Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

No puedo evitar empezar esta reseña con una nota personal. Conozco hace años a Eduardo Otálora Marulanda, autor de Madolia, y puedo decir sin miedo que es una persona fantástica. Y no sólo fantástica por buena gente, sino por la serie de cosas a la vez raras e interesantes que pasan por su cabeza y brotan en cada conversación con él: hace de cada charla una fantasía. Desertor de la filosofía, dedica hoy en día su tiempo a escribir literatura acorde con su cabeza fantástica. Y así nace Madolia, una novela enmarcada en lo más tradicional del realismo mágico, siguiendo la forma de escribir y los extraños giros que da El Gabo en sus historias, narrados de manera tan maravillosa que parecen ser el pan de cada día en el burdel de puerto maloliente en donde transcurre la mayor parte de la historia.

Madolia es una novela blanca, pero no blanco virginal, sino blanco de burdel, del blanco del semen o de la leche de una mujer lactante. Habla de política, sexo, religión, prostitutas y leche. Puede leerse inocentemente como un relato sencillo sobre la decadencia, renacer y nueva decadencia de un puerto y un país, o como un texto lleno de analogías políticas y sociales que no requieren demasiado agotamiento mental para ser entendidas, pues resultan paradójicamente claras a cualquier lector. Es un libro inquietante, poderoso y atrapador.

madolia

La historia de Madolia es sencilla: la hija de una prostituta que muere en el parto es adoptada por otra, una anciana cuyos senos producen leche suficiente para alimentar a la niña, al burdel y luego al país entero. Narrada desde los ojos de la Madame del burdel, cuenta cómo esa leche sagrada llena de vida a un país empobrecido y con elites que poco se preocupan por el bienestar del pueblo. Leche que desborda al país hasta que vuelve la muerte y se lleva la láctea bonanza. Y luego, todo es oscuro de nuevo.

Esta corta novela ganó el premio de novela breve  Juan March Cencillo en 2012, un reconocimiento merecido a esta historia que puede entenderse en muchos niveles como una lección, pero la parte interesante de esa lección es que a cada quién le llega la lección que quiera, pues puede ser sobre la importancia de evitar la economía extractiva, la comprensión sobre los ciclos eternos de muerte y vida, la importancia de sospechar de los actuares gubernamentales o las precauciones mínimas al entrar a un burdel. Otálora parece tan poco interesado en dejar una moraleja, que termina por dejar muchísimas lecciones muy ricas, presentes allí de manera todo menos inocente. Este es un libro que vale la pena leer por su calidad literaria, sus metáforas y su historia. Es sencillamente perturbador, seductor y adictivo.

Se puede comprar en la librería del FCE, en Amazon, en otras librerías por internet y en la página de PRE- TEXTOS.

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