos se las crean. Esos que odian a los que ponen su ascendencia indígena por encima porque temen aceptarla… mentiras que nos hacen decir que este es un país de mierda o que somos gente de mierda cuando es falso, somos gente que se creyó un cuento bien pendejo donde salíamos mal librados, eso es todo. Pero todo bien, si quieren darse látigo y humillarse por sus problemas de autoestima, allá ustedes, a mí no me metan a ese paseo.

Eso se llama blanqueamiento de sangre. Pasó en la colonia, pasa ahora, pasó con “Sopa de caracol”. Porque claramente es más sencillo que diga “What a very good soup” a que diga “guata Neri consu”, porque la primera frase es de un idioma del primer mundo hablado por blancos, mientras que la otra está compuesta por frases en lengua Garífuna, dialecto afro de Honduras. Porque es mejor bailar a un gringo que habla terrible a bailar a un latino. Así mismito blanqueamos la sangre y rechazamos lo de acá mientras desacreditamos a quien nos lo muestra. Porque a la larga, es el mismo problema de racismo contra nuestra propia raza en el que fundamentamos nuestra educación básica, media y superior.-

Pero fresco y fresca que no, no es culpa suya, es una vaina que viene desde la fundación misma de este país, centrada en un grupo de niños bien que querían que lo de los impuestos fuera para ellos y no para los españoles. Niños bien descendientes de los que esclavizaban y masacraban cualquier piel que no resultara desteñida. Niños bien que son biscabuelos de los que hoy gobiernan, y por los que usted sigue botando, perdón, votando tontamente creyendo que con el de amarillo, el de verde, el de rojo o el de azul viene el cambio, cuando todos son primos. Niños bien que despreciaban a la guacherna mestiza, negra o india de la que usted y yo somos parte. Porque es mejor una lechona o un caribonito de presidente que tomarse el esfuerzo de entender qué es lo que dicen… eso sí, mientras sea blanco. O sí, si es culpa suya por seguirse dejando meter los dedos a la boca y creyendo que una banda es mejor porque no puede pronunciarle el nombre, o que la gaminada de un argentino es trascendente sólo porque la selección va ganando, o que un político nos va a traer la paz porque propone matar a los campesinos que él mismo desplazó y terminaron trabajando para otro blanco que les dijo que su idea política es el camino (y nótese que no dije que fuera un presidente o senador, la guerrilla es la misma perra con diferente cuerda).

Ustedes no se imaginan lo fácil que es creer en lo de acá o poner adelante lo nacional. Simplemente es valorar lo que se tiene.

Carajo, quiero otra cerveza.  Nacional, por favor.

Las opiniones aquí expresadas comprometen a la revista sino sólo a su autor.

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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