Revista El Muro

Mauricio Moreno vuelve a reflexionar sobre la tauromaquia, el origen del placer en esta práctica y el tipo de sociedad que vale la pena construir

Hace un tiempo escribí un texto donde me burlaba de los amantes de la tauromaquia jugando con el lenguaje para decir que tienen su poder personal chiquito, y haciendo referencia velada a su pene. No es que sea (tan) importante, sino que para ellos sí es muy valioso. Pero decidí pronunciarme una vez más al respecto ante las atrocidades que están pasando en estos días e intentar ser serio. Eso para mí es muy jodido, pero al agua patos.

Nuestro modelo de pensamiento grecorromano que exige argumentación para todo, queda en jaque con esto de la tauromaquia. Creo que era Heidegger (tampoco es que me importe quién lo dijo, no me interesa posar de intelectual) el que decía que una hecatombe es cuando ambas partes tienen “la razón”. Y es que la razón la tiene cualquiera, uno puede argumentar casi cualquier cosa tanto desde los argumentos correctamente formados como desde la construcción contraria a la lógica y basada en argumentos que tanto en lo formal como en lo material tienen fallas y chuequeras (es decir, razonamientos falaces, y por favor aprendan a usar la palabra, cumpitas periodistas) o que parten de premisas falsas. Tener la razón es ser rápido de mente y hábil de palabra. La verdad está en un segundo plano.

Por eso es que se encuentra a gente muy pila que es amiga del asesinato de animales con fines recreativos. Antonio Caballero, por ejemplo, no es un bruto. Puede que no me guste lo que piensa, puede que sus posturas en muchas posiciones me aburran por su mamertocomunismo que en muchas ocasiones se pasa de fastidioso, pero realmente es un tipo muy inteligente. Y pensar distinto no lo hace bruto  (hasta uribistas inteligentes hay). Intelectuales en contra de los toros (es decir, en favor de la tauromaquia)  hay muchos como para creer que la tauromaquia es para brutos e incultos. La discusión no se resuelve con argumentos, esto sí es una hecatombe. Pero igual, por deporte me sumaré a este pogo de-mente un poquito intentando responder a la discusión.

¿Qué opinaría Darwin de esta matanza? Imagen: Esfreudidiota.blogspot.com

¿Qué opinaría Darwin de esta matanza?
Imagen: Esfreudidiota.blogspot.com

Se dice que la tauromaquia es cultura, y se puede extrapolar a que nuestras mañas judeocristianas y grecorromanas de creernos mejores que los animales y maltratarlos (porque Dios los puso a nuestro servicio o porque ellos no son racionales) son aceptables. Ese argumento está suficientemente rebatido: no es “nuestra” cultura, sino heredada de España y por ende de una élite blanca y rica de sangre española empuercada y un montón de trepadores que quieren ser como ellos. Otro argumento dice que es una forma de mostrar el triunfo del hombre sobre la bestia, la humanidad contra la naturaleza… es decir, es una forma de ese machismo estúpido en el que se necesita mostrar poder sobre los demás, que por demás anda reinante en nuestro país: no hay mayor diferencia entre un asesino de animales, un violador de niños o un maltratador de mujeres siguiendo ese argumento, pues todos demuestran su poder sobre quienes consideran inferiores. Y su argumento principal es que es una cultura  de siglos… Sigan con ese argumento y busco una religión loca de esas que sacrificaban gente.  Es la misma perra con otra guasca, el mismo argumento pervertido en favor del maltrato pero cambiando de especie.

Los novilleros apelan a su derecho al trabajo. Y es un argumento bobísimo. Supongamos que yo quiero trabajar como dictador indiscutido de este país. La constitución me está negando el derecho de plano, así que voy a hacer un plantón en la plaza de toros con huelga de hambre de la cual no saldré sino para almorzar y subir fotos con fantasmas a Facebook. Y entonces, llega cualquier persona con dos dedos de frente y me dice “¿por qué no consigue un trabajo de verdad y deja la pendejada?” Y tiene razón: a los toreros no se les niega el derecho al trabajo, sino a trabajar como toreros que es distinto. Negarles el derecho al trabajo sería impedir que trabajen en, no sé, una panadería o que estudien algo para salir adelante. ESO es negar el derecho al trabajo, impedir sistemáticamente que puedan desempeñarse en cualquier función. De resto, se están portando igualito a mí con mi sueño de ser Amadísimo y Único, Respetado, Indiscutidísimo, Benevolente Estadista de la nación (Busquen el mensaje subliminal y ríanse).

Para defender la tauromaquia, se dice también que el toro de lidia se extinguiría si no se sigue criando. Es decir, que es un ser como la mula o el ligre, no tanto por su incapacidad para preproducirse, sino por ser productos de la evolución, dirigida o natural. Sin embargo, el argumento del taurino radica en su incapacidad para adaptarse y sobrevivir como le pasa al ligre.  Es decir, sin el hombre, el toro de lidia se extingue. Lo cual implica que es una abominación contraria a la naturaleza. Y llámenlo Darwin, Dios, el Universo, Jebús o Pikachú, pero un ser con esas características no tiene por qué sobrevivir. Sin la intervención humana moriría, tal como los dinosaurios. Es la vida, es la naturaleza, y nada le podemos hacer… salvo tal vez evitándoles el dolor al no hacerlos existir y mucho menos matarlos en las plazas. No es que yo crea eso, sino que es una forma de responder a un argumento aparentemente consistente y pensado para apelar a nuestras emociones y voluntad de cuidar la vida. Y ojalá los toritos sean libres y sobrevivan, pero si se extinguen, ni modo, pero que lo hagan en libertad.

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Imagen: Xtian. Él nos la presta, pero pásense por su Facebook

A estas posiciones se suman voces como las del expresidente  Furibe, que nos acusó a los que creemos que el asesinato y tortura de animales de ser cercanos al terrorismo; y argumento como los de Andrés Calamaro, el cantante argentino, que aseguró que quienes defienden a los animales los prefieren a los humanos (en muchos casos es cierto) y por eso eran amigos de la tortura y asesinato de humanos, como en la dictadura de su país (que es estúpido). A estos dos señores simplemente les digo: uno de ustedes publicó las fotos de su ex en pelotas porque le terminó y el otro… es Uribe, y ninguno de los dos siente remordimiento. Así que es bien difícil aceptar posturas moralistas de parte de ustedes, pero más allá de eso (porque eso no es respuesta sino un argumento como el de ustedes), lo que se busca con el animalismo es la paz e igualdad entre especies, no la extinción de la humana a pesar de ser el origen del problema y el desequilibrio, es un cambio de chip hacia la paz antes que una búsqueda ridícula de acabar con la gente. Si ustedes no pueden entender algo tan básico… o más bien, lo entienden pero amañan la discusión para hacer parecer que la posición del otro es una caricatura, quitándole méritos y haciendo sencillo que se tenga la razón (y eso, cumpitas, si es una falacia, una de las doscientas y pico informales que se aceptan).

Ya espero haber dado gusto a quienes necesitan argumentos para todo. Ahora sí, hablaré como me gusta: como humano, no como robot. Hay buenos argumentos para ambas posiciones y en ese sentido, la discusión no se zanja así y sé que algún argumento en contra de lo que digo saldrá y no perderé el tiempo respondiendo, simplemente dejo acá mis argumentos para que a quien sirvan los use (pero citándome, ¿no?). Lo  que quiero hacer ahora es explicar cómo es la empatía lo que nos distingue a animalistas de taurinos y simplemente preguntar qué tipo de individuo queremos para nuestra sociedad.

Yo creo que una corrida de toros es  un espectáculo donde se muestra cómo se tortura a un animal por el placer de hacerlo. Cuando un guerrillero o un paramilitar mata con crueldad, lo hace por sus ideales bobos de tener plata, digo, de la causa y la patria. En cambio, un taurino asesina por la diversión de hacerlo. Ninguno de los dos siente empatía alguna, conexión alguna con el ser al que mata, y aunque hay que aceptar que es más difícil sentirla por un toro que por otro ser humano, es más enfermo hacerlo por placer, como cualquier psicópata del montón. Y esto no sólo aplica a quienes maltratan toros, sino a quienes promueven el maltrato a cualquier especie, sean gallos, toros, gatos, perros o caballos. Seguramente la mamá no los alzó cuando bebés o el papá les pegaba, no es mi problema, lo que importa es que deberían pasarse por el psiquiatra que les saque el trauma o el yerbatero que les saque el mal ayuyu, pero son un peligro para la sociedad en la que vivimos todos y deben controlarse, pues un ser sin mecanismos empáticos básicos es capaz de hacer cualquier cosa sin ningún remordimiento, como matar gente o ser  el procurador ordóñese.

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Hay que juzgar a todas las especies con el mismo rasero. Imagen: Esfreuditiota.blogspot.comcom

La gente ama ver toros porque se siente incompleta en su poder masculino, como dije hace tiempo, y porque no es capaz de sentir empatía, porque secretamente siente desprecio por la naturaleza, por la creación entera de Dios  o el trabajo de la evolución (o Godzilla, acá se respeta todo), porque es incapaz de maravillarse con el mundo en que vivimos y lo destruye sin pensar que a futuro ese mundo va a estar tan dañado que la supervivencia de su propia especie va a ser imposible. Y pregunto yo qué necesita una sociedad: ¿personas egoístas y sin capacidad de sentir empatía, o seres colaboradores que construyen entre todos? ¿Seres egoístas que no respetan la vida de nada o nadie o personas que buscan el bienestar del otro en comunión?  ¿Seres que piensan a futuro en la supervivencia de la especie en armonía con las demás, o quienes creen que ese futuro no importa frente al goce presente? Yo ya elegí y sé el tipo de persona que quiero ser por mí y por el ambiente del que soy parte. Es una elección personal con fuertes repercusiones a nivel político y cultural, desde la construcción de subjetividades hasta la de la sociedad.

Recuerdo a una señora que tenía un par de perritos amarrados con una cabulla, no por maltrato sino porque no tiene dinero para una correa. Estaba mendigando para conseguir comida para ella y sus animales mientras caminaba casi a media noche por la carrera séptima hacia al centro. Hablé con ella un poco y me contó que tiene varios animales y que vive con ellos en la calle, que son sus amigos, y que comparte lo que gana mendigando con ellos (a veces se para en el Carulla de la 63) y los cuida de la gente que los daña. El discurso animalista nace de corazones nobles como este, y en ocasiones, para sentirse bien, se reviste de argumentos, algo a mi juicio innecesario, pero que tampoco es perjudicial. Yo prefiero ser un buenapapa confeso, capaz de sentir amor por el otro, que un de-mente incapaz de sentir emoción alguna, pero con buenos argumentos… ese segundo es cualquiera, el primero no.

El animalismo es conexión con otros seres, empatía, superar el egoísmo de especie. Si muchos de los argumentos son pendejos (porque en muchos casos lo son y apelan a la emocionalidad y no pasan el rasero de la racionalidad pura y dura desconectada de la humanidad) es porque no nacen de la fría razón que a la larga nos dice que para aumentar nuestro bienestar y placer podemos matar toros y asustar gatos en tanto son otra especie y francamente no tiene por qué importarnos. Son argumentos que nacen respondiendo a una condición del ser más cercana a Dios (o Pikachú, acá se respeta casi todo) y su creación que a la destrucción –por demás irracional- de la vida que nos rodea.

Nuevamente,

Pero ojo, los animalistas si tienen muy buenos argumentos… Por ahora, nos vemos en la marcha.

 

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una opinión¿quieres decir algo al respecto?

  • Me encanta los q usan el argumento de q hace parte de nuestra cultura y tradicion. Si seguimos esa logica ni vayan a visitar Roma q alla hacia parte de la cultura y tradicion alimentar leones con cristianos. Si viene de España la tauromaquia, como justificamos el q aca lo sigamos haciendo si hasta en Madrid (no cundinamarca) estan prohibidas las corridas? si quieren clavar mas bien clavense lo q la naturaleza les dio.

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